#Julio&Agosto en Roseti: la vida en forma de canciones

Blas Martin

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

Julio y Agosto completó su doble fecha de acústicos en Roseti, cerrando un año cargado de conciertos y demostrando en un recital íntimo que su sonido combina de manera sutil grandes músicos y un estilo único en la escena del under metropolitano.

Julio & Agosto tiene una impronta de grupo de amigos pasándola bien que contagia a sus discos, sus shows y su público. La atmósfera de Roseti lo hizo más íntimo aún: la pequeña sala, sin escenario, sólo se iluminaba por unos pocos veladores. La víspera arrastraba los pies luego de un fin de semana sofocante en la ciudad. Los más tempraneros se fueron acomodando en los sillones y almohadones que rodeaban el set acústico que anticipaba lo que se iba a escuchar: dos guitarras criollas, contrabajo, trombón y cajón. Los dos violines descansaban a un costado, donde la banda esperaba la llegada de Santiago Adano, quien con guitarra al hombro tuvo que esquivar al público con virtudes de equilibrista para unirse a los demás. Pasadas las 21, cuando los primeros vientos frescos despertaban alivio en la ciudad, Julio & Agosto estaba listo para cerrar su doble fecha de acústicos en el barrio de Chacarita.

El clima intimista era ideal para la apuesta acústica de J&A: sin micrófonos ni cables, comenzaron a sonar las primeras notas de El ritmo de las cosas, del disco homónimo de 2013, el segundo de sus cuatro producciones de estudio, para que comiencen a moverse cabezas y dibujarse sonrisas en las casi 100 personas que se acercaron a Roseti. Le siguieron otras tres canciones de ese mismo disco: Zombis, continuando el clima de comienzo de fiesta; Eran dos, irrumpiendo suavemente con la voz de Santi apoyada en la contundencia del contrabajo de Marcelo Canevari; y Acá nomás (“con tantas ataduras no podés volar / con las manos llenas no hay por qué arriesgar”) con su paradoja de las distancias floreada por un constante juego de capas de cuerdas y voces. No hay quien no aporte su voz a J&A, no sólo por la dupla principal Miguel Canevari – Santiago Adano, sino por los arreglos corales a los que aportan todos los músicos, y lo que es sin duda un sello característico del grupo. Podemos pensar la banda como una rara mesa de siete patas, diseñada de una manera en que no podría mantenerse firme sin alguna de ellas. Así fue que extrañaron mucho a Adano cuando un accidente lo mantuvo alejado por un tiempo del raid de fechas de este 2017.

Correr para atrás cerró el quinteto de canciones de su segundo disco, que fue tocado casi íntegro a lo largo de la noche, lo que no fue casual: el recorrido por casi toda su discografía sería uno de los motivos del show. “Fue una linda experiencia para la banda sacar un montón de temas viejos, de viejas épocas, cuando no éramos monotributistas”, disparó Leandro Aspis, encargado del trombón, en una de los tantos diálogos con el público presente, siempre con el humor a mano, como en sus canciones. Siguieron con Estación, uno de los temas de su también visitado primer álbum Julio y Agosto (2011), señalándola como “la canción que más nos gusta… y más nos cuesta”. La primera parte del show cerraría su muestrario del eclecticismo de J&A con Juan López Peña pasando de cajón a bombo legüero para que suene la vidala escondida que cierra su primer álbum, y minutos después irse con la adaptación al porteño de Always look on the bright side of life, el irónico tema de los Monty Python.

Fotografía: Rancho Frenesí – Julio & Agosto en Roseti (2016)

La segunda parte del show siguió recorriendo el largo repertorio de J&A, aunque fue protagonizada por las canciones de su último disco, La niebla y la autopista (2016), donde la banda volvió a demostrar que están cada día más grandes, como ese nudo en la panza que cantaba Migue cuando promediaba la noche. Con medio show encima, el grupo se fue desatando aún más en el escenario. Luciana Cúneo y Manuel Katz, la dupla violinista, cedió su lugar por un momento para incluir al único invitado de la noche, Guido Gromadzyn, ex miembro del grupo, que también con arco en mano acompañó durante El baile a una formación reducida, con las guitarras de Santi y Migue, y el contrabajo de Marcelo Canevari.

El testimonio de la precarización laboral se cuela de nuevo cuando se repite como mantra inesperado “auméntenme el sueldo” de La niebla y la autopista. Hubo tiempo para la emotividad de Amigo, una de las joyas del último disco, para terminar en un in crescendo con Carmen, Situnoyo y Del viso, y cerrar como ya es costumbre, en el medio de la sala, en ronda, y que no queden dudas de que también hay algo de fogón en Julio & Agosto, algo de ronda de amigos charlando de la vida en forma de canciones, contando chistes e intercambiando miradas y sonrisas. La frutilla del postre fue otro cover: Wadu Wadu de Virus, con el público ya de pie bailando y agitando cabezas, y agradeciendo con una gran ovación ese puñado de canciones que devolvieron el aire y la brisa fresca a la ciudad.

 

Fotografía de portada: Fernando De La Orden

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