Crónica de la 38° marcha de La Resistencia

María del mar Rodríguez

Escribo. Estudiante de teatro. Bailo en los semáforos. Amores: el feminismo, los fideos y el mate amargo.
María del mar Rodríguez

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Plaza De Mayo. El mediodía arranca con la famosa “ronda de las madres” dando vuelta la pirámide. Va cambiando de gente con banderas, carteles, nombres, constantemente para cumplir el objetivo de la jornada: ocho horas de marcha. El encuentro es por la 38 marcha de La Resistencia, convocada por Madres de Plaza de Mayo Linea Fundadora. La particularidad esta vez, fue la unión de distintos sectores para esta jornada donde hubo música, poemas de desaparecidos y desaparecidas leídos por actores y actrices. Todo transmitido por una radio abierta generada por distintos medios alternativos y populares. Ahí se pudieron escuchar distintas voces, como de Sergio Maldonado, Alberto Santillán y Pablo Llonto retratando el panorama acerca del juicio que se realizará el próximo lunes por los desaparecidos de “La Tablada”.

Van dos horas de marcha, anuncia Eduardo Natchman desde el micrófono mientras las banderas, pies, cuerpos, voces siguen dando la vuelta a la pirámide. Leen los nombres, los 30 mil nombres de desaparecidos y desaparecidas en la última dictadura Cívico Militar. Los nombres resuenan en la plaza y se acompañan, de un “presente” constante. El sol quema de a poco, pero es la marcha de la resistencia, de la fuerza en ver a esas madres, a esxs familiares con carteles en sus pechos. Sonríen, se abrazan, lloran. En el micrófono transcurren los testimonios, y desde la radio abierta foguean: “que no se caiga la ronda”,para que más gente se siga sumando y el movimiento siga.

Sigue.

En el escenario empieza a sonar la Orquesta Argentina de Charangos, las fotos con las caras de los pibes asesinados por la policía laten desde los carteles de la organización La Poderosa, Kevin, Santiago, Kiki, Cristian, Nazareno, el bocha, Facu, Nehun, Luciano.

Se cumplen seis horas.

Las poesías escritas por compañeros y compañeras desaparecidas son leídas por actores y actrices, la prosa late, los versos de lucha, la memoria política de esos versos que nos quedarán para siempre.

Un montón de caras enojadas y cuerpos apurados pasan entre la gente, es que tienen que pegar la vuelta para poder entrar a la linea A del subte. Van rápido, sin pedir permiso, para llegar a su destino, los versos de lucha salen de las bocas y caen, vuelven los llantos y abrazos.

Siete horas de marcha. Ya oscurece. Suben las madres, suben los pañuelos, la resistencia, a hablar. Taty Almeida planta su voz: “Seguimos poniendo el cuerpo, tomando la calle, se los decimos nostras, las locas que con bastones y sillas de ruedas seguimos” y el grito y el aplauso la abrazaron, y también las palabras de Estela de Carloto, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, y Norita Cortiñas que con su pañuelo blanco y su pañuelo verde dijo: “Todas juntas, y no dos marchas, ¿por qué dos marchas? Que lindo el calor que recibimos, que dimos, podemos mirarnos a los ojos, podemos abrazarnos, ¿vieron que hermoso? Toda la tarde llena de abrazos, porque se reaniman las endorfina, ¿algún medico acá? ¿O no que se reaniman las endorfinas?” Y agregó: “Seguimos la resistencia. Todavía tenemos que resistir, todavía no sabemos que pasó con nuestros hijos e hijas, todavía hay más de quinientos jóvenes que no conocen su verdadera identidad, todavía los sueños de nuestros hijos e hijas no se cumplen y eso que ustedes siguen con las banderas en alto. ¿Como no vamos a resistir? ¿Como no vamos a estar en la calle si están vaciando al país?” Y en su testimonio no faltó el lugar para denunciar la política actual: ”Decir no al ajuste, no a la represión, porque la represión está preparada para meter el ajuste cada día, para cumplir con los planes que dejó el Fondo Monetario Internacional, el G20 y todas las políticas que nos quieren meter desde afuera”.

“No solo levantamos las banderas de nuestros hijos e hijas, sino de todo el pueblo argentino, yo estoy segura de que vamos a vencer” y cerró con el grito de 30. mil compañeros desaparecidos, presentes, pero también con el de los pibes caídos por la bala policial, y las madres que luchan por esas pibes.

Ocho horas de marcha.

Viene el cantante Bruno Arias. Suenan las chacareras, las personas que quedan bailan, Norita baila un poco y se sienta, con unas flores pegadas en sus manos, y los ojos abiertos por su sonrisa.

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