#Fotogaleria Violaciones correctivas: basta de transodio

Gabriela Krause
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Editora at Géneros
Periodista | Editora de Géneros | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente | Autora de Alikal & Misoprostol: caja de herramientas para sobrevivir al machismo.
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La violación en manada no es un hecho aislado, se viene convirtiendo, hace tiempo, en una especie de modus operandi. Sirve para someter a las mujeres a la voluntad de los hombres que la ejercen pero es utilizada, también y como en este caso, para “corregir” a quienes se salen de la norma.

Lucas Mathías Gargiulo es un chico trans, tiene 24 años, y relató lo que le ocurrió, en plena mañana, a metros de su casa: un grupo de hombres lo asaltó y lo violó tras descubrir su identidad de género.

“Cuando le conté a mi tía lo que había pasado, ella me dijo que si salía corriendo quizás me pegaban un tiro, o algo. Y la verdad hubiese preferido que me pegaran un tiro a que me siguieran violando. Es lo peor que me pasó en la vida”, dijo, luego de los hechos. Es una realidad que padecen muchas víctimas de violaciones. La disyuntiva entre querer seguir viviendo para luchar contra estas injusticias y el miedo profundo de no saber si se va a poder cargar con tantos dolores a futuro.

“Ahora te vamos a hacer machito, puto”, le decían a Lucas mientras lo golpeaban. Estas violaciones correctivas se dan en casos donde las víctimas no cumplen con los estereotipos con los que se espera que cumplan. Violan para corregir a lesbianas, a hombres homosexuales y, en este caso, a un varón trans. 

La palabra “corrección” alude en forma directa a toda modificación que se realiza con el fin de enmendar un error. Socialmente, la mujer cis heterosexual y el hombre cis heterosexual son lo que está bien. Si la sociedad impone esto, ¿por qué los ciudadanos no habrían de pensar así? Hay algo que debe cambiar y es la forma de percibirnos entre nosotres. No tenemos por qué adaptarnos a la norma, de hecho, la norma no debería existir. Si no hubiera tal norma respecto a las identidades de género, no habría violaciones correctivas, no habría Lucas, no habría Higui.

“Buscaron una rama de un árbol y con eso me violaron. Yo lo único que quería era no mirar y dejar de sentir ese dolor“, relató Lucas. “Llegué llorando y le conté a mi tía que me habían robado el celular. Ella me preguntaba si eso era todo lo que había pasado y yo le decía que no sabía. No quería saber. Hasta que ella me señaló el pantalón y ya estaba sangrando”, siguió.

Cuando fue con su familiar a realizar la denuncia correspondiente a la comisaría, sólo le tomaron la denuncia por robo y agresión, pero no por violación. Esto es habitual para todas las personas violadas: no las toman en serio, no parece resultar importante. “Se los dije, que dejaran constancia, y me cambiaban de tema, no me escuchaban. Me mandaron a un médico forense en la Subjefatura de Policía, en la Chile y San Miguel, pero por las lesiones, no por la agresión sexual”.

A su vez, Lucas dijo que, antes de que el grupo lo abordara, había visto en esa misma esquina a cinco oficiales policiales. “¿Puede ser que ninguno haya escuchado mis gritos? Estaban ahí y no hicieron nada?“, se preguntó.

“Esto no es algo aislado, es algo habitual. Los chicos y las chicas trans están permanentemente expuestos a las agresiones de todo tipo, aunque no siempre con tanta saña como en este caso”, concluyó.

Si queremos una sociedad con derechos para todes, debemos concientizar sobre este tipo de metodologías. Lo que dice Lucas es verdad: los chicos y las chicas trans, aparte de tener una expectativa de vida corta y poco acceso al ámbito laboral, están permanente expuestes a agresiones de todo tipo. Las violaciones correctivas existen y existirán mientras la sociedad haga la vista gorda y la justicia se tome vacaciones cada vez que una persona vaya a denunciarlas.

Fotogalería a cargo de Camila Rojas

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