#Cronica El Infierno de Dante

Iván Isolani

Iván Isolani

Redactor at Corriendo La Voz
Redondito y de Ricota. Callejero porque, negra es mi alma, negro es mi corazón. Caí en la escuela pública y también en la universidad. Comunicación en FSOC. Tecnólogo de y por Black Mirror. Hincha de Foucault, Bourdieu y Byung-Chul Han. En deconstrucción permanente.
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En uno de sus innumerables escritos de corte teológico, Jorge Luis Borges cuenta la doctrina de un obispo luterano sueco del 1700, donde sostiene que aquelles que vuelven del infierno al cielo, y aspiran su fragancia y oyen sus conversaciones, todo les parece fétido y tremendamente oscuro. Entonces, la solución que encuentra es volver al infierno porque sólo ahí es feliz. Dante Spinetta necesitó conocer en carne propia de qué va eso de la oscuridad mundana, experimentarla en primera persona para exorcizarla a pura prosa en su último disco, ‘Puñal’, lo que le valió una nominación a Mejor Disco Alternativo para los Grammy’s.

En la medianera entre el jueves y el viernes, Niceto fundió en un mismo escenario a los aires renovadores del trap, como Dak1llah, Ca7riel y Neopistea, con un exponente de la vieja guardia de lo urbano, como El Dante. Como boquea en ‘El Apagón’, allá por los albores del 2007, seas quién seas. Bienvenide a mi escuela.

El show fue de corta duración, pero explosivo. Al haber pasado 7 años entre Pyrámide (2010) y su más reciente material, ‘Puñal’ (2017) –en esos años se reencontró musicalmente con Emmanuel Horvilleur y sacaron tres discos con Illya Kuryaki and the Valderramas-, se esperaba un line up más actual, pero apenas tocó un par de temas y se centró mucho en explorar ese flow de tiempos discorgráficos pasados, pero con la calidad y el sonido del hoy.

Si en su último material muestra, casi de manera introspectiva y segundeando al ego de épocas, el lado más oscuro y sombrío de su alma en clave urbana pero conceptual y con beats muy personales. En el vivo, nos muestra su reverso más conocido pero evolucionado: su visceralidad. Porque no hay que olvidar lo que el músico define en la letra ‘Mi Verdad’: “crecí entre humo y poesía. Entre rock ’n roll y dinastías”.

De esa carne en llamas emana luz. Y talento. Juega y se florea con una guitarra, explorando sonidos con sus pedales. Casi al abuso del recurso, distorsiona su voz y se divierte escuchándose volver a ese discazo de 2010 (“Pyrámide”), para contar la historia de Gisela con el gobernador o pedirle al público que tome distancia que va a explotar. Pa tras dale pa tras. Todo un frontman que tiene bien ganado su lugar.

Fotogalería: Tomás Llorente

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