‘El Hombre de la Máscara de Hierro’: Un “guilty pleasure”

Florencia Martinez

Florencia Martinez

Redactora at Corriendo La Voz
23. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
Florencia Martinez

Al día de hoy, la película que retoma parte del reinado de Luis XIV en Francia se mantiene como una de las más criticadas y a la vez populares adaptaciones de la obra de Alexandre Dumas. A pesar de los errores históricos y narrativos que se hallaron en la ficción, la misma se consagra como una de las cintas más reconocidas de Leonardo DiCaprio.

Existe una expresión en inglés, guilty pleasure. El Hombre de la Máscara de Hierro es eso justamente: un entretenimiento que no podemos dejar de disfrutar, por más que objetivamente sepamos que no deberíamos. Si vamos al caso, el largometraje dirigido, producido y escrito por Randall Wallace -el guionista de la icónica Bravehearttuvo una recepción negativa por parte del público especializado, pero como espectadores no podemos dejar de verla cada vez que la pasan por televisión.

Cuando protagonizó esta película estrenada el 7 de mayo de 1998, aquel muchacho que había cautivado los corazones de la audiencia con su papel secundario en What’s Eating Gilbert Grape? y que terminó por enamorarnos con su interpretación del encantador Jack Dawson en Titanic tenía apenas 24 años de edad. Con un talento para lo dramático que ya nos había demostrado, dio vida al Rey Luis XIV, quien mantenía un régimen de terror en París en tanto ignoraba el hambre que sufría la ciudad y se interesaba únicamente en su dinero y sus amantes.

Pero no solamente lo encarna a él, sino también a su gemelo -un personaje claramente ficticio- Felipe, escondido en prisión desde hacía seis años detrás de una máscara de hierro. Este segundo rey será la salvación del pueblo francés que verán los queridos y carismáticos Mosqueteros de Dumas, y emprenderán su camino para liberarlo y poner en sus manos un reinado que demanda la atención de una persona más dedicada. Es así como DiCaprio representa un rol dual como el personaje principal y el villano en este film producido por MGM en Francia y Estados Unidos, y nos genera odiarlo y querer protegerlo al mismo tiempo.

Es aquí donde hacemos una aclaración, ya que si bien el autor del libro adaptó su novela a una serie de hechos históricos misteriosos que situaban a un prisionero que era obligado a usar una máscara de cuero en ocasiones especiales en la Bastilla, es sabido que Felipe realmente fue el hermano de Luis XIV... sólo que era varios años menor. El Duque de Orleans, un militar, aficionado a la música y extravagante homosexual -como bien nos enseñó la serie Versailles, se vestía de mujer en la Corte, lo que resulta increíble dada la época en la que vivió- nada tiene que ver con la idea de Dumas y representación de DiCaprio.

Y sobre aquel enigmático desconocido, las teorías conspirativas más recientes apuntan a que se trata del padre biológico de Luis. Aunque, claro, éstas son sólo suposiciones. ¿Se sabrá algún día la verdad, o sólo nos quedará la ficción?

Uno para todos y todos para uno

Quizás los verdaderos protagonistas de esta historia, debido a su carisma y su voluntad de acción, sean los populares Aramis (Jeremy Irons), Athos (John Malkovich) y Porthos (Gérard Depardieu). Con la serenidad del primero, la obstinación del segundo y la pasión del tercero, la película nos mantiene muy entretenidos durante más de dos horas. ¿Quién no recuerda al día de hoy la escena del intento de suicidio de Porthos, quien en medio de una especie de revelación espiritual decide ahorcarse en el granero… sin esperar que el tirante del que pende la soga se venga abajo?

En su plan por reemplazar al monarca, será fundamental la ayuda del melancólico D’Artagnan (Gabriel Byrne), quien se debate entre ayudar a sus amigos o mantenerse firme junto al soberano al que le ha prometido su espada. En medio de su debate interno entrarán en juego su deber para con el país que juró prometer y su rey, ya que en un principio consideraba que los intereses de ambos iban de la mano.

Si bien retoma a los Mosqueteros de Dumas, el D’Artagnan de Wallace quizás se aproxime más al de la cinta de 1929 The Iron Mask, dirigida por Allan Dwan. De todas maneras, las particularidades tan criticadas de esta adaptación de una de las novelas sobre las aventuras de Athos, Porthos y Aramis se las ingeniaron para hacer de la película un éxito comercial.

La magia de Leo

¿A qué se debió su buen recibimiento financiero? Pues MGM descubrió que la atracción de las audiencias se vio firmemente vinculada al divino DiCaprio, en tanto el 55% de las mismas estuvo compuesta por mujeres -de las cuales un 46% no llegaban a los 25 años. En este sentido, el presidente de la distribución internacional de la productora de aquel entonces, Larry Gleason, especificó que desde un principio la intención fue presentar a un rey joven para llamar la atención de espectadores jóvenes, y que de todas formas Leonardo había “superado las expectativas”.

Es así como representó al chico malo y al bueno al mismo tiempo, al malicioso y detestable monarca capaz de enviar a un soldado al frente de batalla para seducir a su prometida -varios odiamos a Christine (Judith Godrèche), ¿para qué negarlo?-, y al bondadoso y adorable Felipe, a quien buscamos proteger a toda costa de los vicios y crueldades del mundo. Y todo esto nos llevó a conocer aún más a este actor que no parecía corto de habilidades.

La magia del cine

Si bien es cierto que El Hombre de la Máscara de Hierro nos resulta a la gran mayoría una forma entretenida de pasar el rato, es muy cierto que cuenta con algunos -severos- errores narrativos y contextuales. Que el nombre de Athos se pronunciara de diferentes maneras a lo largo del film es sólo uno de ellos, y ni siquiera el más criticado. Repasemos algunos de estos detalles.

En primer lugar, mencionaremos que la cinta se sitúa alrededor del 1660, pero que de todas formas anuncia la guerra franco-neerlandesa, que tuvo lugar entre los años 1672 y 1678. Tal hecho quizás pase desapercibido por el público habitual, pero para los conocedores de historia resultó un aspecto difícil de pasar por alto. Lo mismo, claro, sucedió con el retrato que figura en la habitación de Luis XIV y que lo muestra en sus cincuenta… cuando en realidad él tenía sólo veinte en la película. Otra cuestión que significó muchos reclamos.

Pero también tenemos el hecho de que el rey se paseara por el Palacio de Vaux-le-Vicomte, cuando en realidad él nunca vivió allí. Algo similar ocurre con Versalles, que se muestra en la película más allá de que el monarca sólo residió allí cuando era un anciano. Por ende, todas las locaciones representadas en la película son erróneas, en tanto es sabido que Luis XIV habitaba en el Palacio de las Tullerías -lugar que incluía el Louvre.

El Palacio de Vaux-le-Vicomte, lugar en el que se desarrolla el principio de la película

¿Por qué será, entonces, que nos gusta tanto este film, y prácticamente cualquier persona es capaz de reconocerlo? ¿Estaremos influenciados sólo por el encanto de DiCaprio, o por los Mosqueteros con su lucidez y gracia tan particulares? ¿Cómo es que, a pesar del fracaso que significó para la crítica especializada, continuamos eligiéndola como una buena opción de entretenimiento, y ya forma parte de la cultura popular occidental?

Quizás su éxito se deba al potencial de los personajes de Dumas, sí, pero supongo que es algo más que eso. Tal vez nos sorprenda la excentricidad propia del rey europeo, querramos conocer más sobre la vida en la Corte francesa de aquel entonces… o puede que El Hombre de la Máscara de Hierro sea, a pesar de sus equivocaciones, una película cálida, interesante y cautivadora. Algo que queremos superar y no podemos. Un guilty pleasure.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email