Eterna Inocencia o cómo transformar cada espacio en uno de lucha

Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Editor de Análisis Político y Social en #Corriendo La Voz | Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
Juan Agustin Maraggi

Esta jueves, Eterna Inocencia se presentó por primera vez en Casa Rock. En un show apto para todo público y con entradas agotadas mucho antes de la fecha, la banda y las y los concurrentes tomaron por asalto un escenario cargado de bronca, protesta y abrazos.

El salón ‘palermitano’ quedó repleto apenas sus puertas fueron abiertas. La pregunta en las calles aledañas no paraba de repetirse, ‘che, ¿quedan entradas?’, ‘¿alguien tiene una entrada para vender?’. No nos corría sólo la fecha y la hora, sino que la banda no se presentaba un día de semana hace un tiempo y para cortar la semana, una inyección de combatividad y hardcore venía bien. A su vez, Eterna Inocencia (EI) se embarcaría al día siguiente en una gira por países hermanos. El tour “Por una Latinoamerica llena de abrazos”, los llevaría este sábado a Montevideo y la semana que viene cruzarán a Chile para presentarse en Concepción y Valparaíso. Teniendo en cuenta que la próxima vez que podrían asistir a un recital de EI sería en Junio en el Teatro Greison en Monte Grande, las y los seguidores de la banda querían su entrada como sea.

Unos minutos pasadas las veintidós horas, la banda comenzó a calzarse los instrumentos, mientras Guillermo Mármol -su voz- saludaba y pedía unos segundos para terminar de probar sonido. En la pantalla detrás de ellos, comenzaban a pasarse cortos en blanco y negro de represiones, algunas y algunos nos miramos conociendo esas imágenes pero todavía no sabiendo de dónde eran. La batería comenzó a sonar e indefectiblemente todas y todos entendieron el mensaje, ‘viejas esperanzas‘ abría la noche y se armó el pogo. Existe una felicidad extra, generada de manera instantánea, cuando en un recital de hardcorepunk el público descubre la falta de vallas, vendría a ser como una epifanía si le quitamos su carácter religioso. En cuanto se alerta la inexistencia de una división entre el escenario, los músicos y aquellas y aquellos que estamos unos metros por debajo, la cosa cambia. Es como si no existieran barreras ni condiciones más que la del respeto y la unión. 

Para el momento de ‘Elsa y Juan’, el segundo tema, todas y todos los presentes se les había revelado esta nueva realidad, transformando velozmente los movimientos entre las y los asistentes. Cuando los clips introductorios detrás de la banda terminaron y empezó la película, rápidamente caí en la cuenta a qué nos estábamos enfrentando, ‘La haine’, icónica película de culto francesa dirigida por Mathieu Kassovitz iba a acompañarnos toda la noche. La elección no era casual, el film que retrata veinticuatro horas de Vinz, Said y Humbert en un suburbio parisino en los ’90 es un crudo retrato de una realidad soslayada y escondida por quienes ostentan el poder. La amistad en medio de la inmigración, la pobreza, la brutalidad policial y un estado represivo, relatan la película, como también la realidad que atravesamos en el país.

Entre tema y tema, EI iba recorriendo sus diferentes discos y dando un collage de su vasta historia. Guille agitaba, el público agitaba, todos y todas agitaban. Se hizo alusión al día y a la falta de vallado para tocar en la capital porteña, ‘mañana vamos a ir todos a trabajar, con ojeras pero más contentos’ y la lista iba avanzando entre llamados a la autogestión, a la acción y a la concientización constante. Incluso, entre pogo y mosh, Guille contó cómo perdió un pedazo de diente por el pogo.

La sorpresa llegó rápido, la banda anunció que grabarían pronto. Pero las buenas nuevas no terminaban ahí, después de nueve años (recital del 2009, editado en 2011) el disco sería en vivo y nada más y nada menos que en Teatro de Flores, el once de Agosto.

Las consignas y las palabras sobre la situación crítica de nuestro país no se escondían. Después de veinte temas comenzaba a acercarse el final y tanto arriba como abajo del escenario – ¿la banda estaba arriba o abajo? ¿el público estaba arriba o abajo?- se sentía la despedida. Para presentar ‘Weichafe Catrileo’ en homenaje a Matías Catrileo mapuche asesinado por los carabineros en el año 2008 mientras resistía a la ocupación en Araucanía, los mismos que se llevaron su cuerpo, ocultaron las pruebas y se ampararon en leyes similares a las que escudan a las fuerzas represivas en ambas partes de la cordillera Guille se tomó unos minutos para comentar cómo viene la situación del pueblo mapuche y hacer una analogía entre lo que pasa en ambos países. ‘El tema de Matías Catrileo podría llamarse Santiago Maldonado sentenció antes de dar inicio a uno de los pocos temas musicales que se anima a darle voz a un conflicto que lleva varios siglos.

En los shows de Eterna Inocencia existe un espacio para el pogo, un espacio para la melancolía, para los abrazos y todo esto siempre se encuentra atravesado por un profundo mensaje de lucha, resistencia y acción. Se forma una suerte de asamblea improvisada, un intento de transformar un show de hardcorepunk en un diálogo abierto, un debate constante en el que a cada uno y una le llegue y pueda aportar los suyo a la lucha cotidiana por un mundo diferente. “Me alegra como banda, después de tantos años, seguir manteniendo este mensaje. Tenemos muchos compañeros que nos van informando en Chile, acá en Bariloche, entonces después, cuando sale la información en la prensa burguesa, no nos interesa (…) gracias a esos audios, mensajes y textos estamos como inmunizados ante tanta desinformación” sentenció Guille mientras el público empezaba a responder en un cántico ‘la prensa burguesa, no nos interesa’, la asamblea comenzaba a tomar un ida y vuelta. 

 

“Lo que ha hecho este gobierno, puntualmente, en cuanto a la política de DDHH es muy complejo, quiero que pensemos en estos términos, dos personas murieron, Nahuel y Maldonado en una situación de conflicto con las fuerzas de seguridad. Son compañeros, si pienso en Santiago pienso en lugares como La Cultura del Barrio, lugares en común que podríamos transitar” mientras algunos y algunas les recordaban a los gritos las y los detenidos durante la aprobación de la reforma previsional. “Es muy compleja la situación, nosotros tenemos veinte años de tocar, la banda se creó en el ’95, una época terrible. Y el Hardcore punk se encargó mucho de analizar lo que después iba a ser esa crisis brutal en el año 2000/2001. Todas las bandas que escuchan, NDI, Fun People, todo lo que escuchan de ese momento estaba tallando directamente y diciendo lo que iba a pasar cinco o seis años después. Muchas de esas bandas siguen tocando hoy en día con otras formas, Bandera de Niebla, Boom Boom Kid, ¿si?, la verdad que habla de seguir resistiendo. Creo que ahora estamos un poco más preparados nosotros como banda (..) si pasamos el menemismo creo que podemos resistir cualquier cosa. Creemos que esto, [por el show] de alguna manera, es juntarse a eso, a resistir, a juntarse a generar estos espacios de contracultura”.

Arrancó ‘Puente de piedra‘, tema que abre su última placa, y Eterna Inocencia comenzaba a despedirse definitivamente en un mar de pogo, emotividad y abrazos. ‘Nuestras fronteras’ se llevó la última estampida, la última subida al escenario y los últimos gritos… al menos por un tiempo.

La banda se despidió, y logró su cometido, los aplausos se fundían con esas ganas inmensas de resistir hasta las últimas consecuencias ante los avasallamientos constantes de nuestros y nuestras gobernantes. Salimos nuevamente al costoso barrio de Palermo, el frío colmaba el cuerpo y las ofertas de comida vegana antes de tomar los bondis para los lugares que habitamos iba llamando al hambre. Doce de la noche y todo un colectivo para pensar y repensar cómo continuar resistiendo.

 

PH: Nico Avelluto

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