Del amor trágico al «te presumo», ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor?

Gabriela Krause
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Gabriela Krause

Editora at Géneros
Periodista | Editora de Géneros | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente | Autora de Alikal & Misoprostol: caja de herramientas para sobrevivir al machismo.
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La historia de San Valentín se remonta a siglos atrás. Como casi todas las fechas comerciales, tiene su origen en la muerte de una persona, que inmortalizó un día particular: Valentín, un obispo cristiano que casaba a las personas en secreto, en la Roma antigua, cuando el emperador Claudio III lo prohibió porque consideraba que bajaba el rendimiento de sus hombres en la guerra. Siglos después, San Valentín se considera en nuestro país el día de los enamorados, y por tanto se festeja mandando flores, escribiendo cartas, subiendo fotos y hablando de amor. Los solteros enaltecen su soltería, los que están en pareja su condición sentimental, y quienes consideran el amor un acto de compañerismo más allá de la posesión, celebran esas uniones que van mutando, que se transforman y que se hacen preguntas. ¿Cabe preguntarse qué es el amor? ¿Se puede desentrañar? ¿O cabe preguntarse qué es el amor en estos tiempos, tiempos de cambios coyunturales y nuevas formas?

Lo que sí y lo que no

Lo que sí: el amor existe, es una realidad para muchas personas y se manifiesta de muchas maneras. Para muchos, es un ente que está ahí; para otros, es algo que muta, que se transforma, que se adapta a las circunstancias, que no tiene que ver con el romanticismo sino con una forma profunda de relacionarse entre las personas.

Lo que no: el amor no se puede definir ni tipificar. Los consejos de “si X cosa, no es amor” son valiosos, muchas veces, para alertar a potenciales víctimas de violencias de género. Pero son casi automáticos, como si las relaciones amorosas fueran todas iguales. Estamos subestimando al amor, si creemos que con dos o tres frases podemos definir qué es y qué no.

El mito del amor trágico

La Casa Rosada amaneció el día de hoy con un póster gigante de Romeo y Julieta. Sin tipificar el amor, como dijimos, podemos decir que lo que hizo la Casa Rosada fue enaltecer un tipo de amor que poco tiene que ver con el que estamos intentando construir en un 2019 que se empieza a encarar lleno de debates. De los lazos de ataduras al compañerismo hay un trecho gigante que estamos intentando andar sin mirar para atrás, ni siquiera para los costados. El amor de Romeo y Julieta es aquel amor que el periodismo definía, antes de que revolucionemos sus formas, como un amor de violencia pasional. El amor de Romeo y Julieta es un amor que dura poco, que termina mal, que está lleno de muertes. Cabe preguntarse, ya que estamos en esa línea: ¿falta lectura en el gobierno de la Nación, o nos siguen provocando, intentando desconocer esta revolución a nivel social y cultural que estamos gestando? ¿Puede ser que el mejor equipo de los últimos cincuenta años no reconozca una relación que es violenta cuando la ve? ¿No había algo más actual que Shakespeare para darle protagonismo al amor? ¿Algo más de acá?

Los nuevos amores

A muches nos pasa que vivimos en una burbuja feminista y progresista porque guiamos lo que creemos que es la actualidad por la gente que seguimos en Facebook, en Twitter y en Instagram. No vemos que alrededor hay muchísimas diferencias con lo que nosotres creemos como algo ya establecido, ya instalado y ya saldado.

Los nuevos amores no son sólo aquellos que mutan de la posesión al compañerismo. Pensemos un poco. ¿Qué es el amor para las generaciones que empiezan a descubrirlo hoy?

Presumir: una moda entre adolescentes y jóvenes. Se presume a la novia o al novio mostrando sus fotos, subiendo una foto del pibe tocándole el culo a la piba, tuiteando cuánto se ama a le otre, contando todo lo que se vive con le otre, tener una foto de perfil en la que están juntes, y demás.

Presumir es, no hace falta ni decirlo, una palabra que sugiere que la persona con la que une mantiene un vínculo amoroso es de su propiedad. Para presumir algo primero hay que tenerlo.

En estas relaciones, que están completamente signadas por las redes sociales, se asume que el amor hay que mostrarlo todo el tiempo, porque sino no es amor. No es algo que sólo funcione a nivel romántico: somos una generación que no desayunó si no subió una foto de ese desayuno a Instagram, pero cuando se trata de hablar sobre amor y de posesión, esta lógica enturbia un poco las cosas. ¿Se puede presumir a una persona? ¿Se puede presumir sin tener esa noción de que se la posee? Para decir yo presumo, primero hay que decir yo tengo. Se trate de un vínculo monógamo o de un vínculo abierto, lo que estamos tratando de destrabar es esto: no queremos tenernos, queremos estar juntos. Hay una diferencia abismal entre una cosa y la otra, pero hay una porción muy grande de las nuevas generaciones que el amor lo vive así, que necesita vivirlo así, que cree que si “no es presumida” no es amada, y viceversa.

Compañerismo: el compañerismo se puede construir de a dos, de a tres o de a un montón. El compañerismo no tiene que ver sólo con el amor romántico sino con una deconstrucción del mismo. Yo, como sujeto, puedo ser tan compañera de una amiga como lo soy de mi novio. Lo único que cambia es que con mi amiga yo construyo un vínculo de amistad, y con mi novio un vínculo de amor. Y por novio estoy hablando, ahora, de compañero. Entonces, si la similitud está planteada, ¿qué convierte un vínculo en uno amoroso y otro en uno de amistad?

Primero cabe preguntarse: ¿un vínculo amoroso es necesariamente un vínculo sexoafectivo? ¿No puede ser mi vínculo con mi amiga tan amoroso como mi vínculo con mi pareja?

Creo que podemos empezar a pensar en esa clave: el amor no debe ser necesariamente eso que pasa cuando dos compañeros tienen sexo, sienten cosas y construyen una relación. Si el amor se trata de construir compañerismo, el amor puede estar en todos lados. Con una amiga también se puede proyectar una vida. Con un compañero que es pareja, también. Pero una amiga también puede ser una compañera. ¿Es sólo lo sexual lo que divide una cosa de la otra?

Se me ocurre pensar que lo que más divide una cosa de la otra son los resabios de los mandatos del amor romántico heteronormativo: los celos, la posesión, el ideal de familia, la exclusividad, en definitiva, los mandatos sociales de lo que debe ser el amor: una institución más de control, culturalmente aceptada porque, según lo establecido, hace bien.

No digo con esto que los vínculos entre compañeres sean sólo vínculos de amistad cuya única diferencia es el sexo. Los proyectos en común y las formas de relacionarse pueden diferir cuando se trata de construir en común, pero no tiene por qué un amor estar por encima de otro ni diferenciarse por completo. El amor no es algo estático: está en constante movimiento. Y, sobre todo, el amor no es algo que deba necesariamente posarse sobre un solo sujeto y canalizarse de esta manera. Con esto me refiero a los vínculos abiertos, que entienden que pueden sentir ese tipo de amor con toques de romanticismo por más de una persona, pero también a los vínculos monógamos que saben que pueden sentir amor por ese sujeto elegido pero también por otros con los que construye de forma diferente.

¿Se puede definir qué es el amor?

Si se pudiera definir con exactitud qué es el amor, el amor dejaría de ser. Creo que su magia radica en que se puede nombrar pero no categorizar. Estamos hablando de un sentimiento tan complejo que no puede tipificarse simplemente y dejarlo ahí, estático, mientras amamos y nos limitamos a vivir ese amor como si solo existiera una forma de hacerlo.

Hay relaciones largas que se mantienen cambiando esa forma de amor constantemente, reinventándolo y, por qué no, analizando qué significa que sea el amor lo que lleva a construir y a reconstruir, una y otra vez, para lograr un bien común, el de dos o más  personas que sienten lo mismo, o por lo menos algo parecido, entre ellas.

Los consejos de advertencia sobre el amor romántico

Si te ama, no te pega.
Si te violenta, no te ama.
Si te cela, no te quiere.
Etcétera.

¿Si duele no es amor? ¿Si cuesta no es amor? ¿Y por qué?

El amor puede doler: es una de esas tantas posibilidades y mutaciones que se encuentran en su significado inexplicable. Puede doler justamente porque cambia todo el tiempo, y los cambios pueden ser dolorosos muchas veces, pueden costar. El amor puede ser cuesta arriba y no necesariamente violento, no es la violencia el único sitio del que puede provenir el dolor. Entiendo estos consejos como necesarios para prevenir a muchas mujeres en situación de violencia. Es necesario que sepamos que un amor que se sostiene de la violencia no puede ser nombrado como tal, porque entonces el amor se convierte en atadura. “Me pega pero me quiere”, “me pega porque me cuida”, “me cela porque me ama”. Esas justificaciones son peligrosas y corroen al amor. Lo convierten en algo desde lo que es imposible construir, porque hay una relación de poder unilateral. Tal vez sea eso lo que hay que prevenir: si tiene poder sobre vos, no podés construir una relación. El amor no se tiene que basar en el poder, sino en la compañía mutua. Porque ¿qué se puede construir que nos guste si solo nos sentamos a ver lo que está erigiendo el otro para él y para nosotros? ¿Qué se puede construir de sano si solo nos acatamos a recibir órdenes, a construir como albañiles lo que nos dicta un arquitecto que se encuentra en un escalafón superior?

Si duele, puede ser amor. Pero si te oprime, no, nunca puede ser amor. No puede porque el amor que trae mandatos no muta, es estático. Y si es estático, el amor no es. Porque no se puede reconstruir desde los cimientos algo que siempre estuvo en el mando de una sola persona, superior y poderosa. El amor es un vínculo horizontal y mutante. El amor es, simplemente, algo que no se puede explicar, pero que se vive con intensidad.

El amor propio

Un discurso que circula en las redes, en la publicidad, y en todos lados: el del amor propio. El ideal de máxima realización, de confianza en una misma, de autoaceptación. Todo entremezclado, como si poder convivir con una misma fuera lo mismo que amarse, como si
caerse bien fuera lo mismo que amarse, como si aceptarse fuera lo mismo que amarse.

Dicen los que dicen que amarse a una misma es el primer paso para amar a otro. Pero no te dicen que, a veces, el norte de una no es sentir ese amor. Yo, por ejemplo, me caigo muy bien.

Pero el amor lo canalizo en otras personas, no necesito amarme para sentirme construida. Creo que eso del autoamor es una estrategia, en definitiva, para abogar por el individualismo. No: no necesitás amarte a vos misma para que alguien pueda sentir eso mismo por vos. A veces, con sólo caerte bien, podés dejarte amar y amar a otre, porque, en definitiva, lo que importa es esa capacidad de sentir ese amor, y no tanto dónde lo posemos. Si no te amás, igual te pueden amar. No porque lo merezcas, no porque lo hayas logrado. Simplemente,porque el amor está ahí, dando vueltas por los aires, interfiriendo entre las personas.

Si amás a tus amigas, a tu compañere, a tus mascotas, a tu familia, a vos misma o a quien vos quieras, acordate: lo único que importa, en definitiva, es que en nombre del amor no dejes de ser esa persona: la que vos quieras ser.

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