Baja de la edad de imputabilidad: de sujetos de derecho a objetos de castigo

Pablo Castro

Pablo Castro

Redactor at Corriendo La Voz
Vivo en Mar del Plata. Licenciado en Psicología. Coordino un taller literario en una institución de salud mental de Mar del Plata. Codirector de la revista PSUM. Mi libro Carne de Aleph fue publicado en enero de 2017 por Peces de Ciudad ediciones. En noviembre de 2018 se publicó mi novela El flacoque quería ser Perón por Editorial Hinvisible.
Pablo Castro

‘Sale de su casa, se va a trabajar
con el miedo que le dice que está hasta las manos,
traba la puerta porque está asustado.
El niño que baila le va a robar.

Se despierta la ciudad. Vicentico.

El gobierno ya tendría listo un proyecto según el cual bajaría la edad imputabilidad a los quince años. Ante tal proyecto, preguntémonos ¿qué implicancias traería una ley de este tipo?, ¿Qué lugar tienen la niñez y adolescencia en tiempos de neoliberalismo?

No me canso de insistir con la idea de que hay sistemas económicos que no son sólo sistemas económicos. El neoliberalismo es un claro ejemplo. La absoluta liberación de la economía es un proyecto social que crea las condiciones para constituir un tipo de subjetividad basado en el individualismo y en la competencia, donde la solidaridad, el encuentro con el otro y el Estado como garante de derechos se hallan debilitados. En tal sentido, al otro se le teme. Es amenazante, puede quedarse con lo mío: mi trabajo, mis propiedades, mis objetos de consumo. Desde ese punto de vista, los rebrotes xenófobos en países que aplicaron a raja tabla las recetas neo liberales no nos sorprenden (por ejemplo, en Estados Unidos Trump, Vox en España, Le Pen en Francia).

El gobierno, abanderado local de la desregulación económica, y envalentonado por un brabucón como Bolsonaro, ha iniciado una campaña por la seguridad. Una seguridad donde hay otros temibles y aterradores: immigrantes y niños.

Insisto con la idea: para el neoliberalismo el otro es competencia y por ende le tengo miedo. En esa categoría parecieran entrar las nociones de niñez y adolescencia que tiene este gobierno. Los niños ya no son sujetos a quienes proteger, cuidar y colaborar en su constitución psíquica. Sino que son objeto de vigilancia, sanción y castigo ante cualquier desvío respecto de lo normativo. En definitiva el gobierno nos dice que a los niños hay que tenerles.
Sin ningún dato certero, sin profesionales ni científicos expertos en la temática, el gobierno
redactó el proyecto de ley en cuestión. De tal manera, denota el desinterés por pensar las
múltiples causalidades en torno a los conflictos con la ley. No le importa los motivos de la
desigualdad que lleva a que un montón de pibes y pibas anden en la calle expuestos a miles de peligros. No se pregunta sobre la constitución psíquica de aquellos que nacieron en contextos difíciles, tanto económicos como culturales o familiares. Pareciera que el mensaje es que el Estado no tiene que intervenir en esos asuntos. Sino que, según este gobierno, el Estado sólo tiene que castigar.

Estamos ante un proyecto que nos revela las verdaderas intenciones de este gobierno.
Claramente no les interesa que los ciudadanos vivan más seguros. Sino que lo único que quiere es colocar a la niñez y adolescencia como lo otro, lo diferente, lo que hay que erradicar, lo que asusta; y, por ende, que el Estado no invierta en ayudar a quienes tienen dificultades.

Como dice Vicentico, el niño que baila le va a robar. Ya que a este gobierno no le interesa, quizá sea mejor preguntarnos a nosotros mismos qué hacemos: ¿Trabamos la puerta porque estamos asustados? ¿O nos revelamos contra el adoctrinamiento neoliberal, y con pibes y pibas salimos a jugar y bailar?

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