Deciles que no sirve luchar

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

La comunidad educativa de la Ciudad de Buenos Aires impone límites al ajuste macrista en educación: docentes y estudiantes, familias y vecines fueron protagonistas de una fuerza que detuvo el cierre de las Escuelas Comerciales nocturnas y del lactario del Hospital Ramos Mejía, y la absurda mudanza de la Escuela de Cerámica N°1.

De los momentos más duros nacen las mejores resistencias, puesto que es ahí donde son más necesarias. El avance sobre derechos básicos es algo que caracterizará la etapa cuando los libros de historia echen luz sobre los años del macrismo. Sin embargo, los y las abatidas vuelven a levantarse una y otra vez, y con fortaleza logran decir: “¡Ya basta, ni un paso atrás!».

Hagamos un pequeño repaso. El 13 de diciembre del 2018 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires publicó en el Boletín Oficial la resolución 4055/18, que en resumidas cuentas decretaba el cierre de 14 escuelas comerciales nocturnas, y otros tantos cursos en liceos y bachilleratos, también del turno noche. Una rápida respuesta de la comunidad educativa (ese significante vacío que se llena de contenido en ocasiones como estas, y que reúne a todes aquelles involucrades en la cotidianidad de las instituciones educativas) se disparó de diferentes formas: mesas informativas para vecinos y vecinas, inscripciones simbólicas de nuevos estudiantes, irrupción en los actos públicos que buscaban reasignar a les docentes afectades, movilizaciones, la creación de una Multisectorial, y un paro docente. La reacción no tardó en llegar, con la venia de los fondos públicos: por SMS, llamados telefónicos, correo electrónico y redes sociales, las palabras y la voz multiplataforma de la Ministra de Educación e Innovación de la ciudad, Soledad Acuña, buscó viralizarse y doblegar el grito colectivo de la comunidad, agregando que el gobierno que integra había abierto más de 100 escuelas (incluyendo los períodos de Mauricio Macri y de Rodríguez Larreta), cifras engañosas dado que incluyen escuelas construidas por gestiones anteriores, obras inconclusas retomadas y una gran mayoría aún sin terminar, como informa el sitio Chequeado.com.

Pese a esta invasiva campaña oficial, el descontento social ante la quita de derechos a sectores más vulnerables, aquellos que buscan finalizar sus estudios secundarios mientras mantienen un hogar o una familia, llegó hasta el mismísimo Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta. El 30 de enero, mediante la resolución 1169/19, la ministra firma la derogación de la resolución anterior. Lo curioso: los fundamentos son los mismos que gran parte de la comunidad educativa puso sobre la mesa al denunciar los cierres, negados por la ministra Acuña.

Menos de un mes antes de aquel nefasto decreto, la comunidad educativa de la Escuela de Cerámica N°1, “el Cera”, advirtió por un correo electrónico que estudiantes y docentes del Bachillerato ubicado en pleno barrio de Almagro debería mudarse a otro edificio en el barrio Vélez Sarsfield, originalmente destinado a albergar a la Escuela de enseñanza artística Rogelio Yrurtia, con la cual compartirían aulas. Blanco sobre negro: docentes y estudiantes deberían trasladarse siete kilómetros más allá de la escuela del barrio. Eso, sin contar el valor histórico, patrimonial y afectivo que recubre al Cera. La apuesta del gobierno de Cambiemos para aglutinar las escuelas artísticas en el “Polo de las Artes” implicaba arrancar a la comunidad de su identidad, de su cotidiano y de los lazos que vienen construyendo hace casi 80 años, además de generar obstáculos suficientes como para provocar deserción y disminución de la matrícula.

Seguimos el recorrido inverso: en octubre, varias familias se acercaron a la Escuela Infantil N°6, ubicada en el predio del Hospital Ramos Mejía, del barrio San Cristóbal, debido a que, abierto el período de inscripciones, no encontraban la opción para anotarse a la sala de lactarios de dicha institución. El proyecto oficial se supo después: la Escuela infantil perdería en dos años sus salas de lactarios y deambuladores, destinados a les más pequeñes, y sería trasladada en 2021 a otro edificio con sólo tres salas: de 3, 4 y 5 años. Nuevamente se golpeaba a quienes cuentan con menos recursos: las salas de lactantes permiten a madres trabajadoras del hospital no interrumpir el período de lactancia y son claves para aquellas familias que no tienen posibilidad de dejar sus trabajos o dejar a sus niñes a cargo de alguien más.

Estas maniobras despertaron un fuerte rechazo por parte de ambas comunidades. Nuevamente: por separado o en el marco de una Multisectorial, se realizaron junta de firmas, inscripciones simbólicas, sentadas, reuniones con funcionarias del gobierno, el reclamo público en las reuniones del intendente con vecinos y vecinas (convocatorias que parecen cada vez más escasas) y nuevamente el abordaje en la vía pública de vecinos y vecinas disgustadas con las decisiones del Gobierno, al menos, en materia de educación.

Estas manifestaciones se mantuvieron durante todo el verano, épocas que se suponen difíciles para la movilización de la comunidad educativa debido a que son fuera del ciclo lectivo. Sin embargo, los resultados demuestran que la organización en torno a la protección de derechos vale la pena: el viernes 1 de marzo se realizó una audiencia a pedido del asesor tutelar de la Cámara de apelaciones N°1, Gustavo Moreno, en la que los estudiantes de la Escuela de Cerámica podrían exponer sus argumentos a través de su propia voz. Cuatro días después, los jueces de Cámara Hugo Zuleta y Esteban Centanaro, con la disidencia de la jueza Gabriela Seijas, ratificaron la medida cautelar que ordenaba suspender el traslado. En esos mismos días, el juez Marcelo López Alfonsín, titular del Juzgado en lo Contencioso Administrativo N°18, luego de una inspección ocular y amparándose en la importancia de resguardar los derechos de les niñes afectados por la medida inicial, ordenaba la reapertura inmediata del lactario de la Escuela Infantil N°6.

Estos tres casos constituyen victorias, aunque más que nuevas conquistas sean frenos a las políticas regresivas en educación digitadas por Rodríguez Larreta, y operativizadas por su ministra Soledad Acuña. Son victorias porque significaron organización de la comunidad educativa (insistimos con ello: no fueron sólo docentes, ni sólo estudiantes, sino ellos, ellas, con familias y vecinos y vecinas) en defensa de sus derechos, y porque refuerza el escenario donde se apuntalan los siguientes reclamos. El no inicio del ciclo lectivo 2019, que excedió al distrito capitalino, busca evitar la progresiva pauperización de la educación pública: el reclamo por la pérdida de poder adquisitivo en el salario docente, así como un aumento acorde a la inflación proyectada son apenas dos puntos de una larga serie de reivindicaciones, algunas históricas, otras también urgentes, en un contexto en que la educación es una de las variables de ajuste del Gobierno Nacional. 

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