#BreveEternidad Gabriela Krause – Y si se mira sin ver, se muere

Gabriela Krause
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Redactora at Corriendo La Voz
Editora de Breve Eternidad | Periodista | Redactora | Poeta, feminista y militante de causas que se presumen perdidas. Como todos, fan de la cerveza, el buen vino, y la palabra "fan".Contacto: Gabriela@corriendolavoz.com.ar
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En esta nueva edición de Breve Eternidad, pisamos terreno conocido, jugamos de local y por eso, sabrán entender, como editora que esta vez también ejerce de escritora, me reservo de presentaciones muy pomposas, por no ser adepta, en absoluto, a las metodologías melosas del autobombo.

La autora: yo. Gabriela Krause. Poeta, redactora y editora para Corriendo La Voz. De Lanús. Publico mis cuestiones literarias en https://www.facebook.com/specullum/?fref=ts. Probablemente vuelva a publicar alguna que otra en este espacio así que me dejo de detalles sobre mí, y los dejo con un texto que, a mi parecer, se introduce en esta cuestión de la breve eternidad, oxímoron muy simpático, por lo demás.

Y si se mira sin ver, se muere,

la mirada pasiva no late, 
no vibra.

Miraba sin ver, como le dicen. Mis ojos apuntaban directamente a esa canilla plateada y un poco oxidada de baño. Yo estaba sin estar, como de paso, como esperando algo sin saberlo, como rellenando un tiempo vacío mientras evitaba darle una mirada al espejo que me imploraba una caricia mientras yo miraba sin ver la canilla del baño.
Miraba sin ver y en el transcurso, pensaba en la vida y en la muerte; en las hormigas, y su curiosa forma, hormigas madres del mundo, madres del trabajo, maravilloso transporte para las hojas y pensaba en mi padre también, y en mi madre y si acaso me faltaban tópicos empecé a pensar en las palabras, hijas del mundo que crearon las hormigas y en sus propiedades, la maravillosa forma en que se ordenan las letras para formar palangana o calambre y cómo parece que lágrima estuviera formada por agua con letras, como una sopa de ídem que tiene el mismo gusto que cualquiera, puede saber un poco a diccionario también, o a dolor de muelas, incluso a mar o a tachuelas, si las letras lo requieren o a la canilla de baño un poco oxidada que estoy mirando sin ver.
Pensaba en los sobres que llegan al correo pero jamás a destino, y es que tiene que haberlos, tiene que haber domicilios erróneos, destinatarios muertos o repartidores olvidadizos e incluso traviesos, amantes de coleccionar cartas ajenas que para hobbys hay de los más extraños. Pensaba en las bicicletas y su forma tan práctica y tan estética a la vista del que la sabe apreciar, miraba sin ver la canilla del baño y las ruedas de las bicicletas entonces eran también mis ojos, que no estaban en mí porque miraban sin ver y en cuanto empecé a pensar en esto de que estaba mirando sin ver (un esbozo de pensamiento, tal vez todavía no llegaba a pensarlo pero el pensamiento lo mismo estaba ahí, queriendo salir a la superficie, cualquiera sabe que es físicamente imposible mirar sin ver siendo consciente de estar haciéndolo, es decir, mirando), asomó una gota de agua. 
No toda ella, primero asomó la uña de su dedo el más chiquito y después, lentamente, el dedo todo él y con él su hermano, es de sabiduría popular que las gotas tienen sólo dos dedos en la única pierna que portan y esa pierna es la que las guía descenso abajo y fue la siguiente en salir y parecía que ya caería completa, rápidamente, pero salió la panza y era una gota tan gorda que yo (que ahora miraba y veía, vaya diferencia) creí estar contemplando esta vez la eternidad, la eternidad me estaba saludando y yo la veía de frente en esa gota gorda que caía y caía y no dejaba de caer, pasaban los segundos y era para mí un suplicio, quien haya visto de frente a la eternidad sabrá que es muy difícil sostenerle la mirada porque quema, pero uno sigue mirando, tiene algo de imán, serán las enseñanzas que nos hacen adorala y respetarla, estaba al borde del llanto del dolor pero miraba porque la gota caía, seguía cayendo hasta que cayó el cuello corto y la cabeza sin pelos, brillante y la gota hizo plaf contra la mampostería y se murió. 
Me fui a dormir triste, pensando que incluso la eternidad algún día muere, sintiéndome más vieja y más aprendida, y todo por no mirarme al espejo, por haberme quedado quieta mirando sin ver la canilla plateada un poco oxidada del baño.

 

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