El fútbol en los medios: patriarcal y androcéntrico

Iván Isolani

Iván Isolani

Redactor at Corriendo La Voz
Redondito y de Ricota. Callejero porque, negra es mi alma, negro es mi corazón. Caí en la escuela pública y también en la universidad. Comunicación en FSOC. Tecnólogo de y por Black Mirror. Hincha de Foucault, Bourdieu y Byung-Chul Han. En deconstrucción permanente.
Iván Isolani

Desde tiempos inmemorables, las mujeres son víctimas de los más sutiles micromachismosnaturalizados en la vida cotidiana. Son sometidas a estereotipos y encasilladas en lugares donde, no sólo se las denigra y rebaja, sino que las condena a estar varios escalones por debajo de los hombres.

He aquí uno: el diario español Marca, publicitó en su perfil de Twitter, la entrevista que le realizó a la jugadora argentina Estefanía Banini, actual jugadora del Levante español y de la Selección Argentina, definiéndola como ´la Messi femenina’. Si bien, la capitana de la selección Argentina de fútbol femenino, agradece ser comparada con Lionel Messi, prefiere ser recordada y nombrada por su nombre y propios méritos futbolísticos. Esta, es una clara muestra de que en el que la sociedad española- pero extrapolemos este ejemplo hacia cualquiera- predomina el androcentrismo. El patriarcado es androcéntrico y falocéntrico.

 

Diario Clarín

 

¿Qué es el androcentrismo?

Mercedes Bengoechea (2001) lo define como “el centrarse en el varón, lo que supone la consideración, probablemente, a un nivel inconsciente, donde el varón es el patrón, el modelo, la norma de todo comportamiento humano”.

Toda estructura social está presente en el núcleo de la interacción, bajo la forma de los esquemas de percepción y apreciación inscritos en el cuerpo de los agentes. Estos esquemas se interponen desde el principio entre cualquier agente y su cuerpo, porque las reacciones o las imágenes que su cuerpo suscita en los demás y su percepción personal de esas reacciones están construidas con esos esquemas.

Aunque son sujetas de derecho, la sociedad no está hecha por y para mujeres, sino que las mujeres viven inmersas en una sociedad diseñada por y para hombres. Al ser androcéntrica, se configura a la mujer teniendo como norma las expectativas sociales sobre lo que ‘debe ser’ y termina siendo lo que la sociedad espera de ella. Al anclarse la representación de lo femenino a un referente masculino, no sólo que se oprime más al oprimido y a su historia, también oprimida y silenciada, sino que se naturaliza esa opresión.

Banini, bajo este contexto, no es esperable que sea Estefanía Banini ni sea comparada con alguna futbolista argentina o de otro país, sino que el mandato socializador establece que debe ser “la Messi femenina”. Ahí es dónde hay que dar la batalla, para desmontar esa lógica que establece que las mujeres futbolistas deben tener que ser como los varones futbolistas. No. “Las mujeres deben no ser como”, resalta la periodista Ayelén Pujol.

La violencia patriarcal, no es una anomia ni una disfunción del sistema social, forma parte de él. Es constitutivo. El origen de la violencia contras las mujeres debe buscarse en las estructuras simbólicas y materiales sobre las que se asienta el patriarcado. Y en las definiciones sociales, soporte sobre el que se asienta el imaginario colectivo patriarcal, que se apoya en valores anidados en el espacio simbólico. Es en este espacio donde se gesta la complicidad inconsciente del oprimido con el opresor, que facilita la hegemonía del patriarcado.

El reclamo por la igualdad está llegando a espacios que siempre estuvieron reservados para los hombres. Hoy, la mujer disputa activamente roles que históricamente le fueron negados y que han sido socialmente ‘naturalizados’ como masculinos y donde se construye y reproduce la masculinidad.

En el fútbol, también se va a caer

La mujer ha sido siempre víctima de un discurso patriarcal naturalizado en la sociedad, desde los distintos aparatos ideológicos vierten la ideología dominante. Entre ellos, los medios. Ahora bien, ya tenemos una idea de cómo ha sido la mujer representada históricamente en los diferentes soportes de la cultura de masas. En un reducto por demás masculinizado y misógino como el fútbol, ¿cómo los medios masivos de comunicación, entendidos como mediadores culturales, en la operación de representar a las mujeres futbolistas, contribuyen a mantener prácticas y estereotipos vigentes impuestos por la sociedad patriarcal?

Partamos de una certeza: si bien la realidad existe fuera del lenguaje, ésta está constantemente mediada por y a través de el. El lenguaje, no es sólo el recurso de la praxis humana por excelencia, ya que a través de él logramos satisfacer nuestras necesidades materiales cotidianamente, vinculándonos con los demás. Sino que, además, es nuestra herramienta más importante para comprender el conjunto de elementos culturales que dan cuenta de nuestro mundo social y la posibilidad de transformarlo.

El lenguaje ordena. Clasifica. Perpetúa las relaciones de dominación. Es una construcción histórica y cultural, pero principalmente, una relación de poder. Es a través del lenguaje y del discurso que se ha mantenido la subordinación de la mujer. Por algo decía Foucault que el poder conduce conductas. Es decir, tiene la posibilidad de ampliar o restringir el campo de acción de los otros. Así, afirma que la relación entre hombres y mujeres es una relación de poder, donde el hombre conduce la conducta a la mujer de acuerdo a los parámetros que él establece.

La operación de códigos de uso naturalizados esconde, tras esa transparencia y naturalización, la habilidad para ocultar las prácticas de codificación como efecto ideológico. Es decir, detrás de la no mención de Estefanía Banini y su reducción a ser “la Messi femenina”, hay una solapada intención de escribir, en estos discursos significados, prácticas y usos propios de la cultura dominante, es decir, el patriarcado.

Si los principales propulsores de la palabra siguen replicando un discurso androcéntrico, falocéntrico y patriarcal, seguirá legitimándose las violencias hacia la mujer. Ante esto, es necesario que lxs lectorxs, tengan una visión más crítica acerca de cómo los medios tratan a la figura de la mujer.

Valiéndonos de Stuart Hall, si bien la instancia de producción/codificación de los mensajes mediáticos, no pueden determinar ni garantizar que sus mensajes sean decodificados por las audiencias en la misma dirección en que fueron codificados, sí pueden intentar dirigir esa interpretación a través de un patrón de lecturas preferenciales.

Los medios saturan nuestra cotidianidad. Pierre Bourdieu habla de instituciones con ‘fuerzas históricas de deshistorización”. Aparatos que se encargaron de eternizar las estructuras de dominación a través de mecanismos que se configuran como instancias de una violencia -invisible e invisibilizada-  que excluye, prohíbe o estereotipa a las mujeres. Entonces, decirle a Banini “la Messi femenina” aparece, a priori, como una no violencia, algo que forma parte de un orden natural, ajeno a cualquier voluntad humana y por ende, más allá de lo social. Naturalizada, esta relación oculta que detrás hay una trama de sentidos construida históricamente mediante relaciones de poder, nada naturales, sino históricas y sociales.

La visión androcéntrica hace que veamos como normal estos usos del lenguaje, pero en realidad, lo que hace es mantener las relaciones de poder y de dominación masculina. El lenguaje sigue siendo uno de los principales instrumentos de una violencia simbólica, amortiguada, insensible e insivible para sus propias víctimas. Inmerso en la sociedad, a través de él se reproduce la hegemonía patriarcal.

Así, los medios fomentan una imagen estereotipada, porque los puntos de vista y opiniones de hombres y mujeres se concentran en asuntos y roles tradicionalmente se les han asignado. Es necesario desmontar la lógica patriarcal imperante, como la que vemos en este diario, donde parece que las luchas que están dando las mujeres sólo sirven para conseguir lugares en los espacios construidos por y para hombres, cuando las luchas se da por espacios por y para mujeres. El fútbol, en tanto fenómeno de masas y uno de los reductos donde la desigualdades entre hombres y mujeres es más que evidente, es uno sólo. Cuando la pelota corre en cualquier lugar, da igual que la patee un hombre a una mujer. La diferencia es un acto meramente del dominio cultural.

De lo contrario, seguirá encarnándose en las subjetividades las estructuras dominantes. En palabras de Bourdieu (1994) “el orden social funciona como una inmensa máquina simbólica, que tiende a ratificar la dominación masculina en la que se apoya”. La efectividad del poder está cuando normalizamos nuestras prácticas cotidianas; cuando inconscientemente naturalizamos ciertas acciones, las aceptamos y reproducimos, estamos sometiéndonos a él y al mismo tiempo ejerciendo poder.

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