#Cronica El Cuarteto de Nos en Rosario: somos lo que somos

Imagen extraída del Facebook de la banda
Leonela Esteve Broun

Leonela Esteve Broun

Redactora at Corriendo La Voz
Estudiante de Letras. Feminista. Melómana. Tengo una frase de Friends para todo.
Leonela Esteve Broun

El sábado por la noche Rosario contó con la visita de El cuarteto de nos. La banda uruguaya trajo un repertorio variado, con canciones de su última producción discográfica, sus éxitos de siempre y algunos temas del archivo, que hicieron saltar, bailar y cantar al público rosarino. Enterate más de un recital increíble en esta crónica.

Afuera lloviznaba, adentro era todo expectativa. Para pasar el tiempo, el público cantaba la Marcha de San Lorenzo y el Himno Nacional, entre risas y aplausos. Pero la espera fue corta: apenas pasadas las diez de la noche, El cuarteto de nos estaba arriba del escenario.

Abrieron con un clásico, Hoy estoy raro, de su disco Raro (2006). “Hoy estoy raro no sé lo que hacer/ Sentarme a esperar, que se me pase y chau” cantaba Roberto Musso, acompañado por Gustavo Antuña en guitarra, Santiago Tavella en bajo y voz, Álvaro Pintos en batería y Santiago Marrero en teclados. Pronto, le siguieron Apocalipsis Zombi, del último disco de la banda, el hit Ya no sé qué hacer conmigo, el cual fue recibido con alegría por un público que se cantó hasta la última letra, y Lo malo de ser bueno.

“En esta ciudad siempre nos reciben con muchísimo cariño” dijo Musso, luego de saludar y agradecer la presencia de la gente. Acto seguido, explicó que la gir iba a ser un recorrido no sólo por las canciones que integran Apocalipsis Zombi, el último LP de la banda, sino también por algunas olvidadas, de esas que suelen quedar atrás en una discografía tan extensa como la del Cuarteto.

Y, efectivamente, luego de tocar Invisible, tema del último disco, llegaron Enamorado tuyo, canción en la cual Musso le cedió el puesto de vocalista principal a su compañero Tavella, Cuando sea grande y Vida Ingrata, todas canciones de Porfiado, LP editado en 2012.

Pero el mayor retrotrack de la noche estaba por llegar. “La canción que viene ahora tiene muchísimos años. Tiene 27 años. Muchos de ustedes no habían nacido en esa época” avisó Musso y acto seguido nos deleitó con Al cielo no, del disco Canciones del corazón (1990): “De rebote me enteré que la eternidad/ dura mucho tiempo, y a veces más”.

De allí en adelante, el setlist se transformó en una seguidilla de éxito tras éxito, que fueron recibidos por el público con alegría, apenas sonaban las primeras notas de cada tema. Con En el karaoke de mi noviecita, Tavella volvió a tomar las riendas del micrófono y con No llora, la emoción colectiva alcanzó su punto máximo. “Temazo” decían algunos y se abrazaban, sonriendo. Y es que esa canción parecía desentonar con el tono humorístico y muchas veces irónico que es marca registrada de su música, pero, si une está atente, puede darse cuenta que el espíritu detrás de las letras es siempre el mismo, incluso cuando parece primar la comedia. “Cuando se rían de ella por no actuar igual que otra gente/ Por pensar diferente y ser abierta de mente/ Y ellos desprecien lo que ella valora/ La nena los ignora, la nena no llora” cantaba Musso, enarbolando la bandera del distinte, del rare, de aquelles que nunca parecen encajar en ningún lado.

Los tintes políticos de la banda se dejaron ver con Hay que comer y Pobre papá. Antes de tocar el primero de ellos, el cantante comentó “esta canción la compusimos cuando en Uruguay y acá había una crisis bárbara. Más o menos como ahora. Los años pasan y las crisis quedan”. Esas palabras fueron recibidas con aplausos y, al terminar el tema, el público le hizo honor al hit del verano y le dedicó unas palabras a nuestro Presidente, Mauricio Macri.

Sobre el final de la noche, el clima se fue tornando más festivo y los músicos uruguayos sacaron a relucir lo mejor de su artillería musical: luego de un viaje en el tiempo con Bo cartero, del disco Otra navidad en las trincheras de 1994, llegaron hitazos como Algo mejor que hacer, Me amo, El hijo de Hernández y la aclamadísima Invierno del ‘92, en cuyo comienzo la gente fue la encargada de cantar, a puro pulmón: “Un invierno que dolía el frío/ Mi cuerpo ya no era el mío.”

Después de una despedida calurosa por parte de un público que no quería irse, la banda regaló dos bises increíbles. Primero, llegó Nombres, que con su melodía electrónica irresistible y su ritmo pegadizo hizo bailar a todo el público. Y luego, la exitosísima Yendo a la casa de Damián, que le puso el broche de oro a una noche para el recuerdo.

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