Argentina: ¿un país imperialista?

Mike Pompeo y Macri durante su visita (Fuente: Télam)

Nazareno Roviello

Escritor-Periodista- Activista por los DDHH. Me especializo en trabajo carcelario y otras yerbas.
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Desde que asumió Mauricio Macri, las relaciones internacionales tomaron un rumbo particular, que si bien no es completamente opuesto al del kirchnerismo, deja al país más expuesto frente a  conflictos internacionales.

La política internacional suele quedarnos lejos, muy lejos. Ya difícil es distinguir la realidad y la ficción argentina, entre las fake news y los cruces de declaraciones sin hechos concretos que se puedan chequear. En medio de toda esta vuelta casi esotérica y muy esquizofrénica, Macri es el personaje perfecto para que Argentina entre al mundo.

Cumplidos 25 años del atentado a la AMIA, uno de los más cruentos actos de terrorismo sucedidos en Argentina, el presidente Macri declara a la organización política Hezbollah como una organización terrorista. En los papeles, con este cambio simbólico el gobierno podría investigar el curso legal del atentado apuntando a la organización de una manera antes impedida, pero en la realidad tiene que ver con un reclamo del propio Donald Trump a su par argentino.

¿Qué representa el Hezbollah para Argentina? ¿Qué es el imperialismo? ¿Quiénes son los terroristas? Son preguntas que estamos obligados a plantearnos. Como si no fuese suficiente tener que estar día a día actualizando la información sobre la economía y la crisis argentina, el gobierno macrista pone el foco en temas alejados de los problemas más urgentes.

A este gobierno, la narrativa del terrorismo siempre le sirvió. Por ejemplo, utilizaron la teoría del enemigo interno, un recurso usado por distintos gobiernos desde hace muchos años. Las estrategias de comunicación política orientadas en ese sentido son mayormente desarrolladas por los yankees, y como buenos consumistas del imperio, las vamos comprando y vendiendo a conveniencia. Los relatos armados de pibes villeros, la gorra, la visera, los mapuches, no son más que estrategias discursivas desarrolladas por los gobiernos, y pueden trazarse paralelismos no sólo entre el relato y las políticas estatales, sino con la política interna estadounidense.

Fuente: nuevospapeles.com

La ministra Patricia Bullrich, a través de operaciones falsas y sin ofrecer pruebas reales, viene insistiendo con la presencia de Hezbollah en Argentina, así como había mencionado durante la desaparición de Santiago Maldonado, que la RAM estaba financiada por Inglaterra. Aquí encontramos otro país del tridente ofensivo imperialista: Inglaterra, Estados Unidos e Israel. Estos países vienen financiando y creando a través de operaciones de inteligencia legales e ilegales grupos terroristas y paraestatales, así como de asistencia y rescatismo como pueden ser ahora los famosos Cascos Blancos, un grupo de supuestos ciudadanos independientes que rescata víctimas de atentados terroristas dentro de Siria. Creados por un ex militar inglés, este grupo ha sido de gran utilidad para la manipulación mediática, aún cuando el propio gobierno de Trump reconoció en conferencia haberlos financiado.

La periodista independiente, oriunda de Canadá, Eva Bartlett, desmintió la teoría que infundió un periodista noruego representante del imperialismo en una conferencia de prensa ofrecida por la ONU. La periodista señaló cómo Estados Unidos y los países occidentales de apoyo financian las organizaciones terroristas como ISIS, que no respetan los alto al fuego acordados por las coaliciones dentro del parlamento internacional, sino que lo usan para ganar terreno y atacar las filas de Bashar al-Ásad, presidente sirio elegido democráticamente, con intereses contrarios al imperialismo. Asimismo, Bartlett también desmintió la versión del bloque imperialista que plantea la existencia de una guerra civil en Siria. 

En 2001, el atentado a las Torres Gemelas, episodio lleno de teorías conspirativas para los fanáticos, sucumbió al mundo. A partir de allí, el gobierno de los EEUU alimentó con cables de inteligencia falsos un relato bélico sobre Irak que permitió tornar la opinión pública para invadir este país.

Durante tres años el presidente George W. Bush hijo y sus secretarios demonizaron a Irak afirmando que contaban con armas de destrucción masiva, y que los terroristas del régimen de Sadam Husein eran responsables de incontables asesinatos y torturas. Existen datos, fotos, vídeos y cables de inteligencia que señalan que Bush padre había instalado y alimentado al propio régimen  años antes. Únicamente,  un grupo de periodistas independientes del medio Knight Ridder decidieron verificar las evidencias de que Irak representaba un peligro para la humanidad. No pudieron sostener ninguno de los argumentos del gobierno, mientras que el New York Times y otros medios hegemónicos alimentaban con miedo a la sociedad para ir a una guerra que le costaría la vida a millones de personas. 

En 1990, durante la Guerra del Golfo, EEUU utilizó el testimonio de una niña de 15 años, presentada como Nayirah Al Saba, frente a una audición del Congreso respecto de la invasión iraquí sobre Kuwait. La niña relató cómo los soldados iraquíes entraban al hospital, sacaban a los bebés de las incubadoras y los tiraban al piso para que mueran de frío, entre otros relatos aterradores. Se trató de un testimonio vital para la opinión pública y para las decisiones que el gobierno tomó a posteriori . Sin embargo, luego se descubrió que la niña era hija del embajador de Kuwait en los Estados Unidos. Su testimonio, manipulado por una empresa lobbista y por el gobierno, fue visto por más de 60 millones de personas en vivo y llevó a la invasión de Kuwait en 1991, un paraíso de oro y petróleo.

La historia del relato bélico y el enemigo interno y externo forma parte de la manipulación mediática que impulsa otro terrorismo, el de aquellos que invaden países sin respetar la soberanía o la libre determinación. Esto no niega la existencia del extremismo islámico y de serios problemas de derechos humanos en los países orientales. Pero si lo llevamos a un terreno cercano, más allá de cualquier opinión sobre el régimen venezolano, la libre deliberación y determinación de los pueblos es una base indiscutible de los países latinoamericanos desde sus independencias. 

Declarar a Hezbollah como una organización terrorista nos pone del lado de los intereses imperialistas y sionistas, y no se relaciona directamente con la lucha antiterrorista, ya que el gobierno macrista no tiene forma de probar sus vínculos con nuestro país o siquiera con el atentado a la AMIA

Hezbollah es una organización formada en los años 80 para repeler la invasión extranjera israelí. Para la ONU, un ejército de resistencia creado para repeler una invasión externa, un ejército legítimo, por lo tanto no representa delito alguno. Tiene varias ramas, un brazo político y un brazo armado. Representa parte del gobierno de transición del Líbano, por tanto corresponde comunicarse de manera diplomática. Declararse en contra de estas organizaciones no solo representa un peligro real, sino también una enemistad formal con una agrupación que forma parte de la coalición que gobierna el Estado libanés. Nos expone, así mismo, a tomar partido en un mundo en guerra, del lado de los invasores y los intereses de Estados Unidos, Inglaterra e Israel que solo han llevado muerte y terror al mundo. Con el Comité de Seguridad de la ONU en sus manos, evitan sanciones internas y lo someten a sus intereses particulares.

El periodista Jorge Elbaum, de Llamamiento Argentino Judío y El cohete a la luna, menciona un detalle no menor. Para Argentina, en términos diplomáticos su primer tema de preocupación son las Islas Malvinas, en cuya reivindicación Inglaterra, Estados Unidos e Israel siempre han votado en contra. Según el propio Elbaum, la reivindicación «está presente en nuestra Constitución, y decidimos tener relación con países que no nos ayudan y meternos en problemas geopolíticos de seguridad y estrategia que nada tienen que ver con los problemas que nosotros tenemos en América Latina».

Con respecto a la causa AMIA, ya pasaron dos juicios fraudulentos sin más resultados que agentes de inteligencia y policías presos por encubrimiento. Hezbollah jamás se adjudicó el atentado y no hay una relación probada al momento, solo cables de inteligencia de EEUU e Israel, lo que no califica como evidencia confiable teniendo en cuenta la historia reciente. Las partes implicadas son múltiples, poderosas y conflictivas. El paso que da ahora el gobierno macrista no sólo nos aleja de la verdad, sino que nos acerca aún más a la mentira de Estados, a los que poco les importa la verdad y la justicia. 

Elbaum aseguró que decisiones como ésta son tomadas por las bajadas de línea de la Secretaría de Estado de EEUU, y resaltó la importancia de que el señalamiento a Hezbollah sea por vías diplomáticas. Cabe recordar que en 1991 Argentina formó parte de una coalición multinacional liderada por Estados Unidos en la Guerra del Golfo. En los años 92 y 94 fueron los últimos atentados que sufrió el país.

Con la propia visita de Mike Pompeo, ex director de la CIA y actual Secretario de Estado de EEUU, con motivos del 25 aniversario por el atentado a la AMIA, Argentina parece volverse de manera oficial un país un poco más imperialista.

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