Josefina Gorostiza: «Quizás haya un modo de pensar la danza más allá de los cuerpos»

Andrea Beltramo

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

Durante los próximos días se llevará a cabo la 1° edición de Buenos Aires Empírico, Festival de Lenguajes Teatrales, en Espacio Sísmico.

Creado por Juan Isola y Catalina Villegas junto al Espacio Sísmico, el festival agrupa ocho obras argentinas con lenguajes teatrales múltiples. Seis de ellas ya se han presentado con éxito de público y excelentes críticas de prensa, y dos son estrenos. Entre las obras programadas se encuentra Coreomanía, no puedo parar, una producción de danza-teatro que propone una mirada femenina sobre los cuerpos. Corriendo la voz conversó con su directora, Josefina Gorostiza, sobre su participación en el festival, sus procesos de creación y las condiciones en las que se programan espectáculos de danza en la ciudad.

-¿Qué te convoca de este festival?

Josefina: Mirá, lo que en realidad más me convoca es que el Festival Empírico está hecho a pulmón, recorre distintos territorios de las artes escénicas de acá, y yo sé lo que cuesta hacer un festival y lo están haciendo con mucha garra. Por eso me parece que está bueno participar de ese tipo de festivales. Nosotros venimos haciendo funciones en distintos lugares y pasan dos cosas siempre que me proponen algo, por un lado, obviamente lo hablo con los chicos a ver si pueden, si todos están de acuerdo, te decía, hacer la obra en diferentes lugares para que haya diferentes públicos, para que la obra pueda moverse. Por otro, además, como es una obra que básicamente tiene como territorio central al cuerpo, el espacio se puede adaptar y a mí me interesa eso. Estuvimos en el FIBA, en el Festival de Danza y me parece que también está bueno estar en el Empírico, apoyar también esos espacios, al Espacio Sísmico en sí mismo y lo que se produce desde ahí. De una manera en la que nosotros creemos que hay que producir, y confiamos en los colegas, en los modos de producción. Que no son tan sencillos. Entonces, también tiene que ver un poco con eso. Me parece que es un festival que lo están re-armando, que le están poniendo mucha energía y está bueno lo que están haciendo desde la organización.

-Te interesa abrir un nuevo público con el festival, ¿qué expectativas tenés respecto a esto?

J: Me parece que va a ser un público más conocido que en otros lugares. Venimos de hacer las funciones en el FIBA, no creo que sea muy diferente, es un tipo de público que va al teatro de la Ciudad de Buenos Aires, que conoce el Sísmico.

-¿Te llamó la atención o te interesó especialmente la amplia presencia de mujeres directoras en la programación del festival?

J: Y… es difícil ser directora en la danza, históricamente, si en una audición hay quince pibas y dos pibes para la compañía de no sé qué, los dos pibes entran seguro. Es imposible que no me afecte, igual me afecta particularmente y milito la presencia de las mujeres en los espacios, pero creo que sería imposible de otra forma, haciendo lo que hago. Soy mujer en 2019 y trabajo de manera independiente haciendo mis proyectos hace años y entiendo, creo y me da mucha potencia la sensación de que ahora se está moviendo todo. Estamos todos repensando un montón de cosas, todes. Desde la modificación de la lengua, de la palabra hasta los territorios a conquistar. Saber que tiene que haber espacios, empezar a haber un control de cuántas mujeres directoras hay en un festival, cuántas músicas hay. Pero porque durante años no hubo, ni juradas mujeres, no hubo presencia de mujeres como directoras en los festivales, entonces tiene que empezar a haber una observación ahí, eso se tiene que modificar, la Ley de Cupo Femenino en la música, la Ley de Paridad Teatral, pero no sólo de mujeres cis. Y me parece que es el momento en que eso está pasando, más adelante no sé qué pasará, pero en este momento hay que hacerlo, hay que militarlo. Y creo que un modo de militarlo es haciendo esta práctica de observación durante años y sostenerla.

-Y desde todos los gremios… ejercer eso que llamamos sororidad que a veces parece una categoría un poco ñoña pero es un gesto político muy movilizador…

J: ¡Sí!, y también nosotras que sabemos que antes hubo muchísimas mujeres poniendo el cuerpo para que se modificaran ciertas cosas que parecían que no se iban a modificar nunca, que estaban rígidas e inamovibles. Eso también, desde lo que cada una pueda, porque tampoco es cosa de estar todas en el mismo lugar de militancia. Hay que encontrar el modo propio. Yo soy muy militante de la singularidad de las personas, que desde la particularidad se arma un equipo, no se puede igualar, somos singulares y es desde nuestras singularidades donde podemos armar redes. Ese es el gran valor del feminismo.

-Volviendo a tu disciplina, la danza, las artes del movimiento, siempre está en minoría en relación al teatro… cuando hablamos del circuito oficial, por ejemplo. En este sentido el festival es una oportunidad también.

J: La danza… es complejo el trabajo de la danza acá. Porque no tiene mucho público todavía y no tiene tanto espacio. Hay teatros oficiales donde no se programa danza, nada, el caso del Cervantes es uno, por ejemplo. No programa danza, no convoca a coreógrafas ni coreógrafos que monten obras, no hay danza ahí. En el Teatro San Martín hay danza sólo en el caso del Ballet Contemporáneo, sino tampoco hay danza. No tienen. En la programación del Centro Cultural San Martín ves muy poca programación de danza. Es difícil, hay mucha gente produciendo desde las artes del movimiento, hay un montón, pero no hay tanta apertura para una programación un poquito más fuerte y más grande, con más producción…

-… Claro, y es una encrucijada porque programar también va formando… no me gusta la idea de ir formando al público pero sí que sería una buena estrategia para generar una suerte de cotidianeidad en relación al lenguaje, para que también la gente se pueda acercar y no siempre sea absolutamente nueva la propuesta…

J: … yo creo que es un ida y vuelta. Por un lado, las preguntas de cada director con su modo de pensar el lenguaje, en este caso, de las artes del movimiento, si convoca o no convoca y a qué público va llegando, pero, por otro lado, si no hay programación que se acerque a esta idea que para mí tiene el lenguaje del movimiento que es la pluralidad de sentidos, la necesidad de no construir un sentido unívoco, de no entender algo específicamente como un gran todo, o gran relato, sino microrelatos, o macrorelatos, o lo que vos te quieras imaginar y estar ahí, latiendo, con el intérprete. La danza tiene otras posibilidades de lecturas, pero no de un modo elitista, no digo que sólo algunas personas se pueden acercar a ellas sino que no están tan vistas. Si estuvieran un poco más vistas, sería otro el tránsito. Yo no te digo que la danza vaya a construir un público masivo. La danza me refiero al recorte, al modo de pensar el cuerpo que, por lo menos tengo yo, que no es ballet, no sé si logrará construir un público masivo, pero sí avanzar en ciertas ideas respecto de los relatos.

-Hay lenguajes que son, o vienen de lenguajes un poco más herméticos como la performance, por ejemplo, que de alguna manera fueron entrando más, están más presentes en la experiencia y el intercambio entre lo que se programa y el público. Tienen otra relación construida con el público. En cambio la danza está siempre en esa zona de riesgo…

J: ¡Re!, estoy de acuerdo. Y sabés, creo que hay, también, una cosa en relación a la identificación. No es tan fácil identificarse cuando ves una obra de danza. Hay mucho de eso de identificarse con la idea de los personajes, por ejemplo. Yo no trabajo con personajes, sino con los cuerpos de cada uno ahí, no hay un relato…

-… porque nos acostumbramos a la palabra jerarquizada sobre el cuerpo y, en realidad, identificarse con algo tan abstracto como la palabra cuando tenés el cuerpo en escena, cuando bailar, bailamos, y mover nos movemos. Sin embargo es el movimiento de un cuerpo en escena lo que más nos cuesta asimilar…

J: De todos modos, para mí, separar la palabra del cuerpo es raro. Yo creo en pensar la relación de la lengua y el lenguaje, pero el modo en el que se presentan las artes escénicas es separatista: la palabra y el cuerpo. Quizás haya obras donde está todo unido sin esa distancia que te obliga a interpretar la palabra de una forma y el cuerpo de otra, que se olvida del cuerpo… De hecho, en Coreomanía se canta una canción con letra y alguna que otra cosita circula por el aire. No se la pasan hablando, no tienen un texto fijo pero aparece la voz, está como motor y como movimiento. Creo que es otro modo de pensarla. Justo Coreomanía tiene algo que es posible descifrar desde afuera. Viste que a veces pasa eso que vos decías antes, que el código es hermético entre la gente que produce la obra. Ellos interpretan ese código y lo manejan durante el recorrido de la obra y vos desde afuera no lo podés capturar, pero en Coreomanía, me parece que hay un código más o menos básico que tiene que ver con la música como un latido, como un golpe, con la vibración, con el cuerpo atravesado por el movimiento y cómo el movimiento opera sobre el cuerpo.

-Y hay una poética que se desprende del hecho de que el cuerpo no pueda parar de moverse,  algo que está vinculado a ese latido en el que se mueve nuestro hacer, ¿no?

J: También es una posición política. Podés leerla o no, pero no voy a parar. Hay una posición ahí, vamos a seguir.

-…nadie sabe lo que puede un cuerpo, que diría Spinoza…

J: ¡Sí!…

-Sobre todo en un mundo donde el cuerpo está domesticado hasta para caminar… cómo nos movemos, bajo qué parámetros…

J: Y con ideas hegemónicas sobre cómo moverse. ¡En la danza también! Cada vez menos pero hay modos de moverse y unos tipos de cuerpos que bailan. A mí no me interesa tanto eso. Lo que me interesa desde el inicio, que fueran diferentes, ellos, ellas, las intérpretes, que hubiera un modo de bailar pero que no refiriera a este otro modo. Viste que hacen de todo, atraviesan distintos estilos, distintos modos de bailar, es muy cercano, de alguna manera. Saltan, hacen jazz, bailan una cumbia, no sé, como que… no hacen pasos, no sé… Quizás haya un modo de pensar la danza más allá de los cuerpos.

-Incluso más allá de los espacios, digo, eso que decís puede aplicarse al espacio también, una disolución de las fronteras físicas y espaciales, de alguna forma podrías hacer la obra en cualquier lado…

J: La hicimos en Parque Centenario, por ejemplo. En el anfiteatro y fue una experiencia muy loca. Sí, sí, de hecho sí, como decís. Hay que tener cierta organización porque no nos podemos tirar sobre el asfalto de una, porque hay que cuidar el cuerpo, pero es re posible moverla. Buscar que el espacio se adapte a la obra, algo de eso, poder tomar lo que haya en ese espacio y adaptarlo. A veces la obra pierde algunas cosas, pero al mismo tiempo gana otras. A veces la puesta de luces no es la mejor en tal lugar pero gana en relación a la cercanía, la puesta capaz es divina pero pierde algo en relación a otra cosa, cada espacio tiene lo suyo y me parece que hacerla y sostenerla en el tiempo la hace crecer de otra manera. Aparecen capas y capas del trabajo y eso está bueno cuando vas yendo por los diferentes espacios y diferentes públicos. También por lo que pasa por el propio cuerpo del intérprete en esa lógica de ir moviendo y adaptándose.

Hace unas semanas la hicimos en Olivos, en el Teatro York, un espacio que tiene su público donde, en general, programan teatro tradicional, y tienen público de gente muy mayor. La sala estaba llena y yo pensaba, bueno, tal vez haya mucha gente que se va durante la función, porque era gratis, y no, fue una cosa de locos, bailaban los bastones. Fue increíble. Podría no haber pasado eso porque siempre pasan cosas diferentes en la obra. Pero bueno, pasó eso y para nosotros fue una información muy rica… Ah, bueno, no es la edad, no es la zona, hay una especie de contagio que aparece, que no pasa en todas las funciones pero cuando pasa es sorprendente.

-La obra, ¿es todavía un proceso abierto o ya tiene un montaje y está cerrado?

J: El montaje de la obra fue un montaje corto, intenso, que duró más o menos dos meses y medio que hicimos en el Rojas. A mí me convocó Maruja Bustamante, que estaba ideando un ciclo para y a partir de ahí yo convoqué un grupo de gente, empezamos a ensayar. Armamos un esqueleto de obra, una estructura, que fue lo que estrenamos. Esa estructura se movió relativamente poco, la fuimos apuntalando para que cada vez funcione mejor. Como darle sostén desde adentro, pero después lo que pasa con la obra es que hay todo un espacio que cada vez es diferente, que forma parte de la estructura de la obra. Y tiene que ver con la desintegración, como una especie de final medio elástico que va variando de acuerdo donde la hagamos. En ese sentido, sí, está abierto. Lo que sí hablamos mucho es cómo estar ahí, cómo habitar ese momento y tratar de no forzar nada, ni de empujar hacia un lugar determinado, de escucharse entre ellos. En ese sentido lo que se mueve es eso, lo que se mueve con cada público, el vivo. Pero el proceso creativo está relativamente bastante cerrado.

Mire este video en Youtube.

Ficha Técnica:

Intérpretes: Mauro Appugliese, Victoria Delfino, Carla Di Grazia, Nicolás Goldschmidt, Juan Manuel Iglesias, Antonela Pereyra, Mauro Podestá y Carla Rímola.
Diseño Sonoro: Facu KchiHomeless
Dirección de arte y diseño gráfico: Adrián Tosta 14/31 estudio
Diseño de iluminación: Sebastián Francia
Asistencia de dirección: Bernardita Epelbaum
Dirección: Josefina Gorostiza

Coreomanía, no puedo parar se presenta en el marco del Buenos Aires Empírico, Festival de Lenguajes Teatrales

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