Caso Maldonado: intrigas de una desaparición que inquieta al poder

Pedro Lacour

Pedro Lacour

Periodista | Columnista en Misiones Opina | Colaborador en #CLV | Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires
Pedro Lacour

Una tenue sensación de alivio invadió los pasillos de la Casa Rosada esta semana, tras conocerse los resultados negativos de las pruebas de ADN realizadas a los vehículos de Gendarmería Nacional que participaron del avance sobre el Pu Lof en Resistencia Cushamen, en Chubut, el pasado 1° de agosto. Se buscaban posibles rastros genéticos de Santiago Maldonado, desde ese día desaparecido en el marco de la represión a un reclamo de la comunidad mapuche sobre la ruta 40.

Los agentes de la Policía Federal habían recogido 38 muestras de material biológico que fueron cotejadas con el ADN de los padres y el hermano del joven artesano: 23 dieron negativo y 14 no pudieron ser analizadas. Envalentonada por la noticia, la ministra de Seguridad, Patria Bullrich, se mostró convencida de que la inexistencia de rastros permitiría “despejar muy fuertemente” la principal hipótesis que hasta el día de hoy guía a la causa: que Maldonado fue víctima de una desaparición forzada en manos de la Gendarmería.

Poco importó que desde el propio Juzgado Federal de Esquel, a cargo del juez Guido Otranto, se afirmara que los resultados genéticos no iban a ser concluyentes. Tampoco pareció ser muy relevante que el defensor oficial de aquella ciudad patagónica, Fernando Machado, indicara que las camionetas peritadas habían sido debidamente lavadas luego del operativo. El mensaje que buscó transmitir el Ejecutivo fue claro y sin vueltas: el Gobierno no tiene nada más que explicarle a la Justicia. “Espero que los que pidieron mi renuncia reconozcan el trabajo que estamos haciendo”, sentenció Bullrich en una entrevista con La Nación.

Las irregularidades afloran en el expediente del caso que investiga lo ocurrido con Santiago Maldonado. Sin ir más lejos, los allanamientos a los destacamentos de Gendarmería de El Bolsón y Esquel se realizaron recién nueve días después de denunciada su desaparición. Mientras que el ingreso al Escuadrón de San José de San Martín se dio seis días más tarde. Fue en ese lugar donde los investigadores descubrieron, a través de grabaciones de video, que en la represión a los mapuches habían intervenido dos vehículos que en un principio no habían sido informados.  

 

El hilo por lo más fino

El caso Maldonado comenzó a figurar en la agenda oficial del presidente Macri hace no más de dos semanas. Hasta entonces, todos los esfuerzos del oficialismo estuvieron puestos en respaldar ciegamente el accionar de las fuerzas de seguridad. A lo que se le sumó un énfasis particular en distraer a la opinión pública con la teoría –luego desmentida– de que, días antes de su desaparición, un Maldonado encapuchado había sido herido de muerte por el cuchillo de un puestero de una estancia de Benetton.

La incertidumbre fue total una vez caída la pista falsa. No había lugar a dudas: testigos y pruebas recolectadas confirmaban que el joven se encontraba en el Lof al momento de la entrada violenta de la Gendarmería. Además, los resultados de los focus groups comenzaban a encender la luz de alarma. Se le volvió urgente al Gobierno desplegar otra estrategia, mostrarse activo. Fue así que, a comienzos de semana, el secretario de Seguridad Interior de la cartera conducida por Bullrich, Gerardo Milman, se presentó en Esquel para entregarle al juez Otranto una carpeta. Eran actuaciones internas de Gendarmería que, según el propio Gobierno, poseían “información relevante” que podía ayudar a constatar la participación de siete uniformados en un hecho confuso sucedido a la vera del río Chubut.

Otranto decidió comenzar a interrogar a los gendarmes en calidad de testigos. En sintonía con los papeles cedidos por Milman, dos de ellos señalaron que escucharon comentar a un compañero que le había arrojado un piedrazo a uno de los manifestantes. Otro de los gendarmes interpelados, sin embargo, adujo que no vio el piedrazo, a pesar de haber sido, según su propio testimonio, uno de los primeros en llegar a la orilla. Testimonio que coincide con lo señalado por el mapuche Matías Santana, quien participó de la protesta y niega que, si bien reconoce que los efectivos tiraron piedras, una de ellas haya herido a alguno de sus compañeros. Anteriormente, Santana había declarado ante la Justicia que vio como subían un cuerpo a un camión unimog de la Gendarmería. Él no duda de que se trataba de Santiago Maldonado.

 

Así y todo, el cúmulo de contradicciones cosechadas no le impidió al magistrado comenzar a abonar la idea de que, mientras se encontraba huyendo a través del río, Maldonado podría haber sido herido por un gendarme al que “se le fue la mano” en el uso de la fuerza. ¿No debería, el juez Otranto, haber llamado a declarar a todos los uniformados que prestaron servicio el 1° de agosto en el preciso momento en que asumió al frente del caso? ¿Por qué le llevó más de 40 días caer en la cuenta de la importancia de las palabras de los gendarmes, cuando la misma carátula de la causa hace semanas que refiere a una eventual desaparición forzada de persona? Suponiendo la veracidad del relato que pinta  a un gendarme fuera de sus cabales, ¿puede un grupo menor de uniformados, sin complicidad institucional, hacer desaparecer un cuerpo durante tanto tiempo sin dejar huella alguna? Las preguntas tienden al infinito.

¿Qué sabe el señor Noceti?

A un mes y medio de la última vez que fuera visto con vida Santiago Maldonado, los indicios no dejan de apuntar al accionar de la Gendarmería. La figura de Pablo Noceti, Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, constituye un eslabón fundamental en la cadena de responsabilidades políticas que tiene a la ministra Patricia Bullrich en el ojo de la tormenta. Bullrich goza de la protección incondicional del Presidente. Pero los cabos sueltos pueden llegar a complicarla si la investigación continúa por el rumbo que indican las pistas.

Pese a que en un principio el Gobierno lo negara, Noceti estuvo presente aquella tarde de agosto en las inmediaciones de la estancia Leleque, propiedad de la familia Benetton. No sólo hay fotos y testimonios, como los de la vocera mapuche Soraya Maicoño, que lo ubican rondando la zona. Altos funcionarios de la provincia de Chubut confirmaron que estuvieron reunidos con él en Bariloche días antes del operativo. Y que fue durante ese encuentro que el propio jefe de asesores ministerial asumió el rol de planificador en el procedimiento que se iniciaría el 31 de julio.

“Creo que Noceti no dirigió el operativo”, deslizó el juez Otranto en sus primeras y únicas palabras a la prensa. Otranto es el mismo magistrado que dio el aval para el desalojo de la ruta 40. Hoy se sabe, también, que estuvo cara a cara con Noceti el mismísimo 1° de agosto. En esa reunión, la mano derecha de Bullrich le anunció al juez que no necesitó de una orden para ingresar a territorio mapuche ya que, al considerarlo un hecho de flagrancia, eso le permitió instruir a la Gendarmería para que actúe sin consentimiento judicial. Frente a la evidencia, el juez Otranto se desentiende. Este jueves, la familia Maldonado pidió su recusación por considerar que carece de la imparcialidad necesaria para dirigir la investigación.

¿Encubrimiento o inoperancia? ¿Inoperancia y encubrimiento? Entre sus tantas aristas dramáticas, el caso Maldonado se convirtió en un prisma a través del cual pueden dilucidarse los límites, siempre difusos, que separan al poder político de los intereses del poder económico. La insistente pretensión de construir un nuevo “enemigo interno”, sintetizado en la figura del “mapuche violento”, no se comprende sin tener en cuenta los conflictos territoriales de larga data que tienen lugar en la Patagonia argentina. Una pugna ancestral que Benetton quiere, de una vez por todas, terminar de solucionar a su favor. El papel que asume el gobierno de Cambiemos en esa trama no parece ser otro que el de custodio de las más de 900 mil hectáreas del gigante italiano. La verdadera tierra sagrada.

*Columna de Pedro Lacour para Misiones Opina

 

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