Dos años sin Johana Ramallo: una eterna deuda de justicia

Bianca Coleffi

Estudiante de Historia y Comunicación Social. Colabora en Corriendo La Voz y Rock and Ball.
Bianca Coleffi

La búsqueda de la joven desaparecida llegó a su fin al confirmarse que los restos humanos hallados nueve meses atrás en Berisso eran de Johana. El viernes, familiares, amigues y diversas organizaciones políticas marcharon hasta los Tribunales Federales de la ciudad de La Plata para exigir justicia, memoria y verdad por el femicidio de Johana Ramallo.

Encuentren a los responsables, porque mi hija no desapareció sino que la desaparecieron; ella no murió, la mataron«, dijo Marta Ramallo, la madre de Johana.

Al cumplirse dos años de su desaparición, Marta continua de pie reclamando al juez que lleva adelante la causa que se profundice la investigación. Sólo le pedí al juez, que encuentre a cada uno de los responsables del femicidio de Johana. Mi hija no merecía que la secuestre una red de trata, que le saquen sus sueños y sus metas. No merecía que la descuarticen y la mutilen al lado de un arroyo. Así que a todos los jueces y fiscales les repito: nuestras pibas no se van, a nuestras pibas las desaparecen”, precisó Marta.

Marta Ramallo

A Johana se la vio por última vez el 26 de julio de 2017. Salía de una estación de servicio en avenida 1 y calle 63 junto a una compañera, según lo registrado por una cámara de seguridad. Eran cerca de las ocho de la noche y estaba entrando a un baño: vestía un jean negro nevado, una campera Reebook y zapatillas blancas Nike. Los testimonios coinciden en que luego de las diez de la noche, no la volvieron a ver.

Luego de aquella noche, Marta Ramallo dedicó sus días a la búsqueda de Johana. Buscó por comisarías y hospitales de La Plata. Se dirigió a hacer la denuncia a una de las comisarías cercanas a su barrio, y recibió burlas por parte de los comisarios. “Me preguntaron la edad de mi hija, le dije que tiene veintitrés años y uno de los oficiales me dijo: ‘¿Con veintitrés años la vas a seguir buscando?’. Yo le dije que sí, que por más que mi hija tenga cincuenta años yo la iba a salir a buscar igual. Porque yo conozco a Johana y ella nunca se había ido de mi casa, nunca me había faltado a la noche. Riéndose me tomó la denuncia como averiguación de paradero”,  detalló.

“Me preguntaron la edad de mi hija, le dije que tiene veintitrés años y uno de los oficiales me dijo: ‘¿Con veintitrés años la vas a seguir buscando?’»

Marta es una madre que siempre se las arregló sola. Tiene siete hijos y Johana era la mayor. Marta trabajaba en el programa Ellas hacen, el cual tuvo que abandonar para dedicarse a la búsqueda de su hija. Un mes y medio antes de su desaparición, Johana había terminado con su pareja, padre de su beba, y había vuelto a vivir a la casa de su madre. Dejó de trabajar en la cooperativa de Ellas hacen y Hacemos futuro porque los horarios no le coincidían con la escuela de su hija. Como el ingreso de la casa no alcanzaba para alimentar a siete bocas, Johana ejercía la prostitución en una de las zonas rojas de la ciudad. Cerca de plaza Matheu, entre el cruce de las avenidas 1 y 66.

Johana quedó embarazada cuando tenía catorce años. Abandonó el primer año en la Escuela N° 24 de Berisso, y junto con su pareja hicieron un curso de peluquería. Luego de separarse del padre de su hija, comenzó a convivir con un hombre treinta años mayor. Fue desde ese entonces cuando las cosas se complicaron. “En esa época adelgazó mucho y empezó a consumir pastillas y cocaína”, recuerda Marta. Luego volvió con su pareja anterior, pero el daño ya estaba hecho: Johana respondía con lentitud por momentos y parecía perdida. El historial de una vida dura para Johana y su familia, verifican el estado de vulnerabilidad de la joven.

Para aquel momento, la familia Ramallo aseguraba que Johana era víctima de una red de trata que operaba en la zona roja donde trabajaba. Hoy el dato está confirmado y hay sospechosos. «Sabemos que hay redes de trata y de explotación de mujeres que funcionan en la zona donde desapareció Johana», dijo Agustina, una amiga de la joven. La causa pasó de ser por averiguación de paradero a víctima de red de trata, y quedó en manos del Juzgado Federal N°3, a cargo de Ernesto Kreplak.

Desde que la hipótesis de Marta comenzó a pisar fuerte, hasta convertirse en la caratula de la causa, la familia Ramallo comenzó a recibir amenazas y amedrentamientos: golpearon a uno de los hermanos de Johana en la calle y balearon su casa. Por su parte, Marta contó a la prensa que recibió aprietes en el Hospital San Martín, lugar en donde su hija había sido registrada el 25 de julio -un día antes de su desaparición- como Johana NN.  

“Estos hechos se suman a una secuela de ataques físicos y verbales, orientados a amedrentar e intentar acallar a una familia que lucha no sólo para recuperar a Johana, sino también para desarticular un negocio mafioso que comercia con los cuerpos de las mujeres a pocas cuadras de la gobernación de la provincia de Buenos Aires”, aseguró la familia en una publicación de la página oficial de Facebook “Buscamos a Johana Ramallo”.

Con Ernesto Replak a cargo de la causa, el 8 de mayo del 2018 se realizó un allanamiento en la Unidad penitenciaria N°34 de Melchor Romero, con una denuncia sobre la posible existencia de mujeres secuestradas en sótanos. La denuncia fue hecha a través de la ONG Madres victimas de Red de trata, y fueron Marta Ramallo y Margarita Meira, titular de la ONG, quienes estuvieron presentes en el operativo en Romero.

El allanamiento fue solicitado a partir del relato de una sobreviviente de una red de trata, que estuvo en cautiverio durante una década. De acuerdo al relato de la joven, en el pabellón de internas psiquiátricas había por lo menos diez chicas alojadas y sometidas, entre quienes se encontraba Johana Ramallo. Además, señaló que con anterioridad habían estado retenidas en otra unidad penitenciaria, pero que habían sido trasladadas a la UP N°34 un tiempo atrás, luego de que ella hiciera un llamado a la línea 145 (de Asistencia y denuncias por trata de personas) , la cual no tuvo efecto.

El resultado del operativo fue negativo y despertó varias críticas sobre su desarrollo, ya que el pedido de allanamiento y su autorización fueron anticipados a través de redes sociales, horas antes de que se produjera. Ernesto Kreplak tampoco accedió al pedido de la querella para que intervengan organizaciones independientes del Estado, con fin de aportar herramientas que ayuden a la investigación, como la ONG Acciones Coordinadas Contra la Trata (ACTC). No obstante, la Protex (Procuraduría de Trata y Explotación de personas) brindó información y solicitó al juez Kreplak medidas claves para avanzar con la búsqueda: el llamado a declaración de las compañeras de Johana en la zona roja; el rastreo de su teléfono celular; la intervención en el caso de la de la ACCT, y que la Dirección de Atención a la Víctima se entreviste con Marta para ver cuáles eran sus necesidades inmediatas.

El 15 de noviembre del 2017, día en que Johana cumplió veinticuatro años, la denuncia por la búsqueda de Johana llegó al Congreso de la Nación. Se realizó una audiencia pública convocada por la diputada nacional Fernanda Raverta para impulsar la búsqueda. Allí estuvieron presentes, entre otres, Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo línea fundadora; representantes de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM); del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS); y de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex).

A lo largo de estos años, la familia Ramallo solicitó tres audiencias con la gobernadora Maria Eugenia Vidal, y ninguna de ellas fue respondida.

Según datos actualizados a mayo del 2017 por el informe “Desaparición en democracia” elaborado por la PROTEX, hay 3.228 mujeres, niñas y adolescentes desaparecidas en nuestro país.

En mayo de este año, mediante el informe del laboratorio de huellas genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, se confirmaron que los restos humanos que habían hallado hace ocho meses en Berisso eran de Johana. “Hoy se levantó el secreto de sumario en el caso de Johana Ramallo y entonces podemos confirmar que las noticias que se habían filtrado eran ciertas. A Joha la mataron dentro de la red de trata y hay sospechosos muy pesados”, expresaba un comunicado oficial de la familia de Johana, días después de que se confirmara la aparición de sus restos.

Al día de hoy no hay responsables del femicidio de Johana. Su madre fue quien se puso al frente de su búsqueda: recorrió una ciudad entera para averiguar sobre el paradero de su hija., recibió amenazas y agresiones. Las respuestas por parte del Estado fueron casi nulas. Johana fue víctima de una red de trata, y de un aparato judicial y policial cómplice. La incansable búsqueda se transformó en el grito por memoria, verdad y justicia, que ya es una eterna deuda.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email