#Generos Un abuso no se confiesa

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Periodista | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
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Lily Allen se animó a contar que fue abusada sexualmente. Los grandes medios replicaron la noticia, informando que la mujer “confesó” que fue abusada en notas cargadas de condicionales. ¿A quién le corresponde la confesión? ¿A la víctima o al victimario?

La confesión

… Ese concepto tan clerical, no le corresponde a la víctima. La víctima lo que hace es denunciar: contar lo que padeció. Quien tiene que confesar, por supuesto, es el abusador. Pero los medios no parecen enterarse, como no parecen estar dispuestos a asumir que una mujer diga la verdad sin ton ni son.

El uso de los condicionales en las noticias ya es un recurso gastado. Con Santiago Maldonado desaparecido, lo hemos visto, y lo vemos cada vez que una mujer, famosa o no, se atreve a denunciar una violencia machista padecida. Si no ponemos como supuestos los dichos de los funcionarios públicos, ¿por qué le pedimos pruebas a la mujer abusada?

Todas las notas abundan en los mismos recursos. “Lily Allen habría”; “según los dichos de Lily Allen”; “según su relato”, etcétera. ¿Qué tenemos que hacer las mujeres para que se nos crea de una vez y sin chistar?

Supuestamente

Según los medios, supuestamente, a Lily Allen la abusaron estando alcoholizada. Supuestamente lo escribió en su autobiografía y lo ratificó siendo entrevistada. Supuestamente lo sufrió. Supuestamente es algo normal en la industria discográfica.

Supuestamente despertó a las 5 de la mañana porque sintió a alguien junto a ella, presionando su cuerpo desnudo contra su espalda. Supuestamente ella también estaba desnuda. Supuestamente lo cuenta en su autobiografía My Thoughts Exactly. Supuestamente fue un ejecutivo de la industria musical.

¿No hay nada real en sus dichos? ¿No hay nada que pueda afirmarse?

Cuando leemos una autobiografía, asumimos que la mirada de el o la autora es subjetiva. ¿Qué más subjetivo que la mirada de une misme sobre sus vivencias? Pero cuando leemos una autobiografía y en la misma se denuncia un abuso, las subjetividades se disipan: una mujer abusada es una mujer abusada. No importa qué medio elija para contarlo, ni qué palabras use. Pocos dolores se me antojan tan viscerales como el de denunciar un hecho tan oscuro y ser cuestionada por el simple hecho de ser mujer, como si fuera divertido o diera dádivas el hecho de inventar una situación de esta índole.

La culpa 

Lily Allen conoció a este ejecutivo en 2015, después de su divorcio de Sam Cooper. En su biografía cuenta que el hombre se ofreció a ayudarla a combatir su adicción al alcohol, pero en lugar de eso la emborrachó con tequila. Al día siguiente, cuando despertó él estaba tratando de tener sexo con ella en un hotel. “Podía sentir a alguien tratando de poner su pene en mi vagina y pegarme en el trasero como si fuera un stripper en un club. Me alejé lo más rápido que pude y salté de la cama, encontré mi ropa rápidamente y salí corriendo de su habitación hacia la mía”.

La artista contó que en ese momento se culpó a sí misma por el abuso, porque había estado bebiendo y expresó su frustración por no haber confrontado ni reportado el comportamiento del hombre y continuó trabajando con él, explicando que se sentía silenciada porque tenía más poder y dinero que ella.

Temía ser calificada de “histérica” y “difícil”. “Me sentí traicionada. Sentí vergüenza. Sentí enojo. Me sentí confundida”, escribe la cantante en su autobiografía. “¿Se suponía que debía informar que alguien lo estaba intentando? Hoy la respuesta es sí”. Como único resguardo la cantante firmó una declaración jurada con un abogado ofreciendo el testimonio de lo que había ocurrido esa noche: “Quería que constara que alguien con quien trabajé abusó sexualmente de mi”.

La primera reacción: sentir culpa. No es justo, ¿no? Nos abusan y sentimos culpa, como si del acto hubiéramos obtenido placer o rédito alguno. Por eso es importante que no estemos solas. Por eso es importante no cuestionar a quien, saltando ese cerco culposo, se anima a hablar.

Hermanadas y en manada 

Por suerte – gracias al feminismo y sus aportes – hoy una mujer que denuncia no está sola. Lily Allen tiene la voz de una mujer privilegiada. No todas podemos escribir una autobiografía que llegue lejos. Y así y todo, no está exenta de ser abusada sexualmente, como no lo está ninguna de nosotras.

Día a día, mujeres sin rostro ni voz de importancia para los medios, se animan a denunciar situaciones similares. Los supuestos de los titulares se traducen en las respuestas de quienes no empatizan. “¿Y por qué lo contás ahora? ¿Por qué no denunciás ante la justicia? ¿Qué pruebas tenés?” Día tras día, también, miles de mujeres sin rostro ni voz de importancia en los medios se toman el laburo de responder esos ataques que no son para ellas pero podrían serlo. Hermanadas y en manada, una resistencia que no se puede frenar con ningún viento fuerte.

Yo sí te creo. 

Lily Allen, te creemos, como le creímos a Calu Rivero, como le creemos a las mujeres que se atreven aún sin los medios para llegar lejos. Te creemos y te abrazamos, porque ser abusada es un acto siniestro. La desprotección del momento, la vulnerabilidad, el volver a revivirlo cada vez que se cuenta. Te creemos, Lily Allen, y creyéndote le creemos a todas aquellas que se han atrevido, a las que aún no, a las que tal vez mañana nos necesiten y a todas, a todas las que necesiten un abrazo y una palabra compañera, algo tan simple como la credibilidad que necesita cualquiera para animarse a decir en voz alta “yo también fui abusada” y seguir.

 

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