Elsa Rodríguez: retrato de una mujer trabajadora

Gabriela Krause
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Elsa Rodríguez, ejemplo en vida de la mujer trabajadora, militante y luchadora, fue herida de un balazo en la cabeza por la misma balacera que se cobró la vida de Mariano Ferreyra el 20 de octubre de 2010. Los muertos podrían haber sido dos. Pero ella, contra todo pronóstico, se levantó y afrontó una serie de rehabilitaciones para recuperar su vida cada vez un poco más. Hoy, a siete años de aquella marcha por los tercerizados ferroviarios, levantamos también su nombre como bandera.

¿Quién es Elsa Rodríguez? 

Madre de siete hijos, llegó de Uruguay – su país natal – a Argentina por ocurrencia de su marido, que ni bien llegados abandonó a su familia. Sus hijas relatan en más de una ocasión cómo su madre se puso al hombro a la familia y luchó por ellos en un país que no era el suyo. Pero no sólo luchó por ellos: ella, mujer trabajadora e incansable, hizo suyas las luchas de un montón de compatriotas adoptados más, sin rencores por lo difícil que le había resultado su nueva locación.

Cuando llegaron de Uruguay, todos le cerraron la puerta en la cara. No tenía nada para darle a sus hijos y salía a limpiar casas por una moneda. Con todo el panorama en contra, logró sacar a su familia adelante. Y en 2001, en pleno Argentinazo, comenzó a militar con el Polo Obrero. Según sus hijas, Elsa luchaba más por otros que por si misma. Así y todo, cuando comenzó a militar en el PO, todos comenzaron a acercarse para ofrecerle chapas. Así, Elsa pudo acomodarse un poco más en una casa que igual siempre fue muy precaria. El sólo hecho del ofrecimiento de alguna de sus hijas referido a mudarse con ellas, la ofendía. Mujer independiente, luchadora, desde abajo, Elsa Rodríguez buscaba para todos y tosas la libertad que soñaba ella también con alcanzar, era la referente y organizadora que buscaba las mejoras en un comedor de Berazategui que supo vivir, disfrutar y compartir su enorme generosidad. Nunca estaba en su casa: Elsa se pasaba la vida de militancia y militancia, enarbolado antes que nada su potente libertad.

Mujer que escuchas, ¡únete a la lucha! 

El 10 de octubre de 2010, diez días antes que un balazo amenace con terminar con su vida, Elsa viajó a Paraná en el marco del 25° Encuentro Nacional de Mujeres. De allí, dicen sus hijas, volvió renovada, contenta, cambiada. Decía “yo no tengo marido. Si quiero comer, como. Voy y regreso a la hora que quiero. No tengo que rendirle cuentas a nadie”.

Elsa tenía 56 años, en ese entonces, pero captaba a la perfección el significado de esos encuentros. En esas palabras, casi ingenuas, englobaba para el entendimiento de sus hijas todo lo que muchas sentimos cada vez que volvemos de un ENM. La militancia, ese espacio que algunas y algunos creen reservado para la juventud, es muy significativa cuando se da en estas personas más mayores. Imagino, no puedo dejar de hacerlo, todo lo que implica un proceso de deconstrucción con una vida mucho más afianzada. Si a nosotras y nosotros, jóvenes, nos cuesta y nos supone un esfuerzo cotidiano, ¿cuánto habrá tenido que desandar Elsa para poder encontrarse con otras compañeras y entenderse como una mujer en libertad?

Barracas, octubre del 2010

El 20 de octubre, Elsa recibió un disparo en la cabeza durante la emboscada orquestada por la Patota Ferroviaria que respondía a la burocracia sindical ferroviaria, comandada por José Pedraza. El objetivo era amedrentar a los trabajadores tercerizados de la Línea Roca, que pedían el pase a planta permanente. Una marcha que parecía pedir un derecho básico y que debiera haber terminado en paz y que se cobró la vida de Mariano Ferreyra y dejó heridos a Nelson Aguirre, Ariel Pintos y, por supuesto, a ella.

Por suerte, la pudieron llevar al Argerich a tiempo, y si bien sus compañeros esperaban la peor noticia, Elsa sobrevivió. Luego de las graves lesiones que, no sólo pusieron en riesgo su vida, sino que le dejaron, como un cruel legado y recuerdo de los sucesos, una afasia y parálisis corporal, que poco a poco fue superando, recuperando las capacidades lenta pero firmemente, recordándonos que es un emblema de lucha aun después de todo lo sucedido y que no hay patota ferroviaria que la pueda amedrentar.

Gracias, Elsa

Mamá, empleada doméstica, ama de casa, responsable de sus hijos tras el abandono del padre de sus hijos, en un país que no es natal pero que supo adoptar, en medio de carencias y marginaciones, organizadora barrial de un comedor comunitario, piquetera, militante, coqueteando con la lucha de género y más cerca de los sesenta años que de los veinte que cualquiera imagina en una figura así, en 2010 y hoy en día Elsa Rodríguez es una imagen que queremos y debemos reivindicar. Con poca presencia en la agenda mediática, Elsa Rodríguez no se puede olvidar. Porque ella también estuvo ahí, con Mariano, luchando por el cese de la precarización de alguien más. Porque nosotros, nosotras, también estamos acá, levantando la bandera de Mariano, recordando que Elsa sobrevivió, pero podría no haberlo hecho; recordando que Elsa sobrevivió, y que la vida que arriesgó, la arriesgó, directa o indirectamente, también por todos los que seguimos en pie.

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