#LadoNerd ‘Easy’: una pequeña ventana con aumento

Gabriela Krause
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Editora at Géneros
Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista. Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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Como una pequeña ventana con aumento hacia momentos puntuales de relaciones dispares, Easy (2016), la serie antológica producida por Netflix, llegó para traernos una ficción con una temporada de ocho capítulos llenos de comedia, sexo y problemáticas de pareja.

Publicada en 2016 en un silencio mediático casi absoluto, Easy no es una serie que se haya promocionado como lo suelen hacer con el resto de las producciones propias del grupo.

Es una serie fácil de ver: ágil, divertida, insolente y con personajes que podrían ser tranquilamente la encarnación de cualquiera de sus espectadores. Una serie enfocada en problemáticas sentimentales reales, con gente real y escenas de sexo totalmente cotidianas.

Realismo

Desde una pareja en la que los roles esperables están vueltos de revés – ella trabaja como ejecutiva talentosa y mantiene la casa, él es amo de casa y artista – hasta una pareja de muchos años con una bebé que descubre Tinder y decide, casi jugando, hacer un trío, Netflix nos acerca, capítulo tras capítulo, historias que, como se menciona más arriba, podrían ser las historias de cualquiera de nosotros. Es entretenida, realista y simple de ver y de entender.

Un punto a destacar son definitivamente las escenas de sexo, que son realistas hasta los límites de la estética deseados por la espectadora y el espectador comunes. Desde sexo entre dos borrachos hasta sexo entre personas que fumaron marihuana, la forma de mostrar el encuentro carnal entre dos – o más – persona es muy sincera con lo que pasa puertas adentro entre personas reales. Por el contrario del porno, Easy encarna muy bien la torpeza entre dos cuerpos que no se conocen; el hastío entre dos cuerpos que sí; la molestia de un cuerpo que en realidad no quiere acceder al sexo pero lo hace por insistencia, y otro abanico de formas de vivir la sexualidad entre cuerpos reales, de formas reales, con preocupaciones reales.

Historias breves

Tratándose de una serie antológica, un gran logro de la producción es que nos retrata muy bien a sus personajes y sus vivencias en sólo 20 o 30 minutos de duración. Llegamos a empatizar, a preocuparnos, a preguntarnos qué pasará en tiempo casi récord. Los capítulos, que podrían quedarse cortos, son simples, contundentes y con un mensaje no siempre profundo pero sí inducidor de un debate interesante. Sin ser demasiado pretenciosa, la serie cumple con el cometido de simplemente mostrar un fragmento de historia cotidiana sin preocuparse, siquiera, por darle un final con carácter de tal. Y nos engancha. Y no nos regala, necesariamente, un final feliz. El final resulta, entonces, casi tan efímero y entendible como el momento del día en que toca irse a dormir.

Lo interesante es que en esta brevedad hay casi una premisa: todas las historias son distintas y todas las historias son iguales. En todas, sin importar la edad, la problemática, el punto de vista, pueden encontrarse pequeñas felicidades en los personajes. Y también infidelidades, porque no hay nada que exceda a la realidad.

Feminista ¿o no?

Comenzando a ver la serie, es fácil encontrarla feminista o, al menos – me perdonen las militantes por decirlo así – feminista friendly.

La verdad es que abundan los diálogos y las formas de actuación – incluso la construcción de personajes – feministas. Pero todavía le falta. No es de extrañar: estamos ante un producto de Netflix. Pero ya la premisa y el intento de plantar los debates que planta es un punto a favor.

Desde el sexo lésbico donde una de las dos no se depila hasta la interpelación de los roles establecidos en la pareja. Desde el hastío y la libertad de un affaire amoroso hasta el problema de un hombre que toma una decisión y no se la cuenta a la pareja por miedo a su reacción, las temáticas interpelan el lugar en el que se encuentra cada género al relacionarse y logran el cometido de dejar, a quien mira del otro lado, un debate necesario para la emancipación de los géneros.

¿Es feminista? No. Pero definitivamente es un buen punto de partida, una herramienta para utilizar.

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