Del otro lado

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Por Lorena Miguele
Breve eternidad

Pensar que todo esto que veo un día se va a acabar. Y a mí que aún me cuesta comprender el verdadero ciclo de la vida, me resulta ingenuo pensar como Jim Morrison quien decía: “¿Sabes cómo de pálida y lasciva aterradora viene la muerte en la desconocida hora? Sin previo aviso, imprevista como un aterrador y amigable invitado que has traído a tu cama. La muerte hace ángeles de todos nosotros y nos pone alas donde teníamos hombros suaves como garras de cuervo”.

¿Hablará de una muerte natural? Porque yo todavía no me dejo de preguntar: ¿Qué sucederá? ¿Qué habrá del otro lado? Cuando la espera que a veces olvido culmine y se eleve, vientos inclementes esos desvelos arrastren, y hojas en blanco mis letras llenen.

¿Por qué escribo? ¿Qué espero? ¿Qué recibo? Por mí me esmero, todo me lo doy, todo me lo debo.

Me cuento un secreto de mi anonimato, a priori hago como último el primer párrafo.

En esta vida no me incumbe ni concierne perder, ni ganar o empatar. Prefiero desangrar, plasmar, significar y participar. Sin buscar premios ni consuelos que no sirvan si ninguna mente siquiera entiende, comprende, no se explica o replica.

Me es indiferente la idoneidad ¿Ser competente? ¿Competencia? Si me sobra entereza y me abunda paciencia. No quiero trofeos ni premios o diplomas, no quiero tronos ni castillos o coronas.

¿Qué tengo que contar? La línea de la vida de mi mano debo volver a restaurar. Nadie sabe de mí, si esto no lo elegí, más entonces ¿Por qué escribir? Debo quitar el gusto a metal de mi paladar, y escupir mis incomprensibles planes atribuidos, el mapa de los secretos familiares pudientes y antiguos desbaratar.

¿Qué pretendo? ¿Qué procuro? ¿Qué escondo? ¿Qué encubro? ¿Qué disimulo? No me respondo. Si bien dije antes, nada de laureles, nada de triunfos.

No requiero veredictos, ni opiniones o consejos, prefiero saber que nada me conste, que nadie intente que algo mío, lo personal, le importe.

Designo en mí evaporar, consiguiendo, anhelando, aguardando, en alambiques sentimientos ebrios destilar; detener los latidos de mis ojos, antes de estar del otro lado respuestas encontrar.

No necesito para nada presentarme, no exhibirme ni mostrarme o tener una tarjeta, si el cerebro no objeta, prefiero ser desconocida, no me averigüen ni reconozcan, exploren o registren.

Del otro lado el fin llegará, en mi propia divinidad que es nochera, y necesitaré luz para eliminar de mí la torpeza.

Resisto de este lado, rechino mi estructura dental y aún quizás doy un paso en falso, si no me satisfago o colapso no me engaño, o tal vez también daré algunos pasos certeros, prefiero andar con mi rumbo de costado, no derecho, ni torcido o agobiado.

Me repelen las caretas y los disfraces, parches en el ojo y patas de palo; honro la desvergüenza, brujas impúdicas en escobas voladoras agitando el libertinaje.  Porque tengo corazón de mujer… enigmático, ermitaño pero no obligado o despojado.

¿Por qué apuntar? ¿Para qué planear? ¿Por qué proyectar? No deseo ni ambiciono objetivos, ni metas o caminos, no es propicio, si el azar siempre estará cercano… decidido. No todo es tan complejo, señalo algo simple que hay en mí, alcanzar reír, resistir, no digerir ¿Por qué vivir o existir? Del otro lado no se puede resurgir.

En mi vida no hay plan, ni estrategia o codicia. Mejor confío, no interrumpo, ni dejo o cedo. Prefiero esperar, no desertar, ni renunciar o abandonar. Decido escribir, que decir o mentir, si después hay que restituir todo lo dicho, lo callado, lo escondido, lo secreto o disimulado.

Y pregunto, cuestiono, averiguo, no aclaro o descifro; ni de burla consigo responder si quiera ¿Qué descubrirías conmigo?

No quiero promesas, juramentos, ni tratados, solo quisiera que nos encontremos de forma casual del otro lado. Habrá un calor en mi espalda, pero no será tarde cuando el alma suelta y libre ande, del otro lado de mí podré de una vez sentir que el fuego de nuestra antorcha es el que arde.

Cuando expulse mi tórrido ardor y suministre las repuestas que pide mi corazón. Cuando comprenda si el tiempo en verdad existe si todo esto en verdad sucedió. Si sentimos las plantas de nuestros pies sobre la tierra, si disfrutamos celebrando los claroscuros de las fases de la luna y la  luz del sol, olimos o fumamos una flor, si reímos hasta perder la noción del espacio-tiempo. Si nos dejó de importar el consumismo, si vencimos la hipnosis de los medios, si dejamos de ser ovejas cosmopolitas, si lloramos con impotencia por las injusticias, si hicimos algo para cambiar este sitio mundano.

¿A quién querré ver? ¿Quién será? Solo sé que no una ignorada ni desconocida o inexplorada en mi interior, aquella con quien descubrimos la valentía de los miedos, sanamos cicatrices de dolor y encontramos la magia de los estados de ánimo. Si es lógico no puede ser tan racional, mujer compañera absoluta, ¿Quién más me podría esperar? Del otro lado de nuestros cuerpos, vos y yo, inmersas en un paraíso de ímpetu, impulsos libres, lucha y entendimiento. Solo vos con todo tu descomunal amor, dejando los envases que nos cubren, pensando que valió la felicidad y no la pena.

Quiero vivir y no matar el tiempo, de este y del otro lado, una y otra vez encontrarte regresando a la tierra que nos parió.

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