Gritan las negras

María del mar Rodríguez

María del mar Rodríguez

Escribo. Estudiante de teatro. Bailo en los semáforos. Amores: el feminismo, los fideos y el mate amargo.
María del mar Rodríguez

“Me gritaron negra, tenía 7 años apenas. ¿Qué siete? No llegaba a los 5 siquiera”. Así empieza el poema de Victoria Santa Cruz, una mujer peruana que luchó por hacer visible el arte afroperuano.

En su vídeo “Me gritaron negra” se la puede ver a ella parada, con posición de entereza, con música de fondo y voces que la acompañan, relatando lo que sintió a los 5 años, cuando le gritaron “negra”.

“Me sentí negra, como ellos decían” “¡negra, negra, negra!” y retrocedí “¡negra!” y odié mis cabellos y mis labios gruesos y miré apenada mi carne tostada y retrocedí”

Pero en el correr del relato, y como ella cuenta en entrevistas mucho tiempo después, comienza a reencontrarse: con sus manos, con sus ojos, con su pelo, con su piel.  A sentirse orgullosa de ser ¡negra!.

“De hoy en adelante no quiero laciar mi cabello, no quiero…” y como algo que crece y explota en ella, algo que nace, recita: “y que color!” y “que lindo suena” “¡negro, negro, negro! , donde ya envuelta en la melodía que le genera esa palabra, se planta, se manifiesta a través de ese momento artístico donde vuelve político su cuerpo, su sentir, su historia, su orgullo de ser negra.

Marielle Franco es la sonrisa en la foto. La que puso el cuerpo y el alma para defender su lugar. La que nos dijo: “tenemos que ocupar con nuestros cuerpos todos los espacios”. Y los ocupó, nos enseñó, nos recordó al hacer política desde ella misma también. Eligiendo a quién amar, qué estudiar, a pesar de que consideraron que un color de piel no lo permitía.

A Marielle la mataron y quien sabe cuántas veces le habrán gritado negra. Pero como Victoria, no lo escondió. Y usó eso que suponen dolor para luchar, para manifestar su piel como bandera, su historia por todos todas las que pasaron lo mismo.

Ya no se trató de un motivo individual. Porque al alzar su voz, esos oídos se encontraron reflejados en una historia como la suya.  Por eso su hija dijo: “no han matado solo a mi madre, han matado a 46.000 personas”

Yanet Soledad Perez tiene 20 años. Vive en el barrio Playa Loa Lobos, un barrio Periurbano al sur de Mar Del Plata. Ahí las calles son de tierra, la ciudad queda lejos, y para llegar a la ruta hay que caminar entre los atardeceres de verano y las crudezas del invierno. Ella dice, que de chica cuando peleaba lo primero que le decían era: “negra de mierda”, pero no hay dolor ni rencor en sus palabras. Sonríe con los ojos brillosos, dice que ahora las cosas son diferentes. Que en la tele se habla más de otros temas.  Pero lo que sentía de chica eran las diferencias por “estatus social”,  porque siempre ponían en mejor lugar a los hijos de las mujeres de la “cooperadora” o “te hacían sentir mal si tu mamá no podía ir a las reuniones”.

Vive con su madre, hermanos, hijos, y compañero. Es hija de los 90. Padeció las ollas vacías, heladeras vacías, y el silencio de las crisis. Pero como Victoria y como Marielle, también transformó. Con poco, con nada, o con lo que había, empezó a cocinar con el corazón en sus manos. Hoy todo lo que pase por su cocina es repartido. Siempre aparecerá caminando esa calle embarrada con algo en las manos. Siempre que un silencio cómplice inunde las mesas familiares, que se reproduzca en esas bocas alguna injusticia, ella se parará, con su grito, a hacer escuchar lo que su mente piensa.

Una peruana que caminó la poesía para hacerse oír. Una Brasilera la política, la calle. Una piba de este barrio camina el barro y el pasto. Las tres han llorado. La tres han reído. Las tres defendieron y compartieron lo que son. Lo que tienen. Hoy Yanet sostiene su sonrisa. Tampoco se plancha su  pelo negro lleno de rulos y ondas. No esconde lo que es. Ella abraza lo que ama, y por eso, gracias.  Gracias Victoria. Gracias Marielle.  Gracias  Yanet Gracias Todas.

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