Familia, Estado y Valores. Pensando el feminismo del siglo XXI

Soledad López Moreira y Lucía Gulisano Saris

Soledad López Moreira y Lucía Gulisano Saris

Redactoras at Corriendo La Voz
Dupla uruguaya

Soledad López Moreira: Militante política y social |Feminista y madre | Estudiante de Sociología, y de la Educación no formal | Amante de las emociones, los discursos políticamente incorrectos y espontáneos.

Lucía Gulisano Saris: Militante Política de izquierda y militante social | Psicóloga y Feminista | Estudiante de posgrado en Psicoterapia |
Adicta al café, al mate y la literatura feminista.
Soledad López Moreira y Lucía Gulisano Saris

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La política, la perspectiva de género y los derechos humanos calaron hondo el 2017 en Uruguay. El fuerte avance en material de Géneros y DDHH, dejo ver un poco de luz entre tanta oscuridad. La nueva ley de cuota femenina para la representación en órganos electivos Nacionales y Departamentales, sumado al logro de la tipificación en feminicidio  y el voto positivo del proyecto de Ley “Violencia hacia las mujeres, basada en género”, mostraron que el 2017 fue un innegable año de avances legislativos en materia de género para los uruguayos. 

Entre medio de estas leyes, el 13 de septiembre la senadora del Movimiento de Participación Popular (MPP -Frente Amplio), Lucía Topolansky, asumió la Vicepresidencia de la República, tras la renuncia de Raúl Sendic, convirtiéndose en la primer mujer que ocupa este cargo en la historia del Uruguay. Asimismo, en octubre asumió la primera senadora trans,  Michelle Suarez del Partido Comunista (Frente Amplio), quien además fuera la primer mujer trans en obtener un título universitario como abogada. Aunque al poco tiempo tuvo que renunciar a su cargo, no deja de ser un hito importante, que abre las puertas a la democratización de la política representativa hacia la diversidad sexual y las diversas identidades de género.

En noviembre fue el turno de las mujeres en los sectores políticos de izquierda del Frente Amplio: el Comité Central de la Unión de la Juventud Comunista eligió por primera vez a una mujer como secretaria general, Lucía Ubal, mujer joven y profesora de historia. En esta línea, el Movimiento de Participación Popular (MPP) aprobó en su Plenario de Género la paridad para conformar sus listas en las próximas elecciones; a su vez el MPP ya había logrado un gran avance unos meses antes al conformar su nueva Dirección Nacional con paridad (primera vez desde la conformación del movimiento). Más adelante, en el mes de diciembre se sumaron los jóvenes socialistas al elegir, también por primera vez, a una mujer como secretaria general, Lucía Zapata. Recientemente, a finales del comienzo de este año los jóvenes del Pit-Cnt trabajan fuertemente de cara al 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) y buscarán transversalizar a la Convención con planteos feministas. Para seguir con la sucesión de acciones, el 2018 comienza con la puesta en marcha del proyecto de Ley Integral Trans en la mesa del Senado.

La contraofensiva: El proyecto político neoliberal

Desde hace un par de décadas a nivel nacional e internacional se ha comenzado a transitar el camino de analizar aquello que no estaba dentro de las agendas, pero que atraviesa nuestra vida cotidiana: la violencia de género. Aún falta seguir profundizando en la comparabilidad, exhaustividad y conceptualidad de los datos que se relevan,pero podemos decir que la realidad rompe los ojos y nos interpela como sociedad. Esta ley integral contra la violencia basada en género y los avances en la cuantificación de la violencia patriarcal, son producto de larga lucha de la sociedad civil organizada, del movimiento feminista, y de la lenta (y anhelada) jerarquización de la mujer como sujeto político en la órbita gubernamental, que a su vez tiene origen en una historia de lucha contra las injusticias que este sistema genera para sostenerse. Los gritos de los niños, las niñas y las mujeres no fueron suficientes, así que después de siglos, la evidencia científica nos vomita en la cara la urgencia de tomar medidas sobre la violencia que sufrimos.

Con respecto a la Ley Integral, podemos decir que lo más increíble no fue que no se votara por unanimidad, sino el despliegue de argumentos que brindó la oposición como justificativo para no apoyar la ley, que dejó al desnudo el más crudo pensamiento conservador y su correlato de un proyecto político y cultural neoliberal, de familia hegemónica, propiedad privada y orden establecido, por sobre la justicia, la libertad y la igualdad.

Estos argumentos no son ingenuos, ni azarosos, sino que corresponden a una categoría política, que aunque conceptualmente no está desarrollada, la podemos denominar el anti-feminismo. Que, a su vez, desde hace varios años, desde los sectores más conservadores y de derecha, se presenta bajo el discurso de  ideología de género.

Podríamos decir que en cada época y contexto el antifeminismo ha tomado diversas formas y sentidos, pero lo podemos identificar en dos grandes formas. Una que tiene que ver con la explícita oposición a las proclamas feministas, ya sea el sufragismo, el aborto, el derecho a estudiar, a ocupar cargos políticos, la democratización de las tareas domésticas, el reconocimiento legal al trabajo sexual, entre tantas otras. Y otra forma, que es más sutil, y tiene que ver con la deslegitimación al feminismo como teoría y praxis política emancipadora. Esta última idea llega a las camadas populares, incluso antes que el feminismo mismo.

El término  de ideología de género, según Judith  Butler, fue introducido por primer vez por Joseph Ratzinger en el año 1997  (quien luego se convertiría en el Papa Benedicto XVI y a quien se lo vincula con las juventudes Hitlerianas), en un libro titulado La Sal de la Tierra. Es fundamental tener presente el acontecer histórico de las denominaciones, y no usarlas de forma irresponsable y ahistórica.

El arzobispo de Montevideo incluyó en su mensaje navideño la cuestión de la “Ideología de género”, y afirmó que la misma “alteraba el orden natural de las cosas” . “Esta ideología está generando una confusión: va contra el orden humano de la creación del hombre, contra la familia constituida por un esposo, una esposa y los hijos. Y el hecho de que eso ahora no esté siendo tan así y que haya mayorías que planteen otra cosa, no quita (el punto) (…) Creo que el hombre en el fondo busca la verdad, y la verdad tiene que ver con la naturaleza”, puntualizó. 

Creemos que estos argumentos responden a un fundamentalismo religioso exacerbado, además que hace referencia a que la voluntad del movimiento feminista (mal llamado ideología de género) tiene como objetivo concreto y explícito  eliminar a la “sagrada familia”. Cabe resaltar que la lucha no es por la negativa de la familia tradicional, estamos a favor de la libertad en sus máximas expresiones; sexual, reproductiva, de género, de raza, de religión, culto, etc. Pero sí estamos en contra de aquellas instituciones que concentran y centralizan el poder, y además son grandes empresas de guerra y tortura, que testifican y promueven la desigualdad, por tanto la injusticia. Aunque en nombre de ella construyan sus cimientos. 

En el Parlamento, los argumentos para no acompañar fueron realmente preocupantes, de un sentir antidemocrático latente. Las estrategias fueron varias, desde instalar el miedo, la divulgación de información falsa respecto a contenido de la ley, la acusación de intromisión internacional en asuntos de carácter Nacional y estatal, hasta la acusación al movimiento feminista de tener una alianza con el neoliberalismo y la economía de mercado.

Debemos resaltar que quienes alzan la bandera de la familia como “institución sagrada” por encima de cualquier derecho humano, son quienes históricamente han promovido la intolerancia, la sumisión de la mujer y sus hijos, han negado las luchas históricas, promueven la apolitización de los conflictos, y plantean un nacionalismo exacerbado, xenófobo, homófobo, y transfóbico, sumandole un fuerte vínculo con el fundamentalismo religioso: estas son algunas de las características del conservadurismo neoliberal.

El conservadurismo neoliberal responde no sólo a un ideología, sino a élites de poder que buscan consolidar un orden internacional a través de un modelo económico que se está expandiendo a lo largo y ancho de toda la región, Estados Unidos y parte de Europa y de Oriente.

Hablamos de una disputa que también es geopolítica, en aquellos países donde ha triunfado este modelo económico e ideológico, se ha retrocedido cuantiosamente en los derechos de las mujeres y los trabajadores (como por ejemplo lo es el retroceso en penalización del aborto y las desregulación laboral en Brasil). No son hechos aislados, es la estrategia para imponer un modelo de sociedad, altamente jerárquico y estratificado. En otras palabras, son colaboradores de la centralización y concentración del poder y del capital, son aliados estratégicos de esta nueva era del capitalismo posmoderno y neoliberal.

La aprobación de esta ley en este contexto histórico mundial y regional, es realmente un avance y una conquista muy importante del y para el pueblo uruguayo, y suma como antecedente que si existe la voluntad y la lucha política, ciertas cosas las podemos politizar y legislar en post de todos y todas.

El discurso antifeminista es un discurso muy engañoso, fundado en el miedo y el autoritarismo. Recordemos que el miedo es el principal enemigo de la libertad. El feminismo viene a interpelar todo, la vida cotidiana, la macroeconomía, hasta el orden filosófico de las cosas: no es raro que quienes quieren mantener sus históricos espacios de poder se vean amenazados por los avances de las luchas feministas, de las comunidades étnico-raciales, de todos los movimientos por la diversidad, y sindicales, es decir; por las luchas de las grandes mayorías. No es raro que desplieguen todo su capital (económico, simbólico, cultural, mediático, etc) para mantener y expandir sus esferas de poder. Tiene que ver con el eco que han tenido estas luchas, y los espacios de poder conquistados.

La ofensiva conservadora viene por todo, mienten: cuando estaba sobre la mesa la ley del aborto, le decían a la gente que poco más se iba a obligar a las mujeres a abortar; cuando lo que estaba en discusión era la ley de responsabilidad empresarial, se decía que los empresarios iban a ir todo presos. Hoy con la Guía de Educación Sexual propuesta por CEIP para la educación pública, se puso sobre la mesa la imposición de una ideología de género que promueve a los niños y niñas tener identidad transgénero (algo tan absurdo como ridículo). Se hizo una campaña de terrorismo, diciéndole a la gente que la ley de Violencia Basada en Género era el fin de la “familia tradicional”. Ni la despenalización del aborto obligó a ninguna mujer a abortar, ni ha ido ningún empresario preso (han habido hasta el momento dos solicitudes de procesamiento empresarial), ni la guía sexual condiciona a ningún niño o niña a ser transgénero, como tampoco la ley contra la violencia de género prohíbe la permanencia de familias tradicionales si así lo eligen los ciudadanos y las ciudadanas.

¡Bienvenida la nueva Ley VBG, Bienvenidos los derechos humanos! Somos miles, seremos cada vez más. Seguiremos conquistando derechos, al Estado y un presupuesto justo para combatir desde lo institucional la violencia de género. Pero no olvidemos que sin una praxis feminista consciente no hay nada.

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