#Entrevista ‘Pasajeras permanentes’, una poética de la resistencia

Andrea Beltramo

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

Pasajeras permanentes es una obra que combina la experiencia del conurbano, la urgencia por hacer teatro como un abordaje, una mirada cercana, de nuestro pasado reciente. Resonando en la memoria colectiva aquel 2001, que parece ayer, pero del que han pasado ya casi veinte años.

Sinopsis: Viajando de limbo en limbo, Mirta y Marta se cruzan en este país misterioso, inexplicable, con la Ñades Froilan. Una mujer hecha jirones por su historia, a quién le prestarán sus propios cuerpos para entenderla. Irán desgajando lentamente su pasado: el de un amor romántico-nacional, trunco, que la condenó como a una vaca: a levantarse cada día y mugir perdiendo el sentido de la realidad. O encontrándolo. Eso depende de cómo se la mire.

Leila Loforte es Marta, Florencia Fangi Boggia, Mirta, y Tomás Graziano, dramaturgo y director de la obra. Compañía El garaje, una tríada que, además, hace mil y otras cosas para que cada domingo, en la sala del Corrientes Azul, el teatro independiente cuente una historia.

-¿Cómo fue el proceso creativo de la obra?, ¿cómo llegaron a hoy en cuanto a lo poético, sensible?

Flor: Fue un proceso creativo largo. Que llegue a su momento cúlmine a mí me pone muy contenta.

Tomás: el proceso partió de una inquietud de ellas porque tenían la intención de comenzar a trabajar desde un texto de Tennessee Williams. Pero adaptar eso, hacerlo propio, y traerlo a nuestro mundo… bueno, empezamos a trabajar a partir de improvisaciones y yo a escribir a partir de esos disparadores.

-Lo encararon como un proceso  de investigación, anterior al texto.

T: Sí, un proceso que habrá durado como un año y siete meses.

-¿Ya eran compañía?

T: No, nos conocimos… ellas ya se conocían de antes pero nosotros nos conocimos haciendo esto.

Leila: Claro, el proyecto nos hizo armar este grupo.

F: La obra conlleva un proceso con mucha otra gente que fue, que vino, que se abrió, que sigue participando por ahí desde otros lados, hubo cambios de vida en el medio, mudanzas, separaciones, de todo, un montón de personas que al pasar por nuestras vidas, al ser tan propio el proceso, pasaron…

L: Hubo mucha reescritura grupal hasta que llegamos a la escritura de Tomi, que es el texto que ahora está en la obra y es el proyecto final, pero en total, es una investigación de unos tres años.

-Por lo que contaba Tomás, el proceso tuvo mucho que ver con la dramaturgia escénica…

T: fue algo que, partiendo desde esa poética de Tennessee Williams, empezamos a investigar personajes, mundos posibles, dentro de esas temáticas, dentro de ese tipo de mundo, hasta que el año pasado en el verano dijimos «bueno, basta», hay un montón de material acumulado y hay que sintetizar. Terminé de darle forma y en el primer ensayo nos juntamos con el objetivo de llegar a fin de año con algo armado, poder mostrarlo una en dos funciones, hicimos una en San Miguel y otra en capital.  Ahora estamos acá…

-Qué difícil poner fin al ensayo y llevar la obra al público, está lista, saber eso…

F: El público te devuelve algo que nunca lo hubieras descubierto sólo ensayando, hay cosas que sólo…

L: Es enfrentarlo a la otra parte de la comunicación que es el teatro, porque sino haríamos teatro sin público. Enfrentarlo para que el otro te retroalimente y complete.

T: Ya sabemos qué es lo que queremos contar, sabiendo eso lo que queda es darle una forma y que sea lo más concisa, sólida y contundente. Y eso todo el tiempo se está revisando, pero ahora ya está armado.

-¿Por qué eligieron investigar desde Tennessee Williams?, ¿cómo llegaron a ese autor, más allá de que es uno de los clásicos, claro?

L: La obra que me propone Flor, ella es la culpable de todo esto, es un texto que no es de los más conocido, no es de los clásicos, de hecho tiene una característica bastante surrealista, que no es lo que más se conoce ni es lo que más se estudia en teatro sobre este autor. Tomar algunos de sus textos cortos fue el disparador y ver qué de eso se podía traer a Argentina, qué nos resonaba en la actualidad y qué podíamos decir con eso.

T: Un poco de Tennessee Williams queda pero, bah, ¡no sé si quedó algo!… se transformó mucho, lo que pasaba que la obra que tomamos como punto de partida, al leerla nos parecía que política y socialmente describía algo muy similar a nuestro país. Entonces pensamos en traer esta historia a algún punto del conurbano.

-¿Cómo traer a este Sur una mirada crítica como la que hacía Williams a ese otro Sur que es el de EE.UU en su época? Sobre todo porque es una mirada contrahegemónica, desde las posiciones de los desplazados y marginales, ¿cómo hacer ese cruce entre sures?

T: Eso requirió primero una etapa de adaptación en la que nos juntamos todo el grupo y básicamente íbamos muy salvajemente cambiando, acá dice que comen pescado frito, bueno, comen asado. Y así cambiando términos y así se fue armando, y después, en la reescritura final se empezó a jugar un poco más con esos significantes como para generar un todo coherente.

-Queda también esa forma de Williams de presentar a las mujeres, abandonadas, desposeídas, a la espera, pasionales…

L: La protagonista, que su historia se cuenta en títeres, en nuestros cuerpos, en sí es una mujer abandonada.

T: Eso es lo que quedó de Tennessee Williams, ese universo. Pero también estábamos buscando una estética propia, con lo que sabemos, con lo que tenemos, ¿qué podemos contar? ¿Qué recursos nos podemos valer para contar esta historia? Los títeres, por ejemplo, fueron una posibilidad que decidimos usar. Por fuera de ser un proceso de creación de una obra, también es un proceso de búsqueda de una estética propia.

-¿Vos trabajás especialmente con títeres, Flor?, ¿te dedicabas a hacer títeres?

F: Yo estoy haciendo títeres y la carrera en el Regio y Tomi trajo la propuesta de los títeres.

-¿Y cómo es esa experiencia desde lo actoral, incorporar los títeres?

L: Yo hago danza teatro, en realidad nunca había trabajado con títeres, capaz sí había trabajado con algunos objetos porque hice algún curso con objetos, pero nunca con títeres, que es más difícil que el objeto.

-¿Porque pasa por el cuerpo?

L: En realidad lo contrario, cuesta porque más que pasarlo por mí tengo que disociar. Porque en teatro trabajás desde el cuerpo, pero acá tenés que disociar corporalmente, porque el objeto no debería ganar al cuerpo personal. En eso ando trabajando, que no nos ganen, porque los manipulamos y se nos ve. Entonces es tratar eso, que la expresión se concentre en el títere, es lo más difícil de la obra, por lo menos para mí.

F: Porque el personaje migra de un cuerpo propio a un cuerpo ajeno que encima es la mano, y el personaje es toda la mano, y hay algo que pasa que a vos te dicen “mové la cintura” y uno mueve la cintura propia, pero en realidad es la cintura del títere en tu muñeca, entonces tenés que disociar y se te mueve el cuerpo. Tenés que lograr una disociación fuerte que, a la vez, nos permite desdoblar el tiempo. Además, lo que permite el títere de guante es el vacío de… imaginate que el de guante ni siquiera tiene piernas, y uno los ve caminando, corriendo, bajándose del caballo… o cuando te dicen que se ríe… Lograr esa expresión es complicada, es un desafío.

-¿Y la mirada situada en lo social, especialmente centrada en el 2001, viene de un compromiso propio que los une para pensar la historia más reciente, o es este presente de la Argentina que los lleva a preguntarse por aquel pasado?

T: Creo que hay de las dos cosas, porque la obra se desarrolla en dos tiempo, el presente y una mirada sobre un pasado que tiene que ver con el 2001, que es donde está situada la historia, pero no es que hubo una propuesta para hablar de la crisis del 2001 o de la situación económica actual sino que fue jugando dentro de una historia donde se cuenta el desamor, y a partir de esa historia de desamor, y a partir de ese juego lúdico fuimos viendo, como de costado, otros signos que te refieren a algo un poco más grande. Me parece que es genuino cuando pasa eso, cuando desde el juego llegás a una conclusión que tiene que ver con una mirada sobre lo social y no a priori…

F: También viviendo en capital es difícil salirse del lado político, yo soy de Chajarí, Entre Ríos,  muchos de nuestros ensayos fueron en Callao y Corrientes, entonces, a mí me pasó mucho eso de no saber si la obra se estaba escribiendo al ritmo político o si nosotros estábamos escribiendo la obra, porque nos pasaron realidades que hoy en día están en la obra y que forman parte del presente de la vida Argentina. Cosas que adelantamos en la obra, esto que dijimos que iba a pasar ya pasó. Por ejemplo, empezamos ensayando con el boleto a $6,25 de colectivo y en la obra mi personaje dice en un momento, “¡$17, 40!, pero voy hasta acá nomás” y hoy el colectivo está a $18 pesos, entonces es como…

Tomás es de San Miguel, Leila de Lomas de Zamora, Flor de Chajarí. Durante la entrevista unas y otro relatan anécdotas y experiencias del conurbano, el tiempo de viaje para llegar al ensayo, la centralidad de la ciudad porteña, todo pasa en el centro. Perderse en Rafael Calzada sin celular, postales que no exotizan los barrios más allá de la General Paz porque los conocen de primera mano. La importancia de saber de dónde uno viene mientras camina hacia un destino posible, entre muchos otros…

T: Yo me identifico más con un teatro de la periferia y no del centro de la capital, con algo que tiene otra rudeza, no porque vaya a haber violencia o sangre, no sé, con algo donde la cosa está viva de otra forma, la sensibilidad no es tanto la emocionalidad, llorar o no llorar, sino que la sensibilidad es tener los ojos abiertos, el tacto palpando lo que es concreto, la realidad, lo que está ahí. La poesía pasa por ahí, por un lugar un poco más llano. Eso es lo que a mí me seduce a la hora de escribir y a la hora de dirigir, como un modo de búsqueda de una estética, digo en búsqueda porque es la primera obra que dirijo…

PH: Camila Szczygiel

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Tomás Graziano

Actúan: Florencia Fangi BoggiaLeila Loforte

Vestuario: Veronica Casanovas

Diseño de luces: Tomás Graziano

Diseño De Sonido: Tomás Graziano

Realización de objetos: Florencia Fangi Boggia

Realización de títeres: Florencia Fangi Boggia

Fotografía: Manuel RuizAbril Suárez Bueno

Asesoramiento artístico: Gastón GuerraCristian Palacios

Dirección: Tomás Graziano

Pasajeras permanentes se presenta en la sala Corrientes Azul, entradas por Alternativa Teatral. 

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