El feminismo glamouroso de los #GoldenGlobes

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Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
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Los Golden Globes llegaron y nos tuvieron en vilo a muchas y muchos, incluso a quienes no habituamos a consumir las transmisiones de este tipo de eventos. Sin correr el foco de la cinematografía, las actrices dieron batalla al machismo en un epicentro machista y dieron que hablar. Las opiniones son variadas, pero hay algo que a esta altura no se puede negar: bien o mal, las hollywoodenses instauraron el debate feminista en el mapa internacional, al menos por una noche.

Black Golden Globes

Dicen que vestir de negro no es una acción. Dicen que si igual reciben el premio, la lucha de las mujeres, la denuncia no es válida. Pero ¿cómo? ¿Hacer que en todo el mundo se esté debatiendo sobre feminismo no es accionar?

Organizadas, las mujeres se vistieron de luto y dijeron basta. Hay un montón de discusiones que dar en este plano, por supuesto. Desde preguntarse si la vestimenta oscura es una transgresión feminista o un triunfo patriarcal (¿debemos vestirnos de luto, lo merecen, o debemos llenarnos de colores, hacerles frente en todo nuestro esplendor?), hasta preguntar o cuestionar si es suficiente o no, si sirve para algo o no, si la acción es contundente o pura pose. Estos debates se instalaron, durante la gala y después, en todo tipo de ámbitos con gente de distintos intereses. ¿Puede acaso ésto ser negativo? Parece que no, si hasta hubo espacio para que las mujeres, sintiéndose contenidas, tal vez empoderadas, denuncien abusos, brechas salariales, invisibilización de las mujeres directoras y demás.

Sacarle a los medios la foto colorida y el análisis de la vestimenta, ¿no vale? Igual van a fijarse qué se pusieron, ¿no? Pero las fotos de los premios con una ola de gente vestida de negro serán emblemáticas. Será recordado, como se recuerdan todos los sucesos que llegan para salir de la norma. La transgresión se graba en la memoria del gran imaginario popular. Una alfombra roja, pero negra. Algo que suele ser una fiesta de colores y sensualidad, se transforma para denunciar.
Que las caras bonitas de Hollywood se identifiquen con el feminismo, es un punto a favor del feminismo. A la gente le importa lo que dicen. Ellas, expuestas, públicas, perfectas, están denunciando lo que nos afecta a todas.
 
Time’s up
 
No será este el año en que los paparazzis puedan llenarse las bocas acerca de los looks de las estrellas y sus parejas, no, al menos, desde el punto de vista de siempre y sin sufrir consecuencias. Es inevitable notar que algo cambió. Hay un quiebre. No seremos las y los ingenuos que proclamen que la revolución se ha dado, pero hay que ser negador para no ver que hay al menos un comienzo, una base, un asfaltar el camino que necesitamos transitar.
  
Las mujeres se plantaron y fueron con activistas feministas en lugar de sus parejas. Es un despliegue divino. Ni la foto paparazzi en pareja le regalaron a la prensa. Imposible callar frente a ésto. Imposible ignorar al feminismo cuando el feminismo irrumpe en espacios que no le fueron otorgados así como así.
 
Hay algo que es entendible y que podemos desear que, con el tiempo, se transforme, y es que esperemos más de quienes están levantando nuestra bandera. Time’s up tiene que estar apuntado a toda la lucha feminista, y no sólo a los abusos sexuales, aunque sea un gran punto de partida. Es entendible que podamos sentirnos contrariadas cuando nos hablan del cese de la violencia hacia las mujeres, otras mujeres que desde la pantalla dan cátedra sobre cómo deberíamos ser, siendo ellas quienes nos acercan el estándar necesario para sentirnos lindas, flacas, sexys o simplemente mujeres. Necesitamos, para romper el luto, que dejen de violarnos, de matarnos, de oprimirnos, de invisibilizarnos pero también necesitamos que nos dejen de decir quiénes y cómo ser.
 
El despliegue glamoroso es un despliegue que sirve de comienzo. No debemos quedarnos ahí. Si entendemos esto, entonces podemos celebrar la gala de empoderamiento femenino que vivenciamos el domingo a la noche. Exaltarla sin necesidad de postular a las estrellas como si fueran las Virginia’s Woolf de este siglo, conscientes de que el lugar de privilegio de esas mujeres les permite lograr un grado de impacto a mucho más gente en el público y que eso es bueno para nosotras, siempre y cuando estemos a la altura de direccionar y fundamentar los debates que le siguen a esto de poner en el tablero todas las cartas necesarias y esperar que resulte.
 
Tu ídolo es un forro
 
Algo que no podemos dejar de exigir, es que aparte de vestir de negro, las mujeres dejen de actuar para los Woody Allen de la industria. Es hermoso verlas despertar, pero si salen en la última de un hombre abusador y lo ayudan a llenar las taquillas, entonces el camino esta a medias. Pero debemos entender que esto no invalida a las mujeres, sino que es parte también de un camino por desandar.
 
Las mujeres “normales” digamos, las no famosas, muchas veces no podemos elegir para quién trabajar. Lo vemos en el periodismo, por ejemplo: escribir para Clarín no te hace fascista y haber actuado para un hombre violento no te hace, sin posibilidad de redención, violenta o cómplice.
 
Entendemos que callar frente a estos casos es habilitarlos y que decidir seguir actuando ya a sabiendas es recontra habilitarlos. Pero en una industria netamente machista donde, como venimos viendo, estos comportamientos son habituales, ¿qué esperamos? ¿que de un día para el otro las mujeres hagan una huelga de actrices y desaparezcan todos los que no apoyamos más? Muchas veces el problema es erradicar al mundo actoral del humano, digamos, aparte de exitosas y hermosas las mujeres de Hollywood son trabajadoras. Hacen lo que les gusta, probablemente, y son un ejemplo para todas nosotras que intentamos igualar su hermosura sin éxito, pero son trabajadoras. Yo no puedo hacerme cargo de los hechos de mi jefe, con quien no comparto nada. Entiendo que en niveles más grandes, como este caso, la complejidad es otra pero no deja de ser eso: complejidad. Hay un punto de partida ahí para de y re-construír.
No me gustas cuando callas

“Es la dedicación insaciable por destapar la verdad la que nos impide girar la cara a la corrupción y la injusticia”. Es inevitable destacar las intervenciones de Oprah Winfrey y Natalie Portman. Oprah, desde su discurso cargado de conceptos y transgresiones y Natalie, desde la simple pero certera mención de un hecho irrefutable, se llevaron el protagonismo de todos los debates respecto a qué deberían o no decir las mujeres en estas circunstancias, y también el debate de si son o no merecedoras del espacio y de si son o no hipócritas por haber trabajado con abusadores ellas también. Mucho análisis para detenerse, no hay: volvemos a reivindicar la importancia de que en un espacio así se dé contenido de esta índole. Una actriz presentando un premio y destacando que las nominaciones son sólo masculinas, da que hablar. Muchos dicen que pretendemos el premio sólo por ser mujeres, aunque las mujeres sean malas. La lectura es errónea: lo que pretendemos, una vez más, es igualdad de condiciones. 
“Quiero reconocer a todas las mujeres que sufrieron abusos y siguieron adelante porque tenían, al igual que mi madre, hijos que mantener, cuentas que pagar y sueños que perseguir”, Oprah Winfrey 
 
El feminismo glamouroso 
 
Una gala de Globos de Oro, productos de Netflix que ponen en juego discusiones profundas, aunque no sean ejemplos de feminismo puro, son empujes. Todo sirve. El horizonte es la visibilización, la destrucción de las opresiones y la revolución. Ya van varios estrenos en que notamos que en Netflix ya hay casi una moda progresista instaurada. Para muchas, a veces hay ganas de decir “che, qué bueno, pero falta“. Es verdad: falta un montón. Pero hay algo. Pensemos que no todos y todas las serie-videntes tienen un magister en géneros. Si pensamos en esto, entenderemos también lo positivo que encierra plantar dudas más pequeñas, más básicas, pero que pueden despertar al menos la sed de ir, googlear, y entender un movimiento de mucha profundidad que espera a las dormidas, a las oprimidas, a todas por igual.
 
Los guiños feministas son guiños, pero sirven. Es cosa nuestra, después, aprender a canalizarlos para formular los análisis y los debates necesarios. En un mundo donde todavía nos dicen feminazis o se nos echan al humo gritando que odiamos a los hombres y que sólo necesitamos un buen polvo, que las mujeres hermosas que gustan a todos exalten nuestra lucha es un poco cuidarnos del bombardeo machista que no nos permite instalar las pequeñas y grandes revoluciones que pretendemos – y necesitamos – instalar.
 
Un puñado de famosas vestidas de negro no cambiarán el mundo. Pero nosotras podemos, aunque sea, aprender a colgarnos de sus tetas, como diría la diva Casán, y transformar el glamour en transpiración femenina, vistiendo de colores, esgrimiendo Ni Una Menos, y ganando poco a poco todas las luchas que haya que ganar.
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