#BreveEternidad Pablo Aguirre – Los árboles protectores

Gabriela Krause
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Gabriela Krause

Periodista | Escritora | Poeta, feminista y militante de causas que se presumen perdidas. ¿Dónde está Santiago Maldonado?Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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Pablo Aguirre tiene 22 años y escribe hace cuatro. Su escritor favorito es Stephen King, por eso no sorprende cuando afirma que le gustan, como géneros, el terror y la ciencia ficción. Sueña con publicar un libro y considera que escribir es una forma de relajarse y abrir su mente hacia otras realidades en otros mundos posibles. A mí me gusta su forma de decirlo, y me gusta, también, su forma de contarnos lo que sigue:

***

Los árboles protectores

Para que superes todo…

Era un día de primavera con el sol atravesando su luz entre las copas de los árboles como a través de una ventana. Belén estaba sentada en un banco dentro del jardín botánico. Tenía puesto un vestido corto azul marino con lunares blancos que dejaba ver su piel morena. Su pelo corto negro azabache le proporcionaba un tímido pero reconfortante calor en el cuello. El paroxismo de belleza lo completaba su flequillo simétrico, que dejaba ver unos lindos ojos café.

Tenía frente a ella un bastidor mediano sobre un caballete de madera virgen, junto a acrílicos de varios tonos verdes. Cada pincelada que hacía le producía la paz que le inspiraban esos árboles protectores, mirándola desde lo más alto.

Belén no lo sabía, porque estaba concentrada en su paisaje, pero a su derecha, a unos cuantos metros, estaba su último ex con una chica. Mientras pintaba, se giró a su derecha para tomar un acrílico y allí los vio en su arrumaco.

Belén largó una lágrima sobre su pintura y estiró el color que pasó de ser paz a una angustia incontenible.

Trató de recomponerse y cerró los ojos para esperar sentir esa protección que los árboles le daban sin pedir nada a cambio. Dar sin ningún motivo.

Siguió pintando, evitando girar a su derecha y debido a esa restricción propia, uno de sus acrílicos se le cayó al suelo.

Un hombre de unos 50 años, con anteojos de sol color sepia y sombrero de gamuza negro, sintió cómo un objeto tocaba sus zapatos negros. Lo levantó y observó a la joven Belén, que lo miraba. Y en ese instante, escuchó su voz.

— Disculpe, señor.

El hombre le dio el acrílico y respondió, amable:

— No hay problema. (Observando la pintura) Tiene talento, señorita. Siga por ese camino.

Belén se sonrojó. Es el primer cumplido que recibe de alguien por su pintura. Le respondió:

— Gracias, señor.

El hombre saludó con el sombrero a la joven, y le dijo:

— Buenos días.

Belén observó alejarse al hombre a paso lento, ya que no precisaba más, a su edad, ir a prisa a algún lugar. Se quedó pensativa sobre el halago del hombre. Su talento no venía de la niñez: no tuvo un amor hacia la pintura hasta que su ex la dejó. Eso fue hace ya 5 meses. Belén iba al jardín botánico, entonces, buscando un momento de tranquilidad después de la ruptura de una relación que había durado 2 años. Los árboles que la protegieron de su soledad en todos esos meses también la inspiraron.

Empezó dibujando a lápiz todo lo que había en el jardín botánico. Las flores, las fuentes prominentes de agua y sus árboles protectores. Y hace unos pocos meses, se motivó a darle color y vida a esos árboles. Con el tiempo el dolor del recuerdo de su ex quedó esparcido entre los colores.

Si no fuera por su ex, Belén no habría descubierto este nuevo talento. Las personas cierran puertas, sí… pero también abren nuevas.

En ese momento de reflexión, Belén observó cómo había terminado su pintura y le surgió una sonrisa espontánea. Se giró a su derecha y observó que su ex seguía en intimidad con su nueva chica. Se quedó mirándolo y en voz baja, dijo:

— Gracias por hacerme crecer.

Última nota


Belén se cambió de carrera, siguiendo su sueño de ser artista.

Unos años más tarde, con lágrimas de felicidad, presentó sus primeras pinturas en un museo. Allí conoció a alguien que le abrió una nueva puerta… al amor.

Hoy en día, Belén sigue yendo al jardín botánico para inspirarse. Algunos pueden verla deambulando con sus bastidores, mirando siempre hacia arriba: a árboles sus protectores.

 

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