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Victoria Fusco

Redactora at Corriendo La Voz
Periodista | Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social (UNLaM) | Apasionada por viajes, recitales y redes sociales | Contacto: fotografia@corriendolavoz.com.ar
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Alberto Santillán habla de su hijo en presente y cree que su muerte no fue en vano. Darío Santillán y Maximiliano Kosteki viven, respiran y están más latentes que nunca en las barriadas, en los lugares más humildes y en cada lucha piquetera.

El padre de Darío Santillán y María del Carmen Verdú, integrante de CORREPI, dieron una charla en el bar “La Tribu”, en el marco de los 14 años de la Masacre de Avellaneda. La vida de Darío, los hechos anteriores al 26 de junio de 2002 y el juicio a los responsables políticos fueron los ejes del evento.

“Desde el 95 al 99 el piquete comenzó a tomar auge e instalarse como una herramienta más frecuente ante la necesidad de salir a reclamar, no solamente para que te paguen el salario, aumenten el sueldo o reincorporen a los despedidos, sino precisamente por la enorme cantidad de desocupados que ya empezaba a haber y que iba a alcanzar el clímax en las jornadas de junio de 2002 con el 51% de desocupados en todo el país”, manifestó la abogada Verdú, tratando de reconstruir la conflictividad social de la época.conlamadre

Darío y Maxi fueron creciendo con el calor de estas peleas e indignados por la falta de trabajo, comida y salud, comenzaron a poner el cuerpo en cada lucha. “Yo creo que Dari empezó a militar desde que nació. A los 13 años hizo un curso de primeros auxilios. Dari descubre un mundo distinto cuando entra a la secundaria, cuando se conecta con sus compañeros y profesores. Ahí descubre otra realidad, que la historia no es como se la escribe, sino del lado que se la lea. En ese momento empieza su vocación. Darío rompe el molde familiar. Yo no soy militante, ahora milito para exigir justicia por mi hijo”, recordó Alberto Santillán, con un nudo en la garganta.

Es interesante remarcar por qué se empezó a usar, durante esos años, la expresión piquetero. Según Verdú, en ese momento se hablaba de los “fogoneros”  debido a que los primeros cortes (que se adoptaron como forma de lucha) empezaron en el Sur, en las peleas por el cierre de las fábricas metalúrgicas. Allí lo que había que hacer eran fogones, para no morirse de frío en la ruta. También el pañuelo se utilizaba por el humo de las gomas quemadas en el piquete.

“Darío siempre ha sido una persona libre”

Para Alberto, cuando Darío Santillán vivía en el Barrio La Fe, él estaba en su lugar en el mundo. “Por eso pasa el tiempo y  Darío es una persona respetada, que discutía cara a cara con el intendente, con los punteros y peleaba por sus derechos”, afirmó. Mientras que se le engrandece el pecho al rememorar que su hijo amaba la vida y que tenía muchos proyectos por delante.

“Yo creo que la estación Avellaneda, hoy llamada Darío Santillán y Maximiliano Kosteki es un lugar de muerte y resurrección. Allí los han matado, pero también han surgido miles de cosas. También mucha vida. Creemos que desde la muerte de Dario y Maxi se parieron cosas distintas: en el Frente Popular Darío Santillán (FPDS) hay muchísima juventud”, expresó Alberto.

“Hay mucho hijo de puta suelto y libre todavía”

El Frente Popular Darío Santillán no se cansa de pedir “juicio y castigo a los responsables políticos” como Eduardo Duhalde (ex presidente), Felipe Solá (ex gobernador bonaerense), Aníbal Fernández (ex secretario general de la Presidencia), Juan José Álvarez (ex secretario de Seguridad), Alfredo Atanasoff (ex jefe de gabinete), Jorge Matzkin (ex ministro del Interior), Jorge Vanossi, (ex ministro de Justicia), entre otros funcionarios que cumplían cargos en el gobierno en el año 2002.

“Algunos se creen que nos vamos a conformar con la condena de los dos cobardes y estúpidos que dispararon el gatillo ese 26 de junio. Pero evidentemente está más que claro que la orden fue dada desde el lado del estado nacional y provincial  que son los ideólogos de la Masacre de Avellaneda, que hoy siguen impunes. Incluso algunos presentándose a elecciones. Ese es el grado de impunidad que los cubre, desde el lado de la justicia que los cubre pero nosotros seguimos luchando”, denunció el padre de Darío.

Solo resta una pregunta: ¿Hoy, donde estarían Darío y Maxi ante el actual contexto nacional, con despidos masivos, el límite al derecho a huelga, el protocolo antipiquetes, y la ley antiterrorista sancionada en el gobierno anterior? A pesar de que ya pasaron 14 años, la lucha sigue y desde las calles se seguirá denunciando a la justicia, que hasta la fecha permanece ciega.

Fotos: Sub Cop y Revista Sudestada

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