El Plan y su ritual de luna llena

Martín Moor

Martín Moor

Periodista. Militante de la buena fe. Una pelota, algún disco y muchos recitales para que existan más historias que contar. Recomendando bandas siempre.
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El Plan De La Mariposa presentó Devorando intensidad, su nuevo disco, en un Teatro Vorterix agotado. La banda oriunda de Necochea pudo concretar de manera exitosa una apuesta que podría empezar a proyectar su destino y llevarlos a que este sueño se vaya expandiendo cada vez más. Corriendo La Voz fue testigo de este viaje que realizaron los cinco hermanos Andersen junto a dos amigos y, en las siguientes líneas, te contamos todo lo ocurrido en un show único.

Cerca de las 20:30, cuando el artista invitado Nahuel Briones había dejado de hacer sonar su guitarra, el telón del teatro de Colegiales se volvió a cerrar y una mujer disfrazada de loba comenzó a danzar en la parte superior del escenario. A las 21, puntuales como ya lo habían anticipado por las redes sociales, sonó esa viola recargada de rock en manos de Valentín Andersen: Invierno nuclear dio la partida inicial y la voz del grupo dio la bienvenida a todos. La lista de temas respetó el hilo conductor protagonizado por el nuevo álbum de estudio, entonces, continuaron ¿Cómo decir que no? y Mar argentino, canciones de gran repercusión entre los fanáticos y convenientes para mantener el clima que se estaba viviendo bien arriba. El recital se empezaba a calentar y ya se notaba por qué iba a ser distinto y especial.

Cada uno de los temas que sonaron en Vorterix tuvo su significado especial. Este grupo de hermanos y amigos puede pasar de la euforia a la calma en cuestión de minutos. Esa energía que irradian en cada melodía lograba mantener en un trance habitante (si, así como el nombre del segundo disco) a su público. La buena vibra que dan los acordes de la guitarra de Valentín, el agite constante del violinista Santiago en canciones como La lanza de mi fe, la sensación de paz que transmite en coros Camila a través de sus bailes como en Ella es agua o Viajo con el sol, la perfecta armonía del teclado o acordeón de Máximo como, por ejemplo, en Niño Abuelo, los singulares movimientos de manos y pies de Sebastián, el gran punto de unión entre la batería de Julián Ropero y el bajo de Andrés Nor daban espacio a una enorme conexión entre los músicos y la gente presente en el recinto. Era observar personas cantando cada canción con mucha emoción y expresión corporal, disfrutando cada instante. Todo fue una gran compenetración, mejor dicho: locuras de un viaje sin fin.

El arte de esta banda se identifica por lo novedoso, y es por eso que causa tanta impresión y comentarios de buen augurio en la gente que los sigue. En la entrevista realizada semanas atrás al líder del grupo, Sebastian Andersen, nos comentaba: “la puesta en escena la vamos armando con Santiago, mi hermano que toca el violín, ya que a él le gusta mucho dibujar y vamos planeando la estética según lo que vayamos sintiendo en esos momentos y luego él trata de transmitir eso con sus pinturas” y, esta vez, la sorpresa se notó a un costado del escenario, en donde la loba que representó la tapa del nuevo disco se veía como un muñeco gigante. El público que va a compartir música a un ritual de El Plan, también queda asombrado con esos grandes detalles artísticos.

Los puntos clave de la idílica noche en Colegiales llegaron cuando Camila pasó al frente de la banda y con esa voz que tanto transmite, enamoró a todos con la versión de El cuerpo sabe. Un instante agradable para viejos seguidores fue cuando Horacio “el mono” Rodriguez, ex integrante y flautista del grupo, se sumó para hacer la bella Flor de Tilcara. El momento más sensible ocurrió cuando el frontman de la manada exclamó algo que hace varias semanas venimos pidiendo muchos argentinos: “buenas energías y que aparezca Santiago Maldonado”, y a continuación, la banda le dedicó Cruz del sur a este joven, el primer desaparecido en democracia del gobierno de Cambiemos. En Abrime los ojos gran parte de los espectadores mostró carteles con la cara de Maldonado y exigió, a través de cantos, la aparición con vida del artesano.

El fin encontró al mayor de los Andersen muy conmovido por lo ocurrido en la noche y comentó: “muchas gracias, nos vamos repletos de energía, ¡aguante!, una alegría infinita”. El riesgo, Mi Jagger, Romance con el desapego y Te quiero, canciones bien eléctricas para aquellos que les gusta el pogo, dejaban con varias gotas de sudor a los presentes. La banda de los hermanos devoró de intensidad el Teatro Vorterix de principio a fin sin duda alguna. Estos músicos dan lugar a la diversión, pero también a la reflexión: las letras están cargadas de amor y de reflexiones. El Plan De La Mariposa es un viaje de ida, la energía mágica que dan te envuelve y no te deja volver. Quien no se haya subido a este colectivo de miles de sensaciones regaladas a través de la música, ya es hora que empiece a darle curso.

Nota relacionada: http://corriendolavoz.com.ar/elplandelamariposa-tenemos-una-relacion-de-fraternidad-y-amor-con-nuestro-publico/

Fotogalería a cargo de Victoria Fusco.

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