Leandro Ojeda

Redactor at Corriendo La Voz
21 años. Estudiante de comunicación social. Casi cinefilo. Fanático de Boca Juniors y de "el loco" Bielsa. Muerdo las pastillas que no se muerden y trago casi sin masticar los caramelos masticables.
Leandro Ojeda

La miniserie Encerrados es una producción argentina que usa como eje conductor el encierro de sus protagonistas. ¿Hay muchas chances de encontrar estos pedazos olvidados de la plataforma, o estamos tan aislados como los protagonistas de la serie?

En más de una ocasión, entrar a Netflix sin saber qué mirar puede ser un poco apabullante. Lejos de la felicidad y la abundancia que puede presuponer la amplia oferta de la plataforma, lo más común es sentirse mareade en el medio de miles de sugerencias basadas en nuestro historial. La suma muchas veces genera que la pantalla principal sea un choclo de series, que -la mayoría- son muy parecidas, o que tienen les mismos actores que otra que tuvo éxito, o que son producciones originales y están de estreno. Funciona casi como un espiral que en gran parte de los casos, lejos de sumergir a les clientes en la variedad de distintos productos, les mete, otra vez, en el mismo universo.

“Porque viste tal serie te recomendamos esta” y también aquella película, pero eso sí, hay solo un 15% de coincidencia entre lo que viste y lo que queremos mostrarte. Puede parecer difícil escaparse del ejercicio porque -de hecho- lo es. El contenido de Netflix se replica una y otra vez, no solo por la propia plataforma, sino por les fans de las series, que las militan con capa y espada, o por sus detractores, que las odian y las revientan en cada conversación que pueden. Más allá de los algoritmos de Netflix, de sus bases de datos y sus cálculos estrafalarios, está ese costado casi analógico de la vida, la famosa recomendación boca a boca, esa que todes alguna vez han desoído y que cuando más insistente se torna, más rechazo causa sobre les que la reciben.

Entonces ahí aparece, algún día, medio de casualidad y medio por obra macabra de esos cruces de datos que hace internet; esa serie que nunca habías visto al pasar y de pronto, está en el inicio del bendito Netflix, ni siquiera se tomaron el trabajo de calcular cuánto porcentaje de coincidencia tiene, porque es de 2015 y tres años son mucho en estos tiempos. La serie se llama Encerrados y está ahí gracias a que ganó un concurso del INCAA, son 13 capítulos que duran en promedio 25 minutos y todos están atravesados por alguna situación de encierro que sufren les protagonistas y que puede ser tanto física, como mental.

Hasta ahí es difícil entender por qué esa miniserie está tan escondida, por qué pasa tan desapercibida. ¿Qué pasó hace tres años cuando salió que no reventó por todas las pantallas? ¿Por qué la gente no la defendía o la defenestraba por todas las redes sociales? El director Benjamín Ávila ejecuta capítulo a capítulo una muestra de sencillez y de resolución en poco espacio (La mayoría de los episodios transcurren en un solo escenario). Esto sumado a muchas grandes actuaciones, lleva la premisa a una resolución muy atractiva.

Martin Slipak, Martin Piroyansky, Silvia Pérez, Pilar Gamboa, María Canalé,  Fabián Vena, Luis Machín y otres tantes conforman un elenco que varía capítulo a capítulo. Son historias sin conexión una de la otra, pero con misma temática en común: el encierro. El choque sociocultural de tres mujeres encerradas en el lavadero de un edificio, la inevitable sociabilización de dos personas encerradas en un ascensor, el horripilante mundo repetitivo de la rutina. Mundos distintos pero comunes, que a su vez están en el mismo universo pero parecen totalmente desenchufados.

Ese capítulo casi teatral

En el subconsciente queda dando vuelta una construcción del encierro, algo que se trae desde el aprendizaje, desde lo innato o desde la experiencia. La serie habilita una vuelta de tuerca y repara en un costado no tan abordado en otras ficciones; el aislamiento mental y psicológico.

El cuarto episodio se llama Rutina y cuenta la historia de una pareja agobiada en la presión de la repetición. Les protagonistas exploran una escenografía ambientada casi al estilo teatral, todo es representativo: hay una cama, la cocina, una mesa y un auto. Todo eso alcanza para que las desventuras de esta pareja terminen cada día concluyendo en las mismas discusiones, que por más que muten o varíen mínimamente, arrastran las mismas temáticas y loopean a les personajes, que -de forma inevitable- al día siguiente deberán levantarse y repetir su día. La desesperación mental de alguien que está condenade a seguir el mismo camino, una y otra vez, aunque no quiera, o incluso aunque no lo sepa. Ese encierro innato e indetectable es el que también se ve reflejado en varios de los capítulos.

Quizás Encerrados no cumple los estándares normales que Netflix busca para sus recomendaciones, por eso queda en algún rincón oscuro de la página, pero la propuesta es mucho más que un simple pasatiempo. Es la invitación a pensarse une misme, a pensar en el aislamiento, en los límites, en lo fácil que puede resultar sentirse libre mientras que una página nos dice cuanto porcentaje de coincidencia tiene una serie con nosotros.  Encerrados resguarda ese costado marginal, esa delicia del boca a boca, ese placer de mirar algo que te recomendaron y decir que te gustó, anotarse el mérito y escaparse por un ratito del encierro de Netflix.

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