#Blefari-Maffía “El rock hubo que peleárselo mucho a los chicos”

Blas Martin

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

Más de uno abrió grandes los ojos y quedó boquiabierto ante la fecha que apareció en septiembre en las redes sociales: Flopa – Bléfari – Maffía, tres exponentes de la escena under reunidas en una cumbre sin precedentes. Paula Maffía pateó el tablero del under post-2001 al lanzar junto con Lucy Patané, y muchas otras, el grupo Las Taradas. Rosario Bléfari recorre la escena desde un tiempo antes: los ’90 con Suárez, los 2000 con una intensa carrera solista, y estos últimos años con diversos proyectos en banda. Flopa Lestani, que declinó amablemente la invitación a la entrevista, arrancó en los tempranos 90 con Mata Violeta y Barro, volcándose en el nuevo milenio a la canción de manera solista y en proyectos recordados como su disco en conjunto con Ariel Sanzo o el impecable Flopa-Manza-Minimal. Por fortuna, el triunvirato se quedó con ganas de más y despedirán el año con una nueva presentación.

La cita fue en el bar Musetta, en el barrio de Almagro. La calle explotaba en nerviosismo consumista pre-navideño y redoblaba el recién llegado verano porteño, cargado del condimento de bronca que también detonó en las calles a lo largo y ancho del país. La entrevista, por momentos, se vuelve una charla sobre las dificultades de la escena musical para organizarse, los berretines que diferencian a los músicos del resto de los artistas y los preconceptos de músicos, público y periodistas sobre la cuestión de género. Cada fin de año viene con su momento de balance y proyecciones, y tanto Paula como Rosario tienen mucho que decir.

– Se va un 2017 intenso para ambas, encarando diferentes proyectos que incluso van más allá de la música. ¿Cómo las encuentra este fin de año?

Paula Maffía: Este último tramo del año me encuentra atribulada. Fue un año en el que no edité disco con ninguno de mis proyectos. Fue un año donde trabajé mucho pero recibí poco dinero. Fue un poco tiránico en ese sentido. La carrera musical es permanentemente cuesta arriba, especialmente cuando sos músico independiente, no consagrado y sumado a todo esto, mujer. Fue un año en el que me hubiera gustado descansar más y cosechar los frutos de años pasados, pero no lo logré. A nivel personal, fue un año muy intenso, de mucho aprendizaje. Estoy aprovechando un poco esta sensación de rareza respecto a la retribución de todo el esfuerzo que hago para cuestionarme cosas y ver cómo puedo expandir mi creatividad y mantenerme erotizada pero que sea rendidor, que sea efectivo. Para que un proyecto que ya lleva tiempo trabajando funcione y se mantenga en el lugar, tiene que estar todos los años creciendo. El objetivo siempre se aleja, siempre está un paso más lejos, entonces vos siempre tenés que dar un paso. La distancia va a ser siempre la misma. Y siempre aparecen nuevos proyectos, y celebro que todas las personas puedan acercarse a un escenario y hacer lo que quieran. Me parece que es mérito personal poder mostrarse y también debería ser un mérito personal poder sostenerse. Este año sentí un poco que fue caminar sobre arenas movedizas, sobre un pantano. Fue muy cansador. Pero también me habla de mi manera de desarrollar las cosas, cuánto le pongo a los proyectos, y cuánto pretendo obtener de ellos.

– Esto que decías de que no se pudo cosechar lo suficiente, ¿se lo atribuís sólo a decisiones personales o hay algo externo, del ambiente que juega ahí?

Paula: Este no es un momento feliz para la cultura. No es un momento feliz para el arte. Ciertamente, por más que haya entusiastas de la cultura y del arte, no es un momento feliz para sus bolsillos. El mecenazgo de los músicos independientes es un público dentro de todo joven que no tiene dinero para derrochar. Entonces, vender discos, remeras, merchandising, entradas, y además tocar seguido (que es algo que pretendo), se hace complicado.

– Sin embargo, como mencionabas, surgen proyectos nuevos constantemente, y se generó una suerte de nicho de personas que están atentas a diferentes propuestas, sin tanto prurito de género. ¿Cómo dialoga eso con las dificultades que mencionas?

Paula: Lo que yo siento que no hay es un lugar que genere una escena, como sucedió de los 2000 para atrás. Por lo general, esos lugares giraban en torno a un visionario o visionaria, un artista referente que generaba un encuentro multidisciplinario: el CBGB de New York, The Factory en Manchester, el espacio de Warhol; el Parakultural, el Rojas. Lugares que generan cruces interdisciplinarios. Las movidas artísticas que generan una diferencia tienen una sede donde los artistas se juntan y no están pensando en una producción personal o específica de lo que se está consumiendo en el momento.  Y la música es una disciplina que no se ha sabido organizar. La gente de danza se sabe organizar, la gente de teatro logró destituir a Lopérfido. Son disciplinas que han luchado por sus cosas y tienen un peso político, y a pesar de que todos hagan cosas diferentes, se encuentran en las afinidades. Los músicos no. Tratan de generar pequeñas diferencias y hay una ilusión todavía de que la vas a pegar, de que va a venir un sello discográfico, que va a venir el mainstream y te va a enchufar la teta, que es lo que pasó siempre con la música: los músicos llegaban a un lugar de trayectoria y ya está, ya tenían una garantía de algo hecho.

Ph: Melanie Guil – Paula Maffía.

Cada tanto la charla se interrumpía por un coro de bocinazos que llega del cruce de Tucumán y Billinghurst. Maffía propone al pasar un “impuesto a la bocina”, y de paso le suma otro “al mal gusto: toda la tele pagaría un montón de impuestos”, casi como contrapropuesta a la reforma tributaria que por esas horas estaba votando el Congreso. “Mostrar culos, tetas, a todos esos un montón de impuestos”. Con la charla empezada, se suma Rosario Bléfari al living de Musseta.

Rosario: Los músicos son más individualistas. En general la música siempre necesita alguien medio de afuera.

Paula: Bueno, Chabán venía de otro palo. Warhol, de la plástica.

Rosario: Alguien que ve de afuera y arma la escena. Entonces invita a éste, a éste y une esos munditos que están separados.

Paula: Ningún artista tiene garantizado su porvenir. Un pintor hace un cuadro, lo vende y después eso se agota. Vos hacés una flor de canción y vivís de derechos de autor. Sergio Denis puede no tocar nunca más, y quizá no vive como un duque, pero va y cobra… Yo las veces que voy a SADAIC veo cada personaje. Daniel Agostini, por ejemplo, no sé cada cuánto toca, pero el chabón va y se lleva la banca. La hizo bien, metió un par de hits.

Rosario: Por ahí la ilusión de conseguir eso es lo que hace que no surja un interés por organizarse. Yo creo que la figura del curador, por llamarlo de alguna manera, es necesaria, y los artistas durante mucho tiempo tuvimos una actitud de derribar esa figura, de denostar el que no es músico, o no es actor, y se encarga de armar, de invitar, de unir, de comunicar. Lo mismo la crítica de rock. Eso también hace esa función curadora, y esa función entre el público y los artistas.

Paula: Hay una cosa del ensalzamiento del fan del “yo estuve ahí, y en ese momento fue increíble cuando pasó esto…”. Nunca hay análisis de las letras, por ejemplo, lo cual para mí lleva a que en este momento haya bandas que suenan interesante, y las letras puede ser que tengan un par de titulares interesantes, pero no hay mucho más para roer.

Rosario: Si hay una crítica, hay un esmero también de los artistas, si hay alguien que va examinar no con ánimo de juzgar, poniéndose en un lugar de Dios, sino con diálogo. Después podés decir  “es un boludo, una tarada, eso no tiene nada que ver”, pero por lo menos ya sabés que hay alguien prestando una atención que no es la misma del público que por ahí va con otro ánimo, buscando otra cosa, más sentimental, expresiva. Pero ese eslabón, el de la crítica, es re importante. Y tenemos que respetarla, sino se cae, porque el público detecta que los artistas odian eso y entonces no le da bola. Y los críticos también deberían tener una actitud humilde y de amplitud, de ir a ver muchas cosas.

– En tu caso, Rosario, cerrás un año con muchos proyectos grupales que mantuvieron el suspenso que venís teniendo en tu carrera solista.

Rosario: Se ve que hay algo, un signo de la época, me parece, ese de vertirse en muchos proyectos. ¿Por qué? Porque no me alcanza. En todos los sentidos: desde el bolsillo hasta de la pasión. Necesito explorar distintas cosas, necesito relacionarme con distintos músicos y músicas, necesito tocar distintas cosas para ganar desde distintos lugares. En todos los aspectos la multiplicidad es algo que va con esta época, porque si yo tuviera un solo proyecto, no me alcanzaría. ¿Qué tendría que hacer? Tendría que estar viviendo con mis músicos, y estar todo el día tocando y haciendo cuarenta mil fechas y viajando por todo el país y el mundo. Pero también es imposible de conseguir, no sólo por cuestiones económicas, sino por lo humano de la convivencia.

Paula: Además es cruel pedirle todo eso a un proyecto, porque el proyecto se vuelve un amor, y al amor le pedimos todo. Es una manera cruel de vincularse con algo que en realidad depende de una construcción permanente. Hay varios que lo hacen, que funcionan como parejas poligámicas, como tribus.

Rosario: ¡Que es divino! Pero en un momento explota, o implota. En algún momento tienen que parar.

Paula: O te tiene que ir muy bien y tiene que ser una entrada de dinero realmente grande y que vos puedas parar seis meses, descansar, escribir canciones, estar con nuestras familias e irse dos meses de gira en un bus…

Rosario: Pero cuántos pueden hacer eso, muy pocos. Para el músico pasa algo con el casamiento estético que también puede ser asfixiante, porque ese casamiento lo podés vivir sólo, pero no podés obligar a los otros, al grupo a tener eso: “yo sólo exploro esta línea de la música”. Solo, puede ser que lo mantengas toda la vida, pero con banda eso es imposible. Incluso solista, como yo siempre le di un funcionamiento al proyecto solista como banda, pasó eso, en un momento necesité ahí también hacer aire.

Ph: Nadia Guzmán – Rosario Bléfari.

– Volviendo a la cumbre Flopa-Maffía-Bléfari, ¿cómo se gestó?

Paula: Me dieron ganas de hacer una fecha sola que sea contundente. Me dije, ‘¿con quién puedo compartir?’ Fue como “me voy a dar el gusto de hacer este line up mortal”, y además, siento que hay mucha afinidad, si bien no compartimos proyectos me parece que hay una búsqueda parecida. La mezcla tuvo sentido. La última fecha fue un montón de gente, estuvo bueno, fue divertido. Hicimos como una suerte de rotación espontánea arriba del escenario, y se hiló súper bien. Es como un monstruo de tres cabezas.

– Inevitable pensar esta reunión en el marco de la búsqueda de visibilización de las mujeres dentro de la escena.

Paula: Es curioso, “es una mujer y convocó a dos mujeres, debe haber algo de género ahí”. Ponele que El Príncipe Idiota convoca a Santiago Motorizado y a Julián Desbats. Bueno y esto, ¿por qué es? ¿Porque son varones, porque hay algo de género ahí? Es extraño tener que explicar por qué las mujeres nos juntamos. Todavía queda una cosa de “justifiquen el Aquelarre”.  Podríamos ser Rosario-Paula-Palo Pandolfo, o Bochatón-Paula-Rosario.

Rosario: Al mismo tiempo, todo es militancia feminista, podría ser leído así también. Pero no fue el caso.

Paula: Podría ser, pero no. Yo soy muy consumidora de música hecha por mujeres. También escucho muchos varones que no representan el estereotipo de chabón. Nuevamente, no es sólo una cuestión de derribar al hetero-cis-patriarcado, hay una cuestión genuina de gustos. Cuando yo iba al secundario y mis amigas se volvían locas por La Bersuit y por Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota, a mí me gustaban Los Visitantes e iba a ver a la Pequeña Orquesta Reincidentes. Eran todos varones, pero no me parecía una banda masculina, con un imaginario tanguero. Y después, escuchaba muchas solistas mujeres, bandas de mujeres: Las viudas, She Devils. Y ahí ya me metí, a los 17 años empecé a tocar en el [Festival] Belladonna, a curtir ese escenario. Es un gusto mío, música que consumo más. Yo no empezaría una lucha a través de la exclusión, porque me parece que es auto-perjudicial, y además es una manera de reafirmar a la mujer como el otro. Ves varones: una banda. Ves mujeres: una banda… de mujeres. También somos una banda, ¿por qué hay que justificarlo? Con Las Taradas es una locura: ¿por qué son todas mujeres? Bueno, porque hay un accidente genético que hace que a veces nazcas con ciertos genitales y a veces con otros. ¿Eso es lo preguntarías a Tan Biónica? Nos juntamos porque nos gustamos. No fue urdido: “hagamos una banda de mujeres porque las mujeres se tienen que unir y excluir a los varones y tocar en escenarios exclusivamente para mujeres”. Eso puede funcionar, podés generar un ambiente específico como es el DILDA. Pero si yo soy mujer, que lo soy, me considero mujer, tengo un proyecto que lo capitaneo, que yo compongo y elijo los músicos que más me gustan y son dos mujeres y un varón y no puedo tocar en un escenario porque está restringido a varones; ¿están restringiendo al varón o me están restringiendo a mí como mujer en mi elección como directora de una banda, de elegir ese músico y ese sonido? ¿Quién sale perjudicado? Es una pregunta que me hago.

Rosario: A mí me pasó, cuando tocaba con Suárez. Se había hecho un festival que era de mujeres y era como “no, bueno, te vamos a dejar tocar aunque toques con varones”. ¡Pero si eran mis canciones! De pronto me sentía marginada entre mujeres.

Paula: No son épocas para esto. Quizá en otras épocas sí, y había que pasar por una etapa exclusiva. Pero en este momento no. Que haya un cupo mínimo está bien. Hace poco hubo un festival que se llamaba Nuestro. Todas bandas de chabones. Creo que leía Talata [Rodríguez] y no había ni una banda con mujeres. Y yo escribo “no hay ni una mujer en el line up”. Y me responden “Las Pelotas tiene una bajista”. Eso no es representación.

Rosario: Creo que en la génesis de todo eso, por un lado para mí tiene que ver con cuestiones de la capitalización del conocimiento y de la tecnología. Todo empieza ahí. “No, mi hermano es el que maneja el coso, el que consiguió la consola”. Hay algo que viene con la tecnología, hasta que las mujeres se empezaron a interesar más y decir “no, loco, ¿cómo funciona una consola?”. Yo grabé mi disco Misterio Relámpago con Inés Laurencena, incluso venía a hacer sonido a mis recitales mucho antes de Kumbia Queers, y ella me explicó mil cosas que yo no sabía, del tipo “si entendés como funciona una consola, entendés todo para siempre, sentémonos a ver el manual”. Y así mil cosas. Cuando yo dije “quiero grabar en mi casa, no quiero depender de que tengo que ir a un lugar a tocar”, y estar explicándole encima mal, porque no soy técnica, a alguien que ya de por sí, que ve que una mujer le está explicando, que le dice “no, que suene más cucu”, ¡no! No quiero tener que explicarle a nadie. Agarré, me armé la computadora, busqué ayuda, y pude grabar. Calendario lo grabé todo yo sola porque quería vivir la experiencia de manejar todo yo y no tener que hablarlo. Me parece que toda esa línea de conocimiento y tecnología tiene mucho que ver con el número de mujeres. Después, los instrumentos: ¿por qué hay tan pocas chicas guitarristas que van al frente? Las podemos contar con las manos, como Lucy [Patané]. ¿Por qué no hay más? ¿No les gusta tocar la guitarra, les da fiaca? ¡¿Por qué tocan el bajo?!

Paula: Pero vos pensá, ¿cuándo empiezan las mujeres en la música? En Argentina y en el rock nacional. Así, que digas “esta es la ídola de la música, del rock”, no existe. Creo que Celeste Carballo es la única así como mitológica. Si no, eran satélites del astro masculino. Tenías a María Gabriela Epumer, una mujer bestial que murió lamentablemente muy joven, a la sombra de un imbécil, gracias a que un varón dijo “dale nena, vení acá”. Gracias a Charly. No hay una Patti Smith, no hay Joan Baez, Joni Mitchell.

Rosario: Al no haber eso, no hay un referente para  las chicas más jóvenes.

Paula: Miss Bolivia podría tener en cualquier momento una tapa en la Rolling Stone. Pero es otro género musical, es actual, contemporáneo, entonces la mujer ya logró tener un peso. Lo que no quita que ella igual se haya tenido que abrir paso. Pero el rock hubo que peleárselo mucho a los chicos. Y muchas veces un halago típico del varón que te respeta es “che, vos muy bien, tocás como un chabón, te movés como un tipo”. Mirá qué casualidad porque yo no aspiro a eso. A veces se genera esa ilusión, la mujer que logró un lugar es porque logró un lugar en el club de varones. Y muchas veces las mujeres accedieron a lugares de renombre teniendo que pasar por eso. En el poder es donde más te das cuenta: no hay lugar más masculino que la política.

Ph: Medusa Azul – Paula Maffía.

– En escenarios más chicos se ve más una diversidad de propuestas que llevan mucha cantidad de personas y salen de giras al exterior. Pienso en Las Ligas Menores, Marina Fages…

Rosario: Bueno, Las Taradas.

Paula: Las Kelly, las Kumbia Queers. Sí, hay bandas. Digo, bandas de chicas que pueden ser específicamente femeninas, o “casualmente somos todas mujeres”. Como sea, me parece que está buenísimo. Yo no sé si armaría algo que sea exclusivamente de mujeres porque me parece limitante creativamente, y me parece que el arte tiene que ser libre. Necesitamos aliados, aliadas. Necesitamos romper cabezas, no un pleito particular, una vendetta.

– ¿Con qué se va a encontrar el público cuando vaya el viernes al Teatro Mandril?

Paula: Se va a encontrar con un lugar precioso, que está un poco fuera del circuito cómodo, digo, no es Palermo, Villa Crespo o Almagro. Pero es accesible. Es un lugar donde toco mucho porque tengo la certeza de que todo lo que gana el teatro lo reinvierte en el teatro, entonces da gusto tocar en un lugar que crece, mejora y apuesta. La vez pasada, el show estuvo increíble, fue como una comunión: pusimos una petaca en el escenario y pasamos tres temas cada una, yo fui tocando en base a lo que fui escuchando que tocaban ellas.

Rosario: Hacíamos como una especie de diálogo de canciones.

Paula: Era como un conversatorio musical, muy lindo. A mí me sacó buenas canciones y fue una noche que la pasé muy bien, vino un montonazo de gente. Estuvo súper lindo. Ojalá que se repita en esos términos.

– 2018 se viene en un par de días. ¿Cómo ven el futuro tanto de este tándem como del resto de sus proyectos?

Paula: A esta segunda fecha podemos ver de armarle una tercera.

Rosario: No hay dos sin tres.

Paula: En lo personal, en 2018 voy a estar editando discos. En lo posible con todos los proyectos. Es posible que tengamos EP con La Cosa Mostra, yo voy a sacar disco con mi proyecto solista, y Las Taradas también. Puede haber imponderables, quizá sale una gira o cosas por el estilo que retrasa todo, y no termino editando. Uno de tres seguro se tiene que editar. Yo estoy con más ganas de ver un poco de afuera las cosas y tomarme un tiempo para ver qué próximo paso voy a dar. Siempre empiezo los años con una lista de cosas que quiero hacer, y este año más ganas de observar. Estoy más contemplativa.

Rosario: Yo tengo la lista de todas las cosas (risas). Mi modalidad es esa, tengo esto y esto, y una por ahí desplaza a la otra, y alguna queda afuera, o se retrasa. Pero tengo plan de disco con Paisaje Escondido, que como es un proyecto de improvisación, pero de canciones, para no ser más papistas que nosotros mismos, vamos a renunciar a que no haya registro, que nunca se fija la canción. Las canciones las vamos a fijar, en una de sus versiones, muy al estilo de Paisaje Escondido que es como todo flotando, y vamos a grabar algunas improvisaciones para usar como fondos o intermedios de cada canción, o entre canciones. Vamos a tratar de llevar el vivo al disco en una construcción obviamente ficticia, no va a ser una improvisación cien por cien. Nos dimos cuenta que las canciones que estaban en el proyecto merecían tener forma de canción en algún registro. Como solista tengo un disco pendiente, tengo las canciones y todo. Este año que pasó podría haberlo grabado y no tuve el tiempo. Después tengo un proyecto de escribir un guión para una película, un libro de cuentos, otro del Diario del dinero que es una especie de diario mezclado de distintas épocas que va desde el ochenta y algo hasta hoy, un salteado de registros donde el dinero atraviesa la situación. Con Sue mon mont un día nos juntamos e improvisamos y quedaron como semillas de cuatro temas, que podrían ser otro EP. Hacer una más de Suárez. Alguno de nosotros tiene que tomar la posta para organizar, ponernos de acuerdo, no sé. Yo arranco pensando que voy a hacer todo.

(***) 

Fotografía de portada: Nadía Guzmán.

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