Frida Kahlo: Como pintar la tragedia

Leandro Ojeda

Leandro Ojeda

Redactor at Corriendo La Voz
21 años. Estudiante de comunicación social. Casi cinefilo. Fanático de Boca Juniors y de "el loco" Bielsa. Muerdo las pastillas que no se muerden y trago casi sin masticar los caramelos masticables.
Leandro Ojeda

Varios accidentes, una vida amorosa inestable, dolor, sufrimiento, adicciones y el arte como el único testigo de una vida que jamás pudo evitar el dolor.

La vida de Frida Kahlo fue una constante evocación a la tragedia, así sin más. Pero no desde el costado poético o casi romántico del mismo, sino desde su lado más llano, crudo y visceral. La artista mexicana puso en su pintura el reflejo inevitable de una vida atravesada por el dolor, por eso su obra parece volverse casi un grito desde las entrañas, una expresión de su costado más profundo y más castigado.

Desde niña sufrió una escoliosis que le generó terribles problemas para caminar con normalidad, su pierna derecha quedó más flaca que la izquierda y, por eso, hasta los tres años sus padres evitaban sacarla de casa. Tuvo un accidente que le fracturó la columna en tres partes, aparte de la pelvis, las costillas y la pierna en once pedazos, quedó postrada en una cama por un año y en ese entonces, como si inevitablemente el arte de Frida estuviera ligado con lo trágico, empezó a pintar.

Perdió tres hijos, le amputaron las falanges del pie derecho, cuando era tratada por problemas en su brazo derecho descubrió la morfina, y empezó una adicción que no dejaría hasta el final de sus días. A todo esto, tenemos que sumarle un nombre, Diego Rivera, el amor más grande en su vida. La relación tuvo incansables idas y venidas, numerosas infidelidades, pero una, la más cruel y dolorosa para la pintora mexicana fue la que su marido tuvo con su hermana.

En 1953 -y tan solo un año antes de que fallezca- pudo ver la única exposición individual de su obra en México. Estaba tan enferma que tuvo que ser trasladada en ambulancia y permanecer en una cama durante todo el evento. Finalmente, falleció el 13 de julio de 1954, después de meses de intenso dolor y varios intentos fallidos de suicidio.

Cuando empezó a pintar solía mirarse al espejo y gran parte de sus obras son autorretratos. Ella decía que era uno de los motivos que mejor conocía. Quizás como un guiño a la tragedia, Frida dejaba los pedazos de su interior en cada pintura, porque muy posiblemente haya ido despedazándose cada vez más con cada decepción de su vida. Curiosa, intrépida, alegre, siempre con más ánimos de los que su vida le permitía, como si la Frida que realmente sufría era la quedaba en cada pintura, o como si supiera ocultarlo muy bien. Desde el primero hasta el último de sus días, desde la primera hasta la última de sus obras.

Es imposible saber lo que se le pasaba a Frida Kahlo por la cabeza, pero siempre sostuvo que su obra no está ligada al surrealismo porque no pintaba sueños, sino su propia vida, y su vida claro está, difiere bastante de un sueño. Fueron 47 años que le dejaron a México y al mundo un pedazo de arte imborrable. 

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