El permiso de la RAE, o el chamuyo de la dimensión universal de la Lengua

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

Fulera posición de la Real Academia Española en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) que se inauguró el pasado 27 de marzo en la ciudad de Córdoba. Desde su apertura daban ganas de tener un bulincito donde esconderse por vergüenza ajena frente a tanto chamuyo al cuete.

El CILE 2019 contó con la participación del presidente Mauricio Macri , con un discurso que de ingenuo tuvo poco. Su intervención fue una postal customizada de los ideales criollos de la generación del ’80 del siglo XIX cuando celebró la lengua castellana como reparadora para América Latina y El Caribe de lo que él imagina pudo haber sido una Babel con la dimensión de una catástrofe para la comunicación entre los pueblos.

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Lejos de cuestionar el pragmatismo presidencial frente a la dificultad que entrañaría la posible necesidad de aprender más de una lengua en su caso, es interesante detenerse en las ideas que subyacen en su discurso. Aunque sólo para mirarlo al vesre y que en el eufórico mensaje no se meta la mula de la hermandad superficial y de corto alcance.

En La Nación y sus otros, la reconocida antropóloga Rita Segato, distingue las diferentes dimensiones del autoritarismo del proyecto moderno independentista de las élites criollas, y algunas semanas atrás lo explicaba así en la Fundación Mercedes Sosa, durante el Primer Festival de las Mujeres. “El acriollamiento capitalino (…) ha empobrecido nuestra visión de la Nación porque ha negado la pluralidad de pueblos que habitan dentro de la Argentina. El Estado Nacional, en el pasaje del siglo XIX al XX, con estrategias muy precisas, como la escuela, la higiene y el servicio militar, intentó borrar y homogeneizar este país a sangre y fuego y eso es algo que el país pagó un precio muy caro por ese Estado aplanador, acultural, que tuvimos durante muchas décadas. El precio que fue pagado por ese autoritarismo de la cultura son los autoritarismos en la política que, en realidad, vinieron mano a mano con el autoritarismo cultural. Argentina ha sido durante largas décadas un país extraordinariamente autoritario al tiempo de que nos quedamos sin lenguas, sin la variedad de lenguas, puntualizó Segato. Además, durante su intervención, propuso como alternativa asumir la posición antirracista para la transformación social: “nuestra capacidad de ver uno de los caminos, el más importante de la Nación, no es el camino del criollo. El criollo es el sujeto racista, porque no sabe quién es, porque se cree blanco y aquí nadie es blanco, ninguno de nosotros, aunque haya tenido madre y padre nacidos en Europa, aunque sea rubio y de ojos azules, ninguno de nosotros cuando va a París, cuando va a Nueva York, ninguno de nosotros es blanco. ¿Por qué?, porque como dijo muy bien Atahualpa, somos emanaciones de un paisaje y somos emanaciones de un paisaje que no es blanco.”

Un ejemplo de gratitud criolla, o acaso la percepción de la vida breve desde colonialismo interno | Foto CILE – OFICIAL

En este sentido, cabe preguntarse una vez más, sobre el uso de la Lengua como instrumento de conquista, como parte de una estrategia de eliminación de la diversidad para el mayor control y disciplinamiento de los pueblos que, como menciona Segato, “es un fino criterio de homogeneidad, pero que por lo bajo están una gran variedad de historias, una pluralidad de historias, que se cruzan y una gran dificultad y una rasura en las memorias. Una de las grandes dificultades que existen es reatar los hilos de la memoria para que cada uno de los argentinos pueda tener claro de dónde viene y de dónde, ese origen, ese lugar del cual venimos, esa diversidad de lugares de dónde venimos, pueda contar su historia, porque hay una gran censura histórica que es una de las formas del racismo.”

La escritora Claudia Piñeiro, invitada al CILE 2019, participó de una mesa sobre literatura, oralidad y folclore. Su discurso fue brillante y se llevó la ovación y el aplauso de todas las personas presentes. Frente a la violencia simbólica que significa la universalización y el criterio de homogeneidad que señala Segato, Piñeiro explicó: “en el origen, quinientos años atrás, hay un hecho histórico, descriptivo, que no sería honesto soslayar: el español fue, en el origen, la lengua del conquistador.  El narrador que no viajó, el que ya estaba aquí, tuvo que adaptarse a una nueva lengua, y en muchos casos abandonar la propia, para lograr esa amalgama. La lengua española en las Américas es una lengua impuesta. Que eso haya pasado hace más de cinco siglos atrás y que hoy podamos decir que hemos constituido una cultura iberoamericana en común no hace desaparecer aquel origen, aquel acto fundacional del uso de la lengua española en Latinoamérica”.

Esta historización que hizo Piñeiro, esta mirada desde el presente, es también un reclamo para las continuidades y futuros encuentros académicos sobre el uso de la lengua en común. “El español que armamos entre todos, es suma, es riqueza en la diferencia, es compartir, pero también, en América, es la consciencia plena de aquel origen. De hecho, y para propiciar esa unión, en futuras ediciones este congreso, tal vez, debería llamarse Congreso de la Lengua Hispanoamericana. Poner sobre la mesa esta cuestión cuando hablamos de la lengua que compartimos creo que nos hará bien a todos.”, desarrolló Piñeiro. Será cuestión de esperar y ver si el reino de España decide escuchar la voz de la autora en su reclamo por diluir las fronteras del habla y la Lengua.

En otro sentido, muy alejado de la intervención mencionada más arriba, y volviendo al acto inaugural, una de las perlas que será inolvidable del CILE 2019 tiene que ver con el furcio de Felipe VI cuando rebautizó a Borges como “José Luis” para hacer uso de otras de las estrategias históricas del colonialismo, la apropiación y posterior universalización de las ideas. El rey de España se refirió, quinientos y pocos años después, al idioma como un destino, parafraseando la posición del poeta y la palabra poética del gran escritor argentino. Por supuesto, nada tiene de sagrado la poesía, todo puede profanarse, aunque la instrumentalización mezquina de la voz poética venga de un rey de copas, de una baraja cualquiera.

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Piantate nomás RAE, que batís cualquiera

Durante tan sólo un día las personas castellanoparlantes tuvieron permiso para hacer uso del lenguaje inclusivo. Y fue un fake, un malentendido, una metida de pata, un derrape del director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado que, sacudiéndose el polvo de naftalina, dijeron que había dicho que «la institución estaría muy contenta de incorporar el uso habitual del lenguaje inclusivo porque la Academia estaría abierta a formar parte de la lucha global por la igualdad entre el hombre y la mujer». Todo esto se dijo, se escribió y, fake o no, la RAE apenas esperó veinticuatro horas para salir con urgencia a desmentirlo a través de sus redes sociales.

Clodet García, anarquista, reconocida feminista y activista, consultada por Corriendo la voz sobre esta posición de la RAE, reflexiona: “estoy bastante harta de todas las discusiones en torno de la RAE, está muy bien que se la interpele, está muy bien que se la discuta, pero nuestras existencias no precisan de la RAE para expresarse, para alumbrarse, para nombrar, para nombrarnos, de todas las maneras que se nos ocurran. La palabra es profundamente política, sabemos que la palabra trae a la existencia nuestras identidades, nuestras orientaciones sexuales, nuestras luchas, traen a la existencia este momento tan singular del mundo donde todo está siendo interpelado, se lo está despatriarcalizando todo, con todo el trabajo que hay por delante pero, también, con todo el trabajo que ya está hecho.”

La cuestión acerca del lenguaje inclusivo no deja a nadie indiferente, el debate está en las aulas, las calles, las casas, y en cada rincón de este presente en la Argentina. Con más o menos resistencia la “x”, la “e”, el  uso de “todos y todas”, y otras tantas formas de dar cuenta, desde la palabra escrita y hablada de la diversidad de identidades, la Lengua está siendo intervenida, y se trata de una de esas interpelaciones políticas de las que habla Clodet García, que va aún más lejos y propone desafiar la pregunta sobre la autoridad de la RAE en todo esto: “más que pensar en que si la RAE ahora me dice que sí y la RAE nos dice que todavía no, o que un poquito de esto pero menos de aquello otro, a mí me gusta pensar  ¿de qué hablamos cuando hablamos de la RAE? La RAE es una sigla. Podemos construir, escribir, nuestro propio diccionario y podemos, en ese diccionario, definir y dar el significado de esa sigla y recordar que la erre, esa erre de RAE, viene de Real y supone que creen en un rey que por poder de dios manda sobre el pueblo, que esa sigla está compuesta por una “A”, de academia, que sostiene que el conocimiento es uno y que se imparte de manera vertical y tiene una “E”, de española. La “E” es perteneciente a un Estado europeo colonialista que nos dominó, nos asesinó, usurpó tierras, se robó el oro y nunca lo devolvió, que cometió el mayor genocidio de la Historia, que aún hoy está colonizando, cultural, religiosa y económicamente a nuestros pueblos. Eso es la RAE, hablemos de la RAE y no permitamos que la RAE hable tanto de nosotres, de nosotras, de nosotrxs y de todas las maneras en que se nos ocurra nombrar, porque la palabra nos quedó escasa, porque el lenguaje se está reinventando, porque vamos a apropiarnos de todas las palabras que necesitemos, vamos a inventar y crear y co-crear todas las palabras que precisemos para dar cuenta de este momento, en donde nuestras existencias mutan, florecen, se visibilizan, ocupan lugar en el mundo. Miremos un poco más a la RAE, a estos académicos monárquicos colonialistas y que no nos molesten más.”

En su intervención del día jueves en el CILE 2019, Claudia Piñeiro también se refirió al lenguaje inclusivo y su relación con la dimensión colonial del ser y del saber: “de nada sirve ni oponerse ni tratar de imponer un lenguaje atravesado por la realidad: la lengua está viva y siempre será con el tiempo lo que el uso determine. No sabemos hoy si el lenguaje inclusivo terminará siendo adoptado por la lengua española, lo sabremos en el futuro. Pero muchos de los que están en contra del uso del lenguaje con perspectiva de género argumentan desde el lugar de una supuesta superioridad, con subestimación y algo de prepotencia. Casi como el conquistador que está imponiendo sus reglas en otro territorio. Y en este caso y en este siglo el territorio no es geográfico sino humano: la mujer y los géneros no binarios” y, dicho esto, cito a tres mujeres narradoras, la cantautora Charo Bogarín, la coplera Mariana Carrizo y a María Paz Ferreyra, Miss Bolivia, psicóloga, compositora, cantante y productora, tejiendo un entramado de voces con una posición crítica y política que, en sus palabras, “no aceptan, en el siglo XXI, un conquistador.”

Otra la personas consultadas por Corriendo la voz fue la periodista Estefania Santoro. Defensora del lenguaje inclusivo y la perspectiva trans, travesti y plurinacional para la construcción interseccional de los feminismos, señaló: “que la Real Academia Española venga o no a habilitarnos el uso de la “x” o el uso del lenguaje inclusivo, o el uso de la “e” y venga a aceptar ahora eso me parece de un nivel de hipocresía total. La realidad es que no venimos a pedirle permiso a nadie, ni mucho menos a una institución como la Real Academia Española que está en un noventa por ciento integrada por hombres cis. Lo que hacemos nosotras y nosotres desde el uso del lenguaje inclusivo es acompañar una lucha y un trabajo que vienen realizando los grupos LGTBIQ+ y el movimiento feminista en general, con la intención de deshacernos de la generalización en masculino. La realidad es que utilizar el lenguaje inclusivo tanto en notas periodísticas como en un ensayo académico, es una forma de desobedecer a los patrones patriarcales que continúan negando, no solamente, la presencia de las mujeres sino, muy especialmente cuestionar también el género binario. Porque lo que se intenta cuando se habla con “e”, se escribe con “x”, es romper con el binarismo de género y (…) aunque haya un grupo de personas que se creen eruditas o con mayor poder, nosotres, nosotros y nosotras no vamos a dejar de reivindicar nuestras identidades.”

Todxs, tod*s, algunes, nosotras y ellos, ¿lenguaje inclusivo o no sexista?

Sin importar lo que la RAE diga, hay otras academias que también proponen pensarse desde esos contextos locales, con los conocimientos situados y de pie en una realidad cercana como es la indudable transformación que están generando los movimientos sociales por las disidencias sexuales y de géneros atravesados por la lucha feminista y la historia de esas articulaciones en el país. Así, organizada por la Defensoría del Pueblo y con el apoyo de la facultad de Humanidades  de la Universidad Nacional de La Plata, se llevará a cabo, el 11 y 12 de abril, el Primer Congreso de Lenguaje Inclusivo. Sin duda, se trata de una oportunidad para profundizar sobre el uso político de la Lengua desde las voces organizadas en torno a esa causa, la incidencia que tiene en la vida cotidiana y su necesidad vital para nombrar lo que existe. ¿Es lo mismo lenguaje inclusivo que lenguaje no sexista?, ¿a qué remite uno y otro?

El año pasado, en el Congreso Nacional de Diversidad Sexual y Derechos Humanos celebrado en Bariloche, Blas Radi presentó una ponencia sobre este tema que es pertinente tener en cuenta aquí y ahora. Activista de DDHH, profesor de filosofía y actualmente co-coordinador de la Cátedra Libre de Estudios Trans* de la UBA, Radi comenta al respecto: “en mi presentación llamé la atención sobre las referencias al lenguaje inclusivo y al lenguaje no sexista como si se tratara del mismo fenómeno. En rigor, se trata de dos estrategias de intervención lingüística que reconocen genealogías, propuestas, agentes y objetivos muy distintos y hasta, en ocasiones, contrapuestos. Cuando hablamos de ‘visibilizar a las mujeres’, objetivo que a menudo se lleva a cabo evitando el uso del genérico masculino como si fuera universal, estamos pensando en los términos del lenguaje no sexista. El lenguaje no sexista es una estrategia que comenzó a desarrollarse en los años 70, al calor de la segunda ola del feminismo y que apunta fundamentalmente a romper con estereotipos y prejuicios sexistas. Desde entonces se han desarrollado muchos decálogos y guías con sugerencias y recomendaciones para marcar y pronunciar el género femenino (usando perífrasis, desdoblando términos -trabajadores y trabajadoras, por ejemplo-, o usando las barras -os/as-).  Estas recomendaciones suelen ser compatibles con el uso de las normas gramaticales. Ahora, el universo del lenguaje no sexista es un universo conformado por mujeres, varones y punto. Aquí la diferencia sexual juega un rol fundamental. Tal como afirma  Teresa Meana Suárez, especialista en lenguaje no sexista, cuando se resiste al uso de la @: «queremos nombrar el femenino porque existe, porque la diferencia sexual es real, no es la lengua quien la crea ».”

Hasta aquí se trata de lenguaje no sexista, afirma Blas Radi, y lo diferencia del inclusivo: las estrategias de lenguaje inclusivo no comparten ni el objetivo, ni las estrategias del lenguaje no sexista, ni los supuestos donde éstos se afirman. El lenguaje inclusivo es un fenómeno reciente, de los años 2000, las comunidades promotoras son comunidades queer y trans*, y el blanco de sus críticas no es el sexismo sino el binario de género y el cisexismo. Sus estrategias de intervención lingüística -frecuentemente consideradas innecesarias y ajenas a la morfología del español- recurren al uso de la e, de la @, de la x, o del asterisco como marcadores de ‘género inclusivo’. Y esto se debe a que no están pensando en marcar a las mujeres, y no porque haya un compromiso con su borramiento, ni con el uso del masculino, sino porque, por debajo, hay una manera completamente distinta de entender el género. Entonces, el lenguaje inclusivo no apunta a marcar a las mujeres, no es una propuesta feminista, no busca desmontar el sexismo lingüístico, sino el imperativo de la diferencia sexual y el binario de género, que marcan con violencia la vida de personas queer y trans.”

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En este sentido, Karina Bidaseca, feminista antirracista y Dra. en Ciencias Sociales, diferencia dos esferas de este debate, en línea con lo propuesto por Blas Radí. Consultada también por Corriendo la voz acerca de la falsa noticia sobre la posición de la RAE frente al lenguaje inclusivo señaló: “la inclusión de la ‘e’ por parte de la RAE tendría implicaciones de orden político y simbólico en el orden heteronormativo dominante, que destruirían el binarismo excluyente. Por un lado, del orden de los universales, las estructuras significantes  no son ni universales ni anteriores al sujeto. La creación de categorías de análisis androcéntricas utilizadas como categorías universales y neutras para estudiar la realidad significa un uso sexista del lenguaje y son excluyentes de las identidades disidentes sexuales, mujeres, trans, LBGTBIQ. Por otro, del orden de lo político, sólo lo que se nombra existe. Son las colectivas quienes luchan por la inscripción del nombre desde hace más de 40 años y han impulsado esta acción mediante el uso de símbolos @, X, *  que implican además una acción poética. Debió luego encaminarse hacia lo fonético, y este es el que permite la ‘e’.”

En el marco de este debate, la artista visual y docente de la FADU-UBA, integrante del colectivo arteMA, María Laura Vázquez, reflexiona: “yo creo que las lenguas las van modificando los pueblos, estoy convencida de esto. Se van modificando en el decirse, en el uso, en el hablarse, en la interacción. Es muy interesante porque definir la Lengua es algo tan intangible y tan relacionado con el cuerpo, a la vez, aunque pareciera que fuera algo tan absolutamente alejado. La profesora de Lengua, el libro de Lengua, las lenguas vivas, las escuelas de lenguas vivas, eso queda en un plano abstracto, pero cuando lo analizamos un poco pensamos que las lenguas están insertas en nuestros cuerpos y me parece que eso es lo más vital que pueden tener. Ese concepto de Lengua y que se modifica y se transforma a partir de la interacción con los otres”, y propone, junto con Clodet García, el ejercicio de “pensar la lengua en tanto su función poética, inventar palabras, no importa que la RAE diga que sí o que no, que la “e”, que incluya o que no incluya. Entonces, no sé qué me parece eso de que la RAE acepte o no. Te voy a dar dos argumentos que se contraponen: por un lado, no me parece interesante que lo apruebe porque ahora la “e” como patrimonio nuestro, de las que estábamos y estamos en el borde, en la disonancia, del otro lado es una “e” muy poderosa, porque es la “e” prohibida y ahora cuando, como todo, el que tiene el poder lo autoriza sale de esa clandestinidad y pasa al orden de lo legal, aunque entiendo que para ciertos actores y personas de la sociedad lo pone en discusión. Nosotres ahora deberíamos pensar en inventarnos una letra o tomar alguna otra letra que sea nuestra letra de combate y rebeldía, llamaría a que nos inventemos una letra, que no sea del abecedario del español.” Hecha la propuesta, no queda más que seguir politizando, interviniendo y desobedeciendo el corset cis-heterosexual, racista y patriarcal.

Foto de portada por Camila Almada Meneses | 8M La Plata

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