Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Editor de Análisis político y social.
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

¿Qué cuerpos están representados en el arte canónico? ¿Hay cuerpos representables y otros que no lo son? ¿Están representadas las disidencias? ¿Cómo y por quiénes? Muchos son los interrogantes que se desprenden de la muestra Cuerpas Disidentas, de la artista plástica Andrea Pasut. Tantos, que no nos quedó otra que ir a entrevistarla.

En un espacio inesperado del barrio de Colegiales, en medio de ese loop interminable de anchas avenidas y vallas de obra de la Ciudad de Buenos Aires, se levanta un espacio saturado de color. Taller de Arte Claroscuro, indica un pequeño cartel en el 2486 de la avenida Federico Lacroze. Andrea nos abre la puerta y nos lleva hacia donde haremos la entrevista, que es su casa, su taller y su espacio de trabajo.

Fuente: FB Andrea Pasut

Si se le pregunta desde cuándo está metida en el mundo del arte, dirá que desde siempre. Años antes, años después, habrá comenzado a dar clases en su taller y en escuelas, pero nunca dejó de ser-estar ahí. Hace tres años se encuentra embarcada en un proyecto que parió y vio crecer hasta casi volverse autónomo: Identikit, la diversidad al desnudo, una serie de retratos en “dialogo disruptivo” con el arte canónico, del que se desprenden las distintas ediciones de Cuerpas Disidentas.

– ¿De qué se trata la serie de muestras Cuerpas Disidentas?

– Cuerpas disidentas es parte de un proyecto que intenta visibilizar y dar cuerpo pictórico, o una significación en una pintura, a cuerpas no representadas, por lo menos en su gran mayoría, en la historia del arte. Es una contraposición, un dialogo entre la historia del arte, la representación de los cuerpos hegemónicos en general, y estas representaciones, este nombrarse, estas historias que no entraron dentro de esos cánones. Juega un poco con eso, básicamente. El proyecto intenta llegar a cincuenta representaciones -van veintiseis hasta ahora- tratando de que esté plasmado lo más diverso posible dentro de lo que se está manifestando ahora en las autopercepciones disidentes.

En las pinturas de Pasut podemos ver a cuerpos disidentes como Susy Shock, Pao Lin o Lucas «Fauno» Gutiérrez, entre otres, irrumpiendo en pinturas clásicas como Sin pan y sin trabajo de Ernesto de la Cárcova, La Bailarina de Klimt o El nacimiento de Venus de Botticelli. En las muestras, cada pintura es acompañada por un pequeño cuadro que cuenta las motivaciones o historias que se esconden detrás de la pintura final, junto a imágenes de la obra con la que dialoga, fotos del proceso y tres hashtags con los que se autodefinen les protagonistas del retrato. Desde 2018, el proyecto sumó una pata audiovisual, a cargo de Liz Domecq y Diego Domínguez: “registra el proceso de realización, pero además se hace una entrevista, eso que se plasma en la pintura, que es la historia en relación con la pintura de la persona, cómo se hizo el cuadro, las palabras que visibilizan el género, la orientación sexual, el carácter disidente: se suma la historia de esas personas. Es un proyecto que va creciendo en ese sentido y que ya tiene dos propuestas muy concretas que son las pinturas y el audiovisual”.

– Y hay una pata más, que es lo que ocurre en las muestras.

– Esa es una pata que ha estado no solamente en esta sino en todas mis muestras. Mis propuestas son así en general. Yo siempre propuse eso para las muestras, que las inauguraciones o la muestra en sí sean cruce de artes. Por mi personalidad, por mi forma de trabajar con las personas. Yo vengo también del palo del teatro, me interesa cruzar y que haya una cuestión performática en la presentación. Primero que me gusta y segundo que genera una conexión del público con la muestra mucho más profunda, y como en general estoy retratando a personas, muchas de las cuales son artistas de todo tipo -hay gente que escribe, que hace teatro, que hace música- me permite invitar a esas personas y que eso esté siempre en las muestras cambiando. Depende de la muestra, de la gente que está representada, yo genero una curaduría donde hay algo conceptual que jugamos en la inauguración y en el cierre.

– ¿Vos seleccionas las pinturas o son les retratades quienes proponen?

– No, esta muestra es un juego totalmente comunitario, colectivo. Yo le propongo a las personas que elijan un cuadro elles, que les represente, donde les gustaría que su cuerpa esté representada pero no se hallan, y es una elección totalmente personal. Yo me tiro a la pileta, también fue ese desafío: la idea no es copiar, pero sí estar al nivel y tomar del artista que eligen, la técnica, los materiales, las dimensiones, las proporciones. O sea, en eso ser fiel y hacer un nuevo cuadro con ese estilo, con esa técnica, donde esté la otra cuerpa. Hay toda una adaptación, hay una modificación y se genera una obra nueva. Yo tenía una idea previa, hay cosas que me gustan, cosas que no me gustan y la gente elije lo que quiere, a veces no tienen que ver con mi estilo para nada, no tienen que ver con mis gustos, pero yo me tengo que adaptar. Y está siendo muy interesante, pero porque -creo yo- que lo estoy logrando. Que puedo jugar con estilos distintos, creo que es una cosa que siempre tuve, nunca tuve un estilo súper definido.

El taller-escuela de Andrea Pasut se extiende por dos grandes habitaciones. Cuelgan pinturas y retratos de todas las paredes y hay colores e inscripciones también en el piso y las paredes, los flyers de sus muestras, consignas reivindicativas, el pañuelo verde y otro contra el maltrato animal, entre todas esas cosas que parecen florecer en espacios de creación artística. Del cuarto de al lado llegan los suaves martilleos de una de las aprendices de escultura, y en instantes llegará Luis y ocupará su sitio junto a nosotres para retomar sus dibujos en dos grandes lienzos. Andrea me señala un cuadro basado en El baño turco de Ingres, en el que retrató a su hermana “toma todo lo que yo veo en Ingres y lo transformo en otra cosa”. Identikit… se encuentra en proceso de crecimiento y no sólo en número de obras: “hay gente que está empezando a no elegir pintura, que es medio raro porque mi propuesta era al principio pictórica, porque la idea era contraponer contra la historia del arte académico. Hay gente que eligió fragmentos de película, fotogramas de una novela, mi hijo eligió una serie animada, entonces yo me tengo que adaptar a todo eso, como puedo, como va saliendo”. Y más allá de la pintura, el proyecto implica una (auto)reflexión en torno a la identidad: “otra parte que a mí me interesa en particular son las palabras que van surgiendo, que son autodefiniciones, autopercepciones. Cada persona elige esas palabras para definir su género, su orientación, su energía. Es muy poético lo que va saliendo. Mucho más de lo que yo preveía. Y a veces ese momento donde la persona le tengo que decir ‘bueno, ¿cómo te definís?’ es muy interesante, que eso también se registra en el audiovisual, porque se lo volvemos a preguntar”.

– ¿Siempre buscas transmitir un mensaje político con tu obra o es algo más propio de esta serie?

– Lo político es inevitable para mí. Esta no sólo es política sino que es militante, de una causa, de ciertas militancias, justamente, transfeministas, feministas, y demás. Siempre hice muestras performáticas, gracias a que tengo recursos con otros artistas, donde yo siempre quise que el hecho político del encuentro se dé, porque para mí ese es un hecho político, cada vez más importante en un momento en el que el encuentro parece tan fácil pero no es tan fácil, sobre todo con las artes, sobre todo con la pintura en este momento. Yo lo que veo mucho en otras propuestas, porque además de artista soy espectadora del arte, es como cierta lejanía del público, cierta lejanía de la propuesta a lo que le pasa a la persona, que tiene que ver también con cómo lo expones y dónde. Y eso es algo que vengo explorando, el cómo exponer la obra, para no entrar en circuitos que ya tienen una lógica que para mí es fría y distante y elitista.

– Ahí ya tenés un doble dialogo disruptivo: no sólo con la pintura canónica clásica sino con ciertos circuitos contemporáneos.

– La propuesta tiene la idea de que la muestra esté en todos los lugares posibles, desde los más relacionados con el mundo del arte, hasta los más populares. La idea es difundir también una problemática, unas historias, que entre más diversa y heterogéneamente se conozcan, mejor. Sí busco que en todos los ámbitos tenga la mayor calidad artística. Lo que veo a veces en propuestas más populares o más del colectivo es un descuido en la calidad en que se muestran las cosas, hasta me parece un prejuicio de clase. Una subestimación de clase.

Marite #Mujer #Pansexuala #Empática – Dialogo con El Baño Turco de Dominique Ingres.

– En Identikit… visibilizás cuerpas que no están presentes en el arte clásico. ¿En las producciones contemporáneas hay una mayor visibilidad de esas identidades, tanto representadas como representando?

– Hace poco di una conferencia organizado por Lara Bertolini en el Mocha que se llamó Conferencias Travestis, de teoría travesti, y me convocó para hablar de esto que me acabas de preguntar, de las personas trans en el arte. Eso me llevó a investigar sobre el asunto. Yo conocía a algunas artistas que trabajaban en el tema, pero creía que no había tanta información. Cuando me puse a investigar, encontré por lo menos veinte artistas o personas trans que tratan la temática, cosa que no se veía hace diez años. Sí, no están en los museos… A nivel mundial no es nada veinte artistas hablando de una temática: la representación de lo masculino y lo femenino binario tiene miles de años de representación. Está recién habiendo una aceptación de esas realidades y algunas representaciones, algunas búsquedas, por lo que vi se parecen más a lo que yo estaba haciendo [en Huellas de una identidad, su serie anterior] que es autorreferencial, se están contando historias en primera persona por primera vez en mucho tiempo en esta cultura, de personas disidentes, de todos los tipos. Inclusive lo estoy notando en series, en cosas más contemporáneas de representación. Aparecen. Todavía hay pocas desde las propias personas disidentes, construidas desde ese lado. Que acá se juega con que yo soy disidente, la productora, y también las personas, o sea, tenemos un mismo lenguaje, o por lo menos ciertas coincidencias en las concepciones que no es para nada común.

– Si pudiésemos comparar la visibilización en el arte con la visibilización de las disidencias en la sociedad, ¿el arte acompaña o está más bien atrasado?

– El arte… es muy amplio. Creo que les artistas o el arte muchas veces capta en el aire lo que está pasando, más ahora que la producción artística es muy personal, donde cada artista se sostiene a sí misme: o te copta el mercado o sos vos porque tenés fuerza, porque para hacer cualquier arte hay que tener resistencia. Les artistas, siempre, más o menos, en distintas épocas, son resistentes. Y generalmente, estás conectado con la élite, o conectado con la disidencia. Muchas veces lo que en un momento es subterráneo, en el mundo del arte, se transforma en canon. Les dadadístas o les surrealistas en un momento fueron de vanguardia intelectual y políticamente revolucionarios. Después vos ves cómo algunos de ellos terminan siendo parte de Hollywood y otros terminan desapareciendo o terminan quedando en esa brecha donde el arte no entra en el canon o en los museos pero sigue aportando a otras cosas. Goya era un tipo que pintaba para el Rey pero tiene toda una producción que es, por ejemplo, el primer registro de masacres o genocidios en la historia del arte, están esas cosas. Los artistas tienen, no todos, pero muchos, eso. Yo soy de esas (ríe), yo soy esa rama, yo siento que estoy queriendo registrar como hizo Goya. En ese momento Goya registra en Los desastres de la guerra, por ejemplo, los desastres de la invasión napoleónica. Bueno, yo no estoy registrando una guerra, estoy registrando un mundo que yo vi surgir de la invisibilización total, porque soy parte. Yo vengo en ese mundo y conociendo a esas personas desde muy chica, cuando salir a la calle era un riesgo total de vida, legalmente hablando. Ahora, esas historias, no sólo están creciendo sino que se están viendo más y nos estamos viendo más adentro del colectivo, porque también al haber tantos cambios tan rápidos el colectivo se empodera y también nos vemos las caras, porque antes los sectores, por ejemplo, las personas trans no nos conocíamos o te conocías en la ruta si estabas en ese ambiente. La hermandad era muy chiquita, era de resistencia. Yo quiero celebrar de alguna manera eso: ¡eh, tenemos nuestro propio museo!

Fuente: FB Andrea Pasut

El proyecto Identikit, la diversidad al desnudo, nació y creció en Andrea Pasut pero tres años después de aquel alumbramiento original, se tornó un proyecto colectivo: “siento que se me está yendo de las manos la autoría: la propuesta está creciendo con otras personas, y por otras personas, porque las otras personas lo hacen concreto, y me encanta en ese sentido”. La muestra seguirá girando por diferentes espacios, buscando también salir del “gueto” al que según Pasut muchas propuestas de las colectivas disidentes suelen limitarse: propone “no poner énfasis en la víctima, (…) no es sólo una persona trans, no es sólo una persona homosexual, no se queda en eso. El centro está en la belleza y en estos cuerpos que no tienen sus representaciones y también son bellos”.

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