#Teatro Desde el origen, condenados a lo material

Julieta Cantero

Julieta Cantero

Colaboradora Sección Cultura
Periodista | Licenciada en Comunicación Social UNLaM
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Una relectura del mito bíblico de Caín y Abel como crítica al capitalismo. Una brillante pieza de teatro político donde la pluma de Kartun se convierte en poesía y excelencia a través del cuerpo y las voces del trío protagónico.

Terrenal. Pequeño misterio ácrata parte del texto bíblico de Caín y Abel y lo traslada a una Argentina conurbana de la década del 50. Un terreno dividido para dos hermanos, dos miradas y dos intereses contrarios pero complementarios. Caín, es el lado derecho del terreno, productor morronero, marca y delimita según su ley de propiedad privada. Abel, el lado izquierdo, vagabundo, hace sus quehaceres el día domingo, junta y vende isota en la banquina, mientras que el resto de la semana se dedica a disfrutar de la naturaleza y el ocio.

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Fotografía: Malena Figó

De esta manera, el espectador construye activamente el perfil de cada personaje a partir de la dialéctica entre ellos. Caín y su vida dedicada al trabajo, sagrado el capitalito, reza. Abel y una concepción de la vida lejos de lo terrenal y de lo material, el trabajo es el vicio de los que no sirven para otra cosa. Si será dañino que hasta pagan por hacerlo, sentencia.

La economía de recursos utilizada tanto en el vestuario basado en tonos blancos y negros como en la escenografía, amplía y multiplica la calidad del texto y de las actuaciones. A su vez, el juego de luces y la música ejecutada en vivo ensalzan la dinámica y complementan a la perfección el decir de cada uno de los protagonistas.

En esta parábola, la figura de Dios, el Tatita, está inspirada en Horacio Guarany, un Dios gauchesco, músico, libre, irónico, con tonada provinciana, que vuelve al terreno después de 20 años de abandono. A partir de la irrupción de este personaje encarnado por rafael Bruza (anteriormente Claudio Rissi), toda la dinámica de la obra cambia. Cada hijo le ofrece su mejor ofrenda: Caín se esfuerza por ser querido a través de sus morrones, sus escalas de peso y medida, su vida dedicada al trabajo; Abel no le ofrece más que una fiesta en el pueblo.

Para sorpresa de Caín, el Tatita elige la opción del esparcimiento, la fiesta, la música, la comida y el ocio, alejándose de la ofrenda producto de una mente avara y comercial. Soy la derecha y elige la torcida, lamenta. De ahí, la rabia de Caín y el asesinato.

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Fotografía: Malena Figó

La pieza teatral y su ping pong de ideologías enfrentadas marcan una crítica al capitalismo, a la visión superficial de las cosas, y la metáfora del morrón y su sistema de medida, el Patrón Morrón, lo deja al descubierto. Del pimiento importa sólo su forma, su peso y tamaño, no su contenido.

Los 90 minutos de obra entre humor, drama y tensión, invitan a la reflexión entre una multiplicidad de eternos rivales: derecha e izquierda; libertad y esclavitud laboral; propiedad privada y vida nómade; la vida recreativa, la fiesta, el ocio y el descanso contra la alienación, la acumulación, la competencia y la ambición.

Mauricio Kartun explica que la propiedad es una construcción humana, y que en ese acto el hombre aprovecha y se condena, porque está obligado a proteger y aumentar lo que posee. Y es la condena de Caín la que vaga hasta nuestros días alimentando mentes con esa concepción capitalista para vivir, con ambición, marcando y delimitando, sobrevalorando las formas y no los contenidos y generando murallas que nos separen y aíslen cada vez más.

Terrenal. Pequeño misterio ácrata se presenta de jueves a domingos en el Teatro del Pueblo, Avenida Roque Sáenz Peña 943, y es la ganadora del Mejor Libro del Año en la 41° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2015, se vende a la salida de la función, y su relectura no tiene desperdicio.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA 
Actúan :Abel: Claudio Da Passano; Caín: Claudio Martínez Bel; Tatita: Rafael Bruza
Escenografía y vestuario: Gabriela A. Fernández
Iluminación: Leandra Rodríguez
Diseño sonoro: Eliana Liuni
Fotografía: Malena Figó
Asistencia de escenografía y vestuario: María Laura Voskian
Realización escenográfica: Gonzalo Palavecino y Lucía Garramuño
Prensa: Daniel Franco y Paula Simkin
Realización de vestuario: Mirta Miravalle
Asistencia de dirección: Alan Darling
Dirección y dramaturgia: Mauricio Kartun

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