#ConferenciaPresidencial ¿Cómo medir el costo político?

Fernando Paludi

Fernando Paludi

Redactor at Corriendo La Voz
Casi sociólogo, Menottista y musicalizador ocasional. Redactor en #CorriendoLaVoz
Fernando Paludi

La vuelta atrás por parte del gobierno de Mauricio Macri en dos temas claves como la revisión en la fórmula de la movilidad jubilatoria y el escándalo por la condonación de deuda al Correo, que involucra al propio padre del presidente. Son dos nuevos retrocesos del macrismo, como ya lo habían realizado con diversas resoluciones a lo largo de su primer año.

No es pertinente ya esbozar una opinión sobre el proyecto de acuerdo entre el Estado y la familia Macri por la deuda del Correo que arrastran desde 2001. Tampoco vamos a entrar en las explicaciones técnicas sobre como ese fallido intento de recalcular a la baja los incrementos de los haberes jubilatorios sean recomendaciones hechas por el Fondo Monetario Internacional al Gobierno.

Lo que nos importa es comprender el costo político que tienen el anuncio de este tipo de medidas con su posterior “Volvamos a foja cero”. Pero el malestar ya establecido en un amplio sector que viene soportando el ajuste no tiene vuelta atrás tan fácilmente.

“Si me equivoco doy una paso atrás y me corrijo” parece ser la declaración favorita de Mauricio Macri. La serie de “errores” consecutivos del Gobierno, con su posterior marcha atrás, es vista desde el oficialismo como una virtud. Es espinoso creer que todavía pueda funcionar de ese modo. Los sucesivos arrepentimientos están colmando la imperturbabilidad.

Estos dos nuevos arrepentimientos, sumado a las numerosas vacaciones de la familia presidencial y, principalmente, los nuevos aumentos que en los próximos meses estarán atacando al “bolsillo” de todos los sectores de la sociedad, tendrán un alto costo político que las investigadoras intentarán en vano medir.

Estamos detallando esos temas que tocan a todos los sectores de la población y no a los que afectan solo a una porción específica pasando casi desapercibido para la gran mayoría, no es el mismo costo político el conflicto de fin de año en el Conicet que una medida que afecta a los jubilados o casos de corrupción. Como tampoco tuvo, lamentablemente, repudio nacional la insensibilidad política con el feriado del 24 de marzo o el pensamiento “negacionista” de Juan José Gómez Centurión.

En un año electoral, hay que tener en cuenta la importancia de variables de corto plazo para dar cuenta de los cambios en los patrones de votación. El voto ya no es exclusivo de un sector social como lo fue en el siglo pasado sino que todo se vuelve difuso, por lo que, el voto económico es la herramienta que la gente tiene para decidir si premia o castiga al gobierno.

La disociación entre voto y clase social hace que los “grandes” temas, los que no admiten discusiones ni tienen una gran carga programática para tratarlos, sean los que definen el voto.

Muchos estudios suponen que la realidad económica es fácilmente observable y que las percepciones que tienen las personas reflejan dicha realidad. Entonces, si en los próximos meses se materializan los aumentos en gas, agua, transportes y peajes es una ilusión no creer que esos incrementos no se trasladen automáticamente a las estructuras de costos en la producción con su repercusión rápida en los precios al consumidor. Esta lineal ecuación difícilmente no pegue duro en el voto oficialista, amenazando destruir su base electoral.

En su conferencia de prensa de ayer, Macri pidió “sensibilidad” a los empresarios y dijo que en inflación “la meta que ha puesto el Banco Central es entre el 12 % y 17 %. Entonces yo espero que los argentinos podamos cerrar el año, y estoy convencido de que lo vamos a lograr, debajo del 20 %”. Desde el gobierno prevén que el salario real registre un crecimiento del 5% este año, luego de la caída del 6% del año pasado. Es espinoso confiar en estos números con la secuencia de aumentos en los servicios públicos y los nuevos tarifazos anunciados.

El discurso insustancial del presidente, como si siguiera en campaña, ya no alcanza para apaciguar el malestar que se viene gestando en los diferentes sectores. El electorado reacciona en función de sus necesidades inmediatas. “Alegría”, “soñar” y “construir una Argentina mejor” son inanes expresiones que resultan infecundas ante la realidad que se impone y hacen añicos las promesas “duranbarbescas” que tan efectivas fueron en los meses previos a la elección presidencial.

Inflación, jubilados y corrupción son temas que parecían estar del lado del macrismo, fueron parte de su exitoso relato de campaña, en estos días le están golpeando fuerte y este bastonazo puede hacerle daño en los próximos meses.

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