#Elecciones2019 Táctica y estrategia de la rosca

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

Indignación, incredulidad, incomodidad, algarabía, celebración, sorpresa: la presentación de alianzas y el inminente cierre de listas sacudieron la carrera electoral que había largado con el anuncio de la fórmula Fernández –Fernández. Con las cartas sobre la mesa, sólo resta esperar el reparto en las listas y el chicaneo mediático que se avecina. Intentaremos repasar los últimos sucesos de las primeras planas de la política vernácula.

El sábado 18 de mayo Cristina Fernández, senadora y líder de la oposición social al gobierno de Mauricio Macri, anunció que será candidata a vice presidenta, acompañando en la fórmula a su ex jefe de Gabinete y también ex rival político Alberto Fernández. Mucho se ha escrito sobre este gesto: desde que se trata de un renunciamiento histórico en pos de conseguir una victoria que no sería posible por el voto-rechazo a CFK, o bien que se trata de no asumir la primera línea de un mandato que tendrá mucho de austeridad y que no podrá replicar tan fácilmente las políticas redistributivas que caracterizaron ciertos momentos del kirchnerismo, hasta las teorías conspiranoicas que dan cuenta de un plan de correr a Alberto de la presidencia para ocupar su lugar, pasando por un sinfín de hipótesis, cuestionamientos y celebraciones. Las motivaciones reales detrás del inesperado giro puede que no las sepamos nunca, pero sí podemos leer claramente una consolidación de los componentes más moderados o menos confrontativos del kirchnerismo, que tendrá una Cristina con menor exposición pública, con menos protagonismo en actos y apariciones en medios de comunicación, lugar que ocupará el pre-candidato a presidente. Casi todes les alineades a ese espacio político celebraron la decisión y reafirmaron su convencimiento. A  veces, con lecturas inesperadamente elogiosas.

El Frente de izquierda amplió su alianza al incorporar al MST (Foto: Agencia Télam)

Ante un escenario que parecía mágicamente resuelto en función del tándem FF, las miradas comenzaron a posarse sobre el oficialismo, que insistía en dejar a María Eugenia Vidal, su figura con mayor imagen positiva, en terrenos bonaerenses. Es así que respondió, pocos días atrás, con otra jugada inesperada, aunque no tan sorprendente, Miguel Ángel Pichetto, del ala derecha del PJ fue anunciado como compañero de fórmula en la lista que buscará la reelección del presidente Macri. Las motivaciones detrás del ofrecimiento se vieron casi instantáneamente: corredores de bolsa y fondos de inversión comenzaron a operar para que los números echen algo de luz a la posibilidad de reelección de la alianza Cambiemos: subieron acciones y bajaron el riesgo país y el dólar. El ex jefe de la bancada del justicialismo en senadores fue uno de los tantos personajes poco felices que traccionaron fuertemente los gobiernos de CFK hacia posiciones antipopulares. Uno de esos tantos sapos que el fandom kirchnerista nunca accedió a cuestionar cuando lo tuvo en sus filas, y que ayer nomas descubrió en él un personaje filo fascista.

Mientras tanto, la izquierda ha tomado caminos dispares. Por un lado, hay quienes siguen habitando la nostalgia de la primavera antipartidaria del 2001/02, con el que se vayan todos en loop y sin lecturas coyunturales, reproduciendo en redes sociales memes irónicos que ponen en evidencia tanto la rosca política mainstream como su incapacidad de proponer alternativas que escapen a la micro-marginalidad. Al mismo tiempo, el Frente de Izquierda –que también tuvo su cuota de infantilismo político con memes alusivos a la fórmula FF- dio un enorme paso de unidad al incorporar al MST a sus filas, ratificando el camino iniciado en 2011, cuando la reforma electoral empujó a los partidos que la conformaron a crear una alianza que ha mostrado, aun con sus diferencias internas, una continuidad inédita en el resto de los espacios políticos. En el camino quedaron, una vez más, los espacios de Luis Zamora y Manuela Castañeira, que difícilmente superen las PASO. El referente de Autodeterminación y libertad, casi su sello personal, irá como candidato a diputado nacional por la CABA, único distrito donde presentará listas. La militante del Nuevo MAS, por su parte, es la única mujer pre-candidata a presidenta.

Por su parte, el espacio de la autodenominada izquierda independiente encabezado en el AMBA por el Movimiento Popular La Dignidad y Patria Grande, que hace tiempo ya blanqueó su apoyo ¿crítico? al kirchnerismo, apoyará la fórmula Fernández – Fernández desde el Frente Patria Grande, que conformó junto con Juan Grabois, una figura ultrapersonalista, antiabortista y amigo de Jorge Bergoglio a.k.a Papa Francisco I, que cuando no derrapa en sus declaraciones públicas, puede sumar un caudal de votantes a partir de su rol como referente de la Coordinadora de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). El frente también cuenta con la pre-candidata a legisladora más joven de la historia latinoamericana: la tercera Fernández, Ofelia, de 19 años, ex militante de secundarios, recordada por su intervención en el anexo de la Cámara de Diputados, en pleno debate por la legalización del aborto. Ofelia logra interpelar un amplio sector, no sólo del activismo estudiantil en secundarios con énfasis en el voto adolescente –fue de las pocas que alzó la voz para que quienes tienen entre 16 y 18 años puedan empadronarse a tiempo- sino también del feminismo que puede ver en ella un aporte de notas verdes a la bandera vaticana que se pasea entre las sombras de su frente electoral.

La mentira se acabó

Finalmente, la llamada tercera vía implosionó. Sostenida más como expresión de deseo de intelectuales, periodistas y funcionarios que querían una porción de la torta al formar un espacio en el que no se encuentren tan subsumidos a otros nombres de peso, la ancha avenida del medio nunca propuso algo diferente en tanto modelo político y económico que los dos mayoritarios. Con más prensa que base social, Alternativa Federal y Nueva Mayoría se repartieron en las filas macristas y kirchneristas, con excepción de la otra fórmula en juego: Lavagna-Urtubey. El ex ministro de economía fue presentado por los medios como el hombre para romper la grieta, y lentamente, a medida que fueron anunciándose las alianzas, quedó tan sólo como llegó en un primer momento. Lo mismo para el gobernador salteño, que lejos allá en el tiempo sonaba como una posible continuidad del kirchnerismo, en la previa de 2015, y hoy parece no tener espaldas para dar un salto nacional.

Quedaron delineados, nuevamente, los dos modelos que se disputan la conducción del ejecutivo nacional. Claro que no estamos hablando de dos modelos económicos opuestos. Con la crisis económica que, aunque dio sus primeros golpes en el último gobierno de CFK, implosionó merced a las políticas de ajuste de Cambiemos auspiciadas por el FMI, no habrá mucho margen para las políticas distributivas que pueda proponer el espacio referenciado en la ex presidenta. Si algo parece indiscutible, es que la posible llegada del Frente de Todes podría morigerar la aplicación inobjetable de las recetas del Fondo, y aplicar algunos paliativos para una población que aumenta en sus índices de desempleo y pobreza; aunque por ahora son sólo juicios previos.

La política de medios parece un tema saldado para Alberto Fernández, lo que dejaría la comunicación tal y como está en manos de las corporaciones. La legalización del aborto seguirá siendo una proclama callejera que se hará oír año a año, hasta que la conformación parlamentaria termine por hacer lugar a esa demanda. La política de seguridad y el comando de las Fuerzas de Seguridad merece una reforma profunda que tampoco se avizora en la alianza opositora, más preocupada por lo que más le daña: la entente formada entre los servicios de inteligencia y la corporación judicial que, más autónoma o más opositora, se ha vuelto un factor clave en el no tan sano desarrollo de las democracias latinoamericanas.

La falta de aliados a nivel latinoamericano también se vuelve un limitante para un gobierno progresista que busque retomar la narrativa nacional y popular que caracterizó las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Quizás el modelo que pueda llegar a emularse es el de Andrés Manuel López Obrador, quien llegó a la presidencia en México representando un imaginario de izquierdas y se ha demostrado en posiciones más centristas a partir del dialogo abierto con Donald Trump, o la continuidad de las Fuerzas Armadas en el combate al narco, cuando en campaña había insinuado el camino opuesto.

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