#ElEternauta Eterno resplandor del héroe colectivo

    Baltasar Alcaide

    Baltasar Alcaide

    Colaborador en Corriendo La Voz
    Baltasar Alcaide

    El Eternauta, la obra maestra de la historieta argentina, creada por Germán Oesterheld y Francisco Solano López, celebra hoy lunes 4 de septiembre su sesenta aniversario. No es la intención de esta nota plantear un análisis de la trama porque sobran en al web, tampoco explicar el origen del Día de La historieta Argentina. La idea es simplemente recordar esta pieza fundamental de la cultura nacional, hoy más vigente que nunca, desde una arista más sencilla: aquel momento único en que lector y texto hacen su primer contacto.           

    Una tarde de domingo me encontraba muy aburrido en el patio de la casa de mi abuela. No era la época de internet. No había tele ni tampoco vecinos para jugar al fútbol en la calle. La tarde transcurría silenciosa y mi curiosidad me llevó a investigar en la pila de revistas viejas que mi tío coleccionaba en la casa del fondo. No encontraba nada interesante a primera vista: solo había ejemplares de El Gráfico y Humor y alguna que otra revista con mujeres desnudas.

    Cuando estaba por renunciar a mi búsqueda encontré un libro que me llamó la atención, quizás el único libro de la pila. Lo tomé y le quité el polvo. En la tapa un hombre con gesto adusto me observaba desde las antiparras de un traje de buzo. Nunca me voy a olvidar de esos ojos, ese dibujo decía más de lo que mostraba. Me senté debajo de la copa del árbol de ciruelo de mi abuela y empecé a leerlo. Fue ahí donde comenzó mi viaje al universo eterno Juan Salvo, El Eternauta.

    Lo primero que me sorprendió fue la calidad expresiva de los dibujos y el escenario de la historia. La trama no se desarrollaba en Ciudad Gótica, Metrópolis o New York sino en un sitio mucho más cercano: Vicente López. Sentía que esa historia también la podía vivir yo, y así lo hice durante toda esa tarde.

    El eternauta es la obra maestra de la ciencia ficción Nacional. Desde su lanzamiento hace 60 años (en Hora cero Semanal) ningún otro material llegó ni siquiera a atarle los botines. Durante más de 105 envíos semanales, las aventuras de los sobrevivientes a la invasión de Buenos Aires captaron la atención de jóvenes y adultos por igual. Las características que hicieron que esta historieta siga siendo esencial con el paso de los años tiene varias aristas. La mayoría de los conceptos que se expresan en la obra aún hoy continúan originales y mantienen una frescura envidiable.

    Juan Salvo representa al hombre común que decide fundirse en el deber y liderar sin autoritarismos un “Héroe colectivo”. Cada parte de la comunidad que forma Salvo es vital para la supervivencia en la invasión. Él no es más importante que el resto de los sobrevivientes. Es tan solo una herramienta al servicio de un grupo humano. No hay egoísmo ni pelas de egos, solo el deseo de vivir.

    El ataque alienígena arranca como una historia similar a Robinson Crusoe con tintes galácticos que deriva a una aventura con planteos existenciales y se aleja con mucha intensión de las clásicos “pulp” de ciencia ficción.

    Luego de la desaparición forzada de Héctor Germán Oesterheld, El Eternauta tomó un vuelo político que estaba latente y silencioso entre los trazos y las viñetas dibujadas por Francisco Solano López. Es la metáfora de los procesos culturales y políticos de la Argentina, una clave oculta y misteriosa que el autor nos deja escondido entre la nevada mortal. Las miserias y las grandezas se iluminan entre las tintas oscuras. Todas las falencias y los aciertos de la sociedad se ven sumergidas en el caos de una invasión extraterrestre. La obra pasó de ser un sinónimo de aventura y fantasía para dar lugar a un nuevo significado: un mensaje eterno de lucha que nunca muere, que vive para toda la eternidad. La fuerza del ser humano que trasciende cualquier violencia y adversidad, el mito que se hace carne.

    En esta historia nunca vemos quién es realmente el enemigo: Los Manos y Los Hombres Robots, Gurbos o Escarabajos, son solo esclavos que cumplen “un deber” como instrumento en un plan aún mayor. Nunca sabemos realmente de dónde viene el peligro y cuál es la verdadera amenaza. A diferencia de la mayoría de las historias convencionales, El Eternauta nunca termina bien. No hay final feliz y cada tomo es aún más gris y triste que el resto, lo único que se destaca es que aún en la oscuridad el alma humana subsiste. Juan Salvo sigue buscando a Elena y Martita y, a la vez, intenta acabar con este odio cósmico que lo rodea. Al no tener un final definido por la sustracción clandestina de Oesterheld, el viaje de El Eternauta cobra vida sin querer y se fortalece en la memoria.

    La obra de Oesterheld y Solano López se puede leer en cualquier momento de la vida sin ningún requisito, y resiste al paso del tiempo con el brillo de los clásicos. Con cada lectura se encuentran más detalles que siempre estuvieron ahí, al acecho para ser descubiertas.

    Cada vez que decido viajar a través de esta historia, siempre surge el presentimiento (y por momentos la certeza) de que la silla que tengo en frente va a emitir un crujido, y la silueta de Juan Salvo aparecerá. Y sus ojos me invitarán a una nueva aventura por la galaxia hasta el fin de los tiempos.

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