#Cultura La narración audiovisual como espacio de lucha

Florencia Martinez

Florencia Martinez

Redactora at Corriendo La Voz
23. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
Florencia Martinez

Netflix estrenó en su catálogo la película francesa No soy un hombre fácil, que oscila entre los géneros de comedia romántica y sátira. Con un toque divertido e irónico, la producción europea vierte luz sobre la problemática de los roles de género y los lugares planteados en la sociedad actual.

Que el cine expone en muchos de sus relatos las batallas y tensiones contemporáneas no es ninguna novedad. El séptimo arte demanda la atención de los espectadores sobre las cuestiones que componen la agenda pública de manera constante, y en ocasiones, hasta se ofrece como un espacio de evaluación y transformación. Esto, claro, cuando no hablamos de la típica película pochoclera de Hollywood la cual, vamos a admitirlo, es muy entretenida pero carece de un contenido crítico concreto.

A las narraciones audiovisuales comerciales muchas veces se les escapa esta mirada que va más allá del espectáculo, y terminan por constituirse en un recipiente carente de significado. Es por eso mismo que No soy un hombre fácil se nos aparece como una propuesta tan atractiva, porque es divertida sin perder carácter pedagógico.

Escrita por Éléonore Pourriat y Ariane Fert, la película plantea una mirada reflexiva sobre los modos impuestos culturalmente que, bajo la naturalización de los supuestos papeles correspondientes a la relación binómica masculinidad/femeneidad, denotan dos importantes pilares de la falta de igualdad de género. La idea llevada a la plataforma de streaming fue inspirada, a su vez, en el cortometraje Mayoría Oprimida realizado por Pourriat en 2010.

La cinta, que cuenta con las actuaciones de Vincent ElbazMarie-Sophie FerdanePierre BenezitMoon DaillyBlanche Gardin, relata la historia de Damien, un hombre sexista y misógino que luego de sufrir un severo golpe en la cabeza se despierta en un mundo en donde las mujeres tienen el lugar social atribuido normalmente a los hombres. De esta manera, la vida del típico macho da un giro cuando se ve atacado por la misma lógica que él reproduce, sólo que en sentido inverso.

Lo que en un principio se le figura como una tortura absoluta e inexplicable, con el tiempo se convertirá en una importante lección para el donjuán, ya que aprenderá a ver las prácticas que tanto hostigan a las mujeres en la realidad que antes conocía y las sufrirá en carne propia. Todo esto, claro, lo llevará a acercarse más a Alexandra -quien se presentará como una versión femenina de él. Porque para los franceses siempre es muy necesario el amor.

Pero lejos de caer en un cliché de esos a los que Hollywood nos tiene tan acostumbrados, las guionistas proponen una interesante perspectiva sobre los códigos culturales de dominación y la necesidad de una desnaturalización de los mismos. Un gran logro de parte de este equipo técnico y artístico femenino.

El mundo del revés

¿Cómo funciona este universo paralelo? Es muy simple: las mujeres usan mecanismos asociados a conductas machistas para imponer su tiranía. Jefas que acosan a sus empleados, esposas que engañan a sus parejas, hombres que ven depilarse como una necesidad, maridos que cocinan y limpian mientras sus mujeres ven la televisión… ¿nos suena familiar? Y, a la vez, tan distante a partir del hecho de que plantea una dialéctica desconocida, pues estamos acostumbradas a encontrarnos al otro lado del charco.

En este sentido, resulta imperativo tener en cuenta que la mirada planteada por el film es satírica. De lo contrario, llegaríamos a pensar que propone una idea vengativa, y no puede estar más lejos del objetivo de la directora. No se trata, en definitiva, de retomar las conductas machistas y extrapolarlas al género femenino, sino de deconstruir y resignificar las absurdas técnicas por medio de las cuales las mismas se mantienen vigentes. Es, en fin, el deseo de mostrar cómo estas prácticas son nocivas y poner durante hora y media a los hombres en nuestros zapatos.

Es por esto mismo que la ficción francesa está lejos de ser una ilusión caprichosa. De hecho, el giro fantástico propuesto por la cinta se manifiesta más como un llamado de atención sobre la realidad actual que una mera representación mágica. En Je en suis pas un homme facile, Pourriat señala la misoginia propia de la sociedad patriarcal y obliga al espectador a repensar su rol dentro de la mecánica social que reproduce el sistema establecido.

El matriarcado tirano compuesto por la realizadora representa, por lo tanto, una fuerte crítica hacia la idiosincrasia actual con la inversión herramienta de la arcaica concepción de roles.

Una batalla que perdura

Que los movimientos que actúan por lograr la igualdad de condiciones entre los hombres y las mujeres se manifiesten como una importante clave de lectura en la película no es ninguna novedad. De ahí que en el mundo paralelo en el que se despierta también cuente con un grupo de personas que intentan generar un movimiento para reivindicar sus derechos en la sociedad -los masculinistas. Al igual que nos sucede a las feministas, ellos también sufren de una crítica y rechazo constantes por parte de los discursos que buscan sostener el orden patriarcal.

Entender el carácter irónico de la película se convierte en un elemento primordial para su apreciación. La cosificación que llevarán a cabo las mujeres en esta realidad alternativa no significa que su naturaleza sea la misma que la machista que hoy conocemos -sólo que al revés-, o que fueran a comportarse de la misma manera que muchos hombres si estuvieran en su situación -ya que esta última es, en todo caso, una hipótesis que no podemos comprobar. De lo que sí se trata es de percatarse de la necesidad de acabar de una vez por todas con esta lógica binaria y exclusiva.

El cambio de las reglas de juego significa algo más que lo que vemos en la pantalla. La película exagera los estereotipos que bien conocemos -y de los que sufrimos- en la actualidad, en donde las imposiciones sociales que privilegian a unos se presentan como cosas que desde tiempos inmemoriales la sociedad da por hechas. Implica, entonces, pensar en una alternativa. Y es por eso que Yo no soy un hombre fácil no se queda en la denuncia simple y vacía, sino que la carga de un contenido sumamente importante.

Como bien resume la psicóloga de Damien, la idea es pensar en una tercera vía, un mundo donde hombres y mujeres se respalden. Chapeaux, Pourriat.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email