#Discos ¿Qué hay de nuevo, nuevo?

Blas Martin

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

La escena del indie local puede acumular tantas adhesiones como críticas o parodias por parte de diversos públicos. Algo que no podemos discutir es que se trata de un género muy rico en producción musical y artística, con trabajos discográficos muy cuidados tanto en lo que respecta a grabación o mezcla (algo que indica un crecimiento notable en el sector), como en las ediciones físicas en CD o vinilos. Repasamos en estas líneas lo nuevo de Las Ligas Menores, y los adelantos de lo que se viene para Julio y Agosto y el dúo Prietto – Poli.

1 – Las Ligas Menores – Fuego Artificial

 

Las Ligas Menores (LLM) es uno de los nombres que se han vuelto clásicos en el indie local, y lo ha hecho con apenas un disco editado y una serie de temas sueltos o EPs que fueron compartiendo por las redes. Recién cuatro años después de aquel primer trabajo (Las Ligas Menores, editado por el sello Laptra en 2014), la banda presentó Fuego Artificial, una pieza que marca un crecimiento indudable en diversos niveles.

Con trece canciones y un hidden track en su edición física, LLM logra un doble movimiento: por un lado, se consolida en su hábitat natural, el indie urbano, abrazando las expectativas de las audiencias en una suerte de contrato de fidelidad sellado a fuerza de toque de corcheas y slides. El grupo, liderado por Anabella Cartolano parece decir “somos nosotras, las que van a ver a cada fecha”. Pero enseguida podría agregar: “pero sonamos mejor”. Con Fuego Artificial, Las Ligas extienden las fronteras de los recursos desplegados en el disco predecesor: la marca lo-fi y su impronta monótona se diversifica y se mezcla con otras capas y niveles de intensidad. Así, entre las melodías minimalistas de A tres colores, Luces y Carteles y Fin de año, se encuentran piezas como Peces en el mar (que se planta y desafía “si me vuelvo a equivocar / qué, me van a retar?”), El Galpón o la ya clásica Ni una canción, que suben la intensidad rítmica desde los instrumentos y desde las voces, tanto de Cartolano, como de María Zamtlejfer.

Con la producción musical de Tom Quintans (frontman de Bestia Bebé) y su hermano Felipe (baterista de 107 Faunos) aportando una mirada externa al grupo, Las Ligas logran un mayor brillo instrumental, desde la presencia de las guitarras, los teclados de Nina Carrara y la presencia de las voz de Cartolano, secundada o relevada ocasionalmente por Zamtlefjer o Pablo Kemper. En Casas Desiertas, el grupo se escapa un poco de lo tradicional del indie para entablar un diálogo con una escena más amplia (¿el rock nacional?). Punto a favor para la primera pieza del disco compuesta por Zamtlejfer, agregando matices a la impronta vocal de Cartolano.

En invierno, que salió como adelanto hace algunas semanas, alterna entre una distorsión pesada y fraseos de guitarra que son marca registrada del género. Escenario potente para una canción de desamor que también es marca propia (“quedate en invierno en el mar  / así yo en la ciudad no te pienso tanto / es que sabés es mi cumpleaños / sería un gran regalo olvidarte un rato”). En El Galpón (otra de María Zamtlejfer), volvemos a volar bien alto, emergiendo de los sótanos a los que nos había sumergido Luces y Carteles. Metáforas de la vida cotidiana, genéricas y con bajas pretensiones: poesía sin mucho rebusque. De lo particular a lo general, de una siesta otoñal un domingo cualquiera a paisajes montañosos -siempre fríos- sin recurrir a versos ampulosos.

Con capacidad de síntesis en imágenes sencillas pero potentes, melodías con capas diferenciadas, lejos del sonido más condensado de su primer disco y con mayor demostración de destrezas tanto en instrumentos como en voces, Las Ligas Menores dan un paso fuerte en su desarrollo como grupo y en el del indie como género y como escena.

 

2 – Julio & Agosto – La ceremonia / Capítulo 1 – Los accidentes

Dos años después de su gran disco La niebla y la autopista, el septeto mayor del indie nacional muestra la punta de un cálido ovillo que se viene para los fríos de invierno. En Los Accidentes, primer capítulo de La Ceremonia, el nuevo disco de Julio y Agosto que saldrá -en una propuesta original de la banda- en tres entregas, puede apreciarse una apuesta por un sonido más fuerte pero que no se aleja de los motivos y las texturas propias de las canciones que nos hicieron quererlos.

En nueve minutos y veinticuatro segundos repartidos en dos temas -y una especie de intervalo que compone ese haiku de cincuenta segundos llamado La Siesta (con una efímera y gloriosa intervención de Lucy Patané)-, JyA pisa fuerte en la actualidad de la escena, demostrando que  todavía tienen mucho para dar.

Con Nicolás Pestarino al mando de la mezcla, y editado una vez más por el sello autogestivo Monqui Albino, el sonido de Los Accidentes es más eléctrico y más rockero de lo que pudimos escuchar en La niebla y la autopista, con fuerte presencia de guitarras y voces, pero sin perder el sonido, la calidez y la impronta que le aporta el cuerpo orquestal, formado por Marcelo Canevari en bajo, Leandro Aspís en trombón, Luciana Cúneo y Manuel Katz en violines, Juan López Peña en batería, las guitarras de Santiago Adano y Migue Canevari y cuyas voces de van al frente, apoyadas en las del resto del conjunto, siempre replicando la coralidad de sus instrumentos.

El track uno, Fantasmas, nos cachetea fuerte en la cara si es que esperábamos una canción optimista de amor con guitarras acústicas. Con arpegios espesos y golpazos de los bajos acompañados por los sintes de Aspís, sumado a unos coros que nos transportan al rock más clásico y bien Beatle (con fuerte resonancia a I Want You -She’s so Heavy-, de ese último capítulo de los fab four al borde del colapso), generan un encapado que mezcla la densidad sonora con imágenes que no dejan de ser historias de fantasmas urbanos, al fin y al cabo, algo indefensos.

Luego de La siesta y la visita fugaz de la gran violera de la música nacional (que parece haber desoído ese pedido: “de esta siesta no me despiertes / si vas a dejarme hoy”), llegan más invitadas con Pensaba, un páramo para descontracturarse de los primeros minutos y  volver el clima un poco más festivo, nuevamente con guitarras eléctricas en coro bien al frente y aprovechando la presencia vocal de Paula Maffía y Mel Muñíz.

Y sí, claro que uno se queda con ganas de escuchar más. Tal vez adelanten algo en la presentación de este primer episodio de la trilogía el 31 de mayo en La Confitería (Colegiales, CABA).

3 – Poli – Prietto – Palmeras

Por último, apenas una mención para no olvidarnos de lo que se viene de la mano de Maxi Prietto y Poli Tano. Lejos de lo que puedan representar al frente de Los Espíritus (que se encuentran preparando nuevo material) y Sr. Tomate respectivamente, estos viejos amigos y compañeros de la escena compartieron por redes la canción Palmeras, bolero de Agustín Lara, como adelanto del disco que están por editar en digital y en vinilo. Se trata de un repertorio de boleros arreglados por Charly Pacini de la Orquesta Típica Fernández Fierro, con participación de las cuerdas de la Fierro y con invitados como Andrés Calamaro y Gustavo Santaolalla.

Sí, boleros. Prietto ya había presentado a través de sus redes un material basado en un repertorio similar (La última noche, 2013), aunque luego se arrepintió por haberlo hecho de manera muy “espontánea”. Como si se lo debiera al género, se alió con Poli y convocaron músicos para armar algo más sólido. Luego de un par de presentaciones en vivo, encararon grabaciones. Por lo que puede apreciarse en Palmeras, se trata de un material finamente arreglado y con un sonido que se aleja de las poses, entregando una actualización de este tipo de música que lo acerca a diversos públicos.

Prietto y Poli en pleno ensayo. (Fuente: Facebook Maxi Prietto)

El nuevo trabajo estará disponible en los próximos días, contando con clásicos del género y con composiciones originales de este dúo que nos transporta de las entrañas de las ciudad a parajes poblados de palmeras que parecen estar, ellas también, por qué no, “borrachas de amor.”

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