Crónica de un retroceso: “lo golpearon por puto”

Rocío Belén Rodríguez

Rocío Belén Rodríguez

Redactora at Corriendo La Voz
Estudiante de historia y de comunicación/ Feminista/ Cinéfila/ Amor por los libros.
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Rocío Belén Rodríguez

Diciembre comenzó de manera violenta y oscura, la homofobia se hace protagonista en un escenario colmado de tensión social, y nadie habla del tema porque ya tenemos demasiado para hablar. 

No hace más que un par de semanas.

Una mañana de sábado, salida de boliche, alrededor de las 6:30, dos jóvenes deciden pasar el after en el Mc Donald’s de Avenida Córdoba al 3100, en Capital Federal, a culminar lo que queda de noche en un desayuno y contar alguna anécdota recolectada del baile de la madrugada.

Jonathan Castellari y su amigo Sebastián son atacados, primero verbalmente, por una patota de chicos de entre 20 o 25 años. No sólo les bastó la falta de respeto dentro del local: la situación llego a instancias más agresivas.

Jonathan sale del local a fumar un pucho hasta que esté listo su combo, además porque ya le resulta irritable escuchar los agravios de este grupo de machitos. Su amigo, estando adentro, ve la situación. Uno de los agresores sale y aparentando dar un abrazo fraternal, agarra a Jonathan. Se lo llevan al estacionamiento del local y lo golpean. Su amigo sale e intenta detenerlo, pero no puede, él también es golpeado mientras intenta sacar a su amigo de esa situación. Jonathan, inconsciente de los golpes, con la cara desangrada y desvanecido, sólo es asistido por una enfermera que se encuentra en ese mismo lugar desayunando.

Junto con la enfermera, ambos son llevados al Sanatorio Güemes que queda a pocas cuadras del local. La enfermedad, por suerte, trabaja en el mismo lugar donde Jonathan permanece internado por una semana.

No es la primera vez.

La lesión más comprometida fue la de su ojo derecho. Una patada le ha fracturado la órbita ocular dejándolo al borde de perder el ojo. Necesitó ocho puntos de sutura, además de una intervención quirúrgica.

Ahora, ya dado de alta con un fuerte dolor contó en su cuenta de Facebook cómo fueron los hechos en primera persona, y su amargo recuerdo de todo lo sucedido.  

No era la primera vez que se enfrentaban a actos homofóbicos, como su amigo ha contado por varios medios. Tristemente, se han mal acostumbrado a soportar estos tipos de atropellos pero jamás han llegado a actos de agresión física. 

volví a encontrarme con la homofobia cara a cara”, sostuvo Jonathan en su Facebook personal en su descargo, luego del ataque.

Ni será la última

Sin embargo, esto no terminó con la golpiza, y el estado grave en el cual se encontró Jonathan, sus agresores fueron a la entrada del sanatorio para continuar con las provocaciones y seguir reafirmando su homofobia sin ningún tipo de demostración de arrepentimiento. Pero la violencia no sólo se manifiesta en lo físico, verbal, psicológico y en la censura, sino que también está presente en el silencio y en la no intervención de los civiles.

Nadie pero absolutamente nadie ayudó a detener a los agresores, ni adentro ni afuera del local de comida rápida. Sebastián, su amigo, afirmó que el lugar en ese momento no tenía personal de seguridad, pero acaso ¿ninguno/a los que estuvieron presente pudo intervenir en ésto? Sí. Pudieron. Pero prefirieron no meterse. Y sumando esto a la violencia institucional del Estado, que se hizo presente en este escenario, además de la censura que recibió de parte de Facebook sobre la carta de descargo que hizo en su cuenta personal.

Su amigo, Sebastián, luego de lo ocurrido llamó a la policía dos veces pero no recibió respuestas al respecto, hasta luego de la internación de Jonathan. Ese abandono es violencia.

El día 2 de diciembre se hizo una convocatoria desde el local donde Jonathan fue agredido hasta el sanatorio donde estuvo internado, bajo la consigna de Basta de Homofobia y para reclamar una ley antidiscriminación.

El club de rugby, Ciervos Pampas, donde Jonathan es jugador también se solidarizó ante este acto de intolerancia. Y es de relevancia destacar que Ciervos Pampas es el primer club de rugby amateur en Latinoamérica en contra de la homofobia, con inclusión a la diversidad sexual.

Por ahora en las últimas declaraciones dadas, la Defensoria y la Federacion LGBT se comunicaron con las autoridades del Ministerio de Seguridad para solicitar las cámaras de seguridad del local y demás negocios de la cuadra para dar con la identidad de los agresores. También se hizo una presentación ante el INADI y la Fiscalía UFEM que se especializa en violencia de género y en temáticas de la comunidad LGBT.

Las estadísticas no mienten

De lo que fue el 2016 en Argentina, “La Federación Argentina LGBT (FALGBT) junto la Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina, La Fulana y la Defensoría LGBT de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entregaron el primer informe del Observatorio de Crímenes de Odio hacia la Comunidad LGBT a Vitit Muntarbhorn, primer Experto Independiente sobre protección contra la violencia y discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género (OSIG) de las Naciones Unidas (ONU)”.

En el informe declaran que de los crímenes registrados en el 2016, el 43,33% terminan en asesinatos, el 56,66% en agresión física que no termina en muerte y el 92,3%  de los asesinatos son mujeres trans. Y dentro del grupo de las personas víctimas de la violencia física que no terminan en muerte, el 66,6% es cometida por personas particulares y el 33,4% personal de las fuerzas de seguridad, un número elevado para tratarse de violencia institucional.

El titular de la Comunidad Homosexual Argentina, César Cigliutti, manifestó que “en 2016 los casos de violencia contra las y los integrantes de nuestro colectivo crecieron más de 20%”.

Sin embargo, es muy difícil tener una data precisa de los hechos ya en rasgos generales no se registra como tal la identidad de género y se deja de lado la orientación sexual.

En parámetros mundiales, según la estadística dada por TelesurTv, en 72 países aún se considera ilegal la homosexualidad, en 8 países se la condena con pena de muerte, y en solo 24 países la ley permite el matrimonio entre dos personas del mismo sexo.

Queremos vivir sin miedo de salir a la calle

No podemos dejar de resaltar el contexto político de ultraderecha, donde las fuerzas de seguridad, el aparato represivo del Estado, es el as de la manga que tiene el gobierno para imponer a la fuerza y con el miedo todo estos cambios que se están deseando llevar a cabo.

Nos ha devuelto el fascismo histórico que antes estaba guardado pero siempre latente, ahora en su pleno esplendor y a la luz del día.

El mes pasado teníamos el nuevo Protocolo contra la comunidad LGBT firmado por la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, días antes de la XXVI marcha LGBT anual. Un comunicado que dejo mucho por protestar después de los grandes logros que ha podido avanzar la comunidad: matrimonio igualitario, identidad de género, adopción, entre otros. Pero estos atropellos a la moralidad donde seguimos teniendo víctimas de la homofobia, donde todavía las instituciones siguen generando violencia contra la comunidad Trans, donde te llevan detenida por besar a otra persona de tu mismo sexo, todos estos actos sólo nos dejan a luz la intolerancia a la diversidad sexual y a la no disposición de deconstruir los parámetros establecidos y consensuados desde el mismísimo poder.

Es por eso, que el feminismo y las diferentes instituciones que representan a la comunidad LGBT siguen siendo la vanguardia que marca la verdadera Resistencia opositora.

Concluyo con las palabras de Jonathan que a un principio les fueron censuradas porque incluían la palabra “Puto”, pero luego logró que se republiquen en su cuenta personal de Facebook.

“Me salvé. Hoy puedo contarlo. Pero hay algo que no dejo de preguntarme. ¿Qué habrán sentido otros adolescentes que todavía no pueden contar que son gays cuando vieron por televisión lo que me hicieron? ¿Habrán sentido que si “se les nota lo g@y” los van a cagar a trompadas? ¿Que si eso pasa nadie se va a meter? Si te preguntás cómo podés ayudar a cambiar esta locura, educá, difundí, hablalo en tu casa, hablá con tus amigos, con tus hijos. No te calles, no seas cómplice. La homosexualidad no es una enfermedad y la homofobia es una forma de odio que se inculca mediante la discriminación. Ser gay es algo innato en nuestras vidas: queremos vivir sin tener miedo de salir a la calle.”

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