#IndioEnTandil ¡Baila y canta mi Dios!

Victoria Fusco
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Victoria Fusco

Redactora at Corriendo La Voz
Periodista | Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social (UNLaM) | Apasionada por viajes, recitales y redes sociales | Contacto: victoria@corriendolavoz.com.ar
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Y así pasó otra misa. Ya todos los fieles partieron hacia sus hogares, pero la llama todavía no se apagó. Con un show a todo trapo, Carlos “Indio” Solari hizo temblar Tandil con el pogo más grande del mundo. Más de 150 mil personas asistieron al evento.

Eran las 21:30 y los sonidos tribales agitaban a las masas que permanecían expectantes en el Hipódromo de la ciudad. De esta manera, el Indio marcaba el inicio de la ceremonia que duró tres horas, en la que recorrió varios discos de su carrera solista y parte de su historia con “Los Redondos”.

Minutos antes de que empiece el recital y de manera sorpresiva, Solari salió a escena y comunicó: “Mr. Parkinson me viene pisando los talones. Pero bueno, acá estamos, es la vida”. Las lágrimas de los miles de fanáticos se hacían ver, mientras lo alentaban para que el ritual continúe. También, mencionó la continuidad de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, pero con algunos cambios.

Para todos los ricoteros de alma, sonó en primer lugar “Nuestro amo juega al esclavo”, para luego continuar con dos clásicos de su etapa solista “Pedía siempre temas en la radio” y “Porco Rex”. La entrada en calor, avisaba que se iba a venir lo mejor.

Un vago de mil caravanas                  

El frontman que se encontraba de muy buen humor, como nunca antes visto, preparó una noche fundamentalista y demasiado redonda, ya que también sonaron cuatro temas seguidos de su etapa en Los Redondos: “Esto es to to todos amigos”, “Gran Lady”, “Salando las heridas” y “Cruz Diablo”. En total fueron 13.

Luego de llegó el turno de “Ella baila con todos” y el tan esperado “El arte del buen comer”. Lo llamativo es que había pasado más de una hora de espectáculo sin que suene ninguna canción del último disco “Pajaritos, bravos muchachitos”, hasta que apareció “A la luz de la luna”.

Todo iba muy bien, sin embargo, el Indio se molestó porque algunos de los presentes arrojaron zapatillas al escenario. Luego de un rato, la acción de los irrespetuosos seguía y entonces pasó lo peor: “Barba Azul vs amor letal”, un clásico de aquellos, fue suspendido, mientras todos abucheaban a los que causaron el corte.

Los temas en los que hubo más agite y emoción (luego del primero) fueron: “Todos a los botes”, “Había una vez”, “Luzbelito y las sirenas”, “Es hora de levantarse querido, dormiste bien” y la joyita de la velada: “Rock para los dientes”.

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Rock maravilla para este mundo

La previa estuvo repleta de alegría, euforia, cantos y banderas que llegaron de todas partes de Argentina y de países limítrofes. En los camping había guitarras y bandas de rock que aprovecharon la oportunidad para darse a conocer ante la gran convocatoria de este evento. La caminata para llegar al Hipódromo estuvo colmada de cantos hacia Los Redondos. Por otro lado, los precios de la comida y bebida a las afueras del predio eran económicos, pero “ir al baño” costaba hasta 25 pesos.

La entrada al recital fue bastante tranquila y sin empujones. Sin embargo, la salida sí. Muy pocas entradas fueron cortadas y revisadas, no hubo cacheo y algunos pudieron entrar con bebidas. Las bengalas también fueron las protagonistas, el rojo y verde eran los colores que predominaban.

El montaje final es muy curioso. La medianoche se asomaba cuando Solari dijo: «Vamos a hacer una que sepamos todos». Los primeros acordes de Jijiji aparecían, mientras los cuerpos se preparaban para vivir el pogo más grande del planeta. Si te gusta el rock, esta es una sensación la tenés que vivir, aunque sea una vez en la vida. Las almas se entregan, la piel se calienta, las voces se transforman, la tierra se levanta y el escenario queda chico.

Los fuegos artificiales anunciaban el fin del recital. “Esperé este tanto tiempo este momento, para que se pase tan rápido”, comentó un fiel seguidor. Y si, lo bueno dura poco, pero lo que genera el Indio Solari es algo inexplicable, que ni los intelectuales tienen la respuesta. Es el pueblo que hace catarsis, mientras espera que haya una próxima misa india.

Llorarás con un ojo y con el otro te reirás ¡Fuerza Indio!

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