El periodismo pregunta, y los hombres no callan

Gabriela Krause
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Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
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La entrevista periodística tiene un fin. Por lo general, cuando entrevistamos a una personalidad pública, famosa o especialista en determinado ámbito, lo hacemos para conocer sus pensamientos, su obra y sus ideas en torno a sus conocimientos, habilidades o trayectoria personal. Pero muchas veces, el entrevistado decide meterse en terrenos de actualidad, por ejemplo. No parece mal, pero, ¿qué pasa cuando entrevistamos sobre temas imprescindibles a gente sin el marco, conocimiento o experiencia para hablar de algunas cuestiones?

El feminismo se viene imponiendo en la agenda periodística con una constancia que no viene permitiendo que nadie se calle frente a las cosas que pasan. No es casualidad: la escalada de violencias contra las mujeres y los géneros disidentes, las luchas por modificar actitudes, lenguajes e injusticias sistemáticas, la lucha por la legalización del aborto, por la visibilización de los femicidios, el destape de los abusos sexuales en espacios laborales y en la farándula hicieron que los medios se vean obligados a no callar. Muchas veces, para seguir pegándonos. Otras, en señal de apoyo. En ningún caso, desde la indiferencia.

Esto que se da es una novedad. Acostumbradas al silencio absoluto que rodea nuestras tragedias, personales y colectivas, de repente nos encontramos con un panorama que es, más o menos, el de prender la radio, la televisión, o abrir un diario y ver, todos los días y a toda hora, un debate relacionado con nuestra lucha. En un principio, puede resultar hasta chocante, sobre todo, considerando que la mayoría de los paneles, programas periodísticos, columnas y conducciones están encabezados por hombres cis. Pero no podemos negar una cosa, y es que la visibilización a nosotras nos sirve. Aunque, hay que decirlo. El logro es nuestro: ustedes nos dan entidad, pero el debate lo impusimos, lo impondremos, y lo llevamos adelante nosotras.

Es en este contexto que se han dado -y probablemente siga sucediendo- entrevistas a hombres que nadie entiende por qué se pronuncian respecto de algo que ni siquiera comprenden. A nosotras no nos interesa su opinión, pero los medios insisten en solicitarla, y así se despiertan oleadas de indignación, golpes bajos y un montón de situaciones que podrían evitarse, si no le pusieran un micrófono en la cara a un tipo demasiado machista y le preguntaran qué piensa de lo que nosotras hacemos, como si necesitáramos la aprobación divina de un tipo siempre dispuesto, obviamente, a enseñarnos con bondad el camino que debemos seguir.

Vamos a hacerlo dinámico. Recordemos un par de ejemplos.

Todos los caminos conducen a Facundo

Pensaba empezar hablando de Cacho Castaña, cuando la revisión de videos y notas me recordó que los dichos de Cacho venían en respuesta a los dichos de Facu. Facundo Arana, un galán devenido en machista pasivo (pero, ¿cómo? ¿nos vamos a sorprender de que un galán muestre fuertes tendencias machistas?) que nos regaló un par de declaraciones de esas que los medios gustan de tildar como polémicas, y digo pasivo porque esconde pensamientos que nos ponen en un lugar del que estamos luchando por salir, desde la sonrisa, el carisma y la supuesta bondad pura. Bueno, como todo galán.

Primero, se atrevió a afirmar que Calu Rivero se sintió acosada y que Juan Darthés no hizo nada para merecer ese lugar. Y después…

Las declaraciones de Arana encierran un montón de estereotipos congelados en el tiempo: las mujeres naciendo para ser madre, básicamente, porque el rubio carilindo considera que eso somos: especie de envases vacíos que sólo se realizan cuando traen una vida al mundo. Sin eso, no estamos realizadas. Facu, tocando el saxo en Chiquititas te veías mejor.

Ojo: según el galán de los 90’s, no sólo nos realizamos cuando tenemos hijos. ¡Menos mal! También podemos realizarnos con los hijos de amigas, con sobrinos… y encontrando al hombre de nuestras vidas. Ahí, ya estamos completas. Ups.

Según él y sus disculpas, lo que hicimos fue sacarlo de contexto. ¿Y él dónde nos saca y dónde nos pone, a las que creemos que la realización pasa por otro lado?

Sobredósis de TV

En definitiva, parece que lo que busca el periodismo farandulero es tener ese título que les permita calificar declaraciones de polémicas.

Y, vamos, ¿qué mejor para sembrar estos títulos que preguntarle a Cacho Castaña qué opina de las declaraciones del galán de T.V?

Crónica de un final anunciado: Cacho Castaña derrapa otra vez. Pero no puede pasar desapercibido, entonces, va y arroja, con total liviandad, un consejito express: si la violación es inevitable, relájate y goza. ¡Gracias, Cacho! Te devolvemos el favor: si la revolución feminista es inevitable, chito la boca y goce usted también.

Cuando el periodista Guido Záffora le dijo que su frase era poco feliz, el cantante se enojó, escudándose en su edad y trayectoria. “Dejate de joder. Sos un gil. No sabés interpretar lo que dije. Si vos querés arrancar de algo para patotearme a mí tenés que nacer de nuevo“. Un dinosaurio sin sentido de la crítica es sólo eso. Un dinosaurio.

Ricardo Arjona. Un visionario del marketing contemporáneo. 

La última: La Nación entrevista a Ricardo Arjona y lo corre desde el feminismo. O sea: La Nación tiene más enfoque crítico desde una perspectiva de géneros que el cantautor afamado por romantizar un par de cosas como su mirada sobre la menstruación, el enamorarse de una mujer “fea y pasada de moda” y demás barbaridades.

Un breve resumen: primero, dice que cuando él escribió señora de las cuatro décadas, las mujeres de cuarenta años no eran tenidas en cuenta, o algo así. Y dice que un experto en marketing le habría dado un premio, porque hoy esas mujeres están en lucha. ¿Se refiere al feminismo, a la lucha por los derechos? ¡No! Se refiere a que compiten con las más jóvenes en una especie de mercado. ¿Los consumidores? Obvio, chicas: ellos.

Después, sigue, y va empeorando. Enumero: que la mujer que denuncia tarde un abuso es cómplice de la persona que la violó, y culpable de todas las violaciones que vengan después, si existieren; que los abusos de Hollywood no son tal cosa sino más bien intercambio de favores; que estos intercambios serían más dignos si fueran por dinero; que él no quisiera que su hija deje de denunciar estas situaciones con tal de ganar un Óscar; que deberían enjuiciar a las mujeres que tardan en denunciar; que Harvey Weinstein, abusador, es un tipo con baja autoestima y que las mujeres que aceptaron sus favores le quitaron posibilidades a otras tantas que venían transitando el mismo camino.

La pregunta es: ¿era necesario, Ricardo? Pero es inevitable, igual, preguntar más alto: ¿era necesario, La Nación?

La entrevista

No seamos cerrados, ni conservadores: las entrevistas que se mueven por muchos lugares, que exploran territorios más allá de los obvios, que indagan en cuestiones inesperadas, son interesantes y riquísimas en contenido. Nosotros mismos, como periodistas, lo hacemos habitualmente. Pero también deberíamos mantener ciertas coherencias, ¿no? No vamos a entrevistar a una letrada con experiencia en perspectiva de géneros y preguntarle sobre biología molecular, porque muy probablemente no sepa respondernos. Entonces, tal vez sea hora de modificar estas hojas de rutas con preguntas a realizar y entender que algunas personalidades públicas no están preparadas para hablar de todo lo que se les pregunta. Si entrevistamos a un cantante que sabemos metido en política y le preguntamos sobre la situación del país, probablemente tengamos respuestas más que ricas, nutritivas y orientadoras. Al menos, nos dirán quién es y dónde está parado. Pero ¿qué podemos esperar como respuesta a problemáticas feministas a una persona que considera que cuando la mujer está indispuesta, la huelga de hambre le pertenece a él?

Nota relacionada: 

Sobre el acoso sexual: y vos, ¿de qué lado estas?

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