#Cronica Lxs Rusxs Hijxs de puta+ Helena Nav en Rosario: cierta forma del futuro

Imagen extraída del Facebook de la banda
Leonela Esteve Broun

Leonela Esteve Broun

Redactora at Corriendo La Voz
Estudiante de Letras. Feminista. Melómana. Tengo una frase de Friends para todo.
Leonela Esteve Broun

El viernes por la noche, Rosario contó con la visita de una de las bandas más innovadoras de la escena indie argentina, Los Rusxs Hijxs de puta, que junto a les invitades locales de Helena Nav, le regalaron a su público una experiencia fuera de lo común. En esta crónica te contamos todo sobre un recital de lujo.

Afuera, la noche era casi primaveral. Adentro, en Mono, sonaban los Ramones y la gente estaba ansiosa. La apertura de la noche estuvo a cargo de la banda rosarina, Helena Nav, integrada por Kia San en bajo y voz, Valerio J en guitarras, Rocco della Rosa en guitarras y sintes y Jesús Ra en batería, que generó un clima enrarecido, con sus distorsiones, su bajo profundo y demoledor y las irrupciones intranquilizantes de los sintetizadores. En Hablando con Woody Allen, el riff contagioso de la guitarra junto al pulso incansable de la batería, se veían atravesados por la poderosa voz de la cantante: “Sabés qué pasa?/ que estamos cansados”. La vibra se tornó por momentos más sensual y seductora, en canciones como Miss Lilith, en la que el bajo se vuelve primordial para crear un ambiente apocalíptico y desconcertante pero igualmente irresistible.

Unos momentos más tarde, llegaron Los Rusxs Hijxs de puta. La banda integrada por Luludot Viento en voz, teclado y nylon, Florencia Mazzone en batería y coros, Santiago Mazzanti en bajo y coros y Julián Desbats en guitarra y voz, arrancó su set con Cascada, una canción perteneciente a su último disco. Es que la gira que los trajo a Rosario se dio en el marco de la presentación de NOS VAMOS A MORIR DE HACER ESTRATEGIAS DE AMOR, editado en 2017.

En efecto, recorrieron el nuevo LP en casi toda su extensión, pero tampoco se privaron de tocar viejos temas como Nubarrón, del EP Hola de 2013 que nos recordó a todes que el tono irónico pero a la vez personal de las canciones estuvo presente desde el comienzo: “Siempre estoy donde quiero estar/Pero me persigue un nubarrón/que garrón, qué garrón”. Le siguieron Snowball y Halloween, ambos temas del primer LP de la banda, LA RABIA QUE SENTIMOS ES EL AMOR QUE NOS QUITAN. En el primero, el espíritu de denuncia está encarnado en la voz demoledora de Luludot diciendo “estoy cansada de morirme/de lunes a viernes/de trabajar para que a otro/le vaya bien y a mi me va mal” para volverse lúdico en el segundo pero sin perder el filo ni el dejo de violencia contenida.

Le siguieron Insistencia, El sabor de lo nuevo y Horrible. El primero exploró con su impronta bien punk, con voces estridentes y contestatarias, la pobreza de nuestra manera de relacionarnos con les otres: “lo cierto es que alguien solidario/en este mundo despiadado/ es más bien revolucionario”. Con el segundo, la vibra se tornó romántica sin perder la fuerza y Julián Desbats tomó la posta del canto; en el tercero, la ironía se convirtió en la herramienta para desafiar los estereotipos de belleza y defender lo no hegemónico, lo diferente: “Vivo ilusionada con problemas/llena de granos con pus/siempre con poca luz/y con ideas que me queman”.

Unos de los momentos cúlmines de la noche llegó de la mano del hitazo La Federal. Apenas sonaron las primeras notas, un murmullo de excitación recorrió al público que no tuvo ningún pudor en entregarse y saltar al ritmo de la música. De allí en más, el ambiente de goce fue colectivo y entre un juego de luces increíble, que hacía resaltar los dibujos hechos con pintura flúor que les integrantes de la banda tenían en sus caras y sus ropas, nos regalaron una seguidilla de temas increíbles: Tu mami, Fancy, Capilla del monte, Porquería, Parawita, Poca cosa.

El cierre del show vino de la mano de tres de las mejores canciones en el repertorio de Los rusos: Los pibe, con su descripción perfecta de eses jóvenes que lejos de desafiar al status quo, lo perpetúan; Carmelo, con su imaginería surrealista y su deseo de ser libres; y, por último, Luna, con el ímpetu por huir de nosotres mismes que siempre se vuelve inútil porque “puedo decirle a todos que me sigan/pero loco adónde iríamos?/si aún así la luna es más grande que yo”.

Tal vez, escaparle a la propia subjetividad sea imposible, tal vez, nos amemos de maneras dolorosas y, tal vez, la federal venga a darnos palazos ahora más que nunca, pero todavía nos queda la música de Lxs Rusxs para perdernos por un rato entre las luces y el punk.

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