Analía Couceyro: «Tadeys es una obra profundamente política»

Foto Xavier Martín

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

Actriz, directora y docente. De mirada serena y profunda. Analía Couceyro responde sin rodeos. Aunque sea dueña de una gran trayectoria en cine, teatro y televisión, la excusa para esta entrevista es su trabajo en la dirección, junto a Albertina Carri, de Tadeys, una versión teatral del texto de Osvaldo Lamborghini. Una obra que es, además, un acontecimiento. Las entradas salen a la venta cada quince días y se agotan en tan sólo unos minutos. Cada función se hace con el cartel de sala llena.

El elenco lo encabeza Diego Capusotto en el papel del Dr. “la araña” Ky, sin duda, el gran atractivo y responsable de la popularidad de la pieza. En escena también están Canela Escala Usategui, Javier Lorenzo, Iván Moschner, Felipe Saade, Florencia Sgandurra y Bianca Vilouta Rando. Corriendo la voz tuvo la oportunidad de conversar con Couceyro y profundizar en las motivaciones y la puesta en marcha de un proyecto con tanta repercusión en la escena local.

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¿Por qué elegiste este texto?, ¿qué viste en Tadeys que podía llevarse al teatro?

ANALÍA COUCEYRO: Lo leí hace muchísimos años. Yo empecé a leer a Lamborghini a los dieciocho años y en ese momento empecé con Tadeys. Nunca lo terminé, siempre me pareció un material muy difícil y, sin embargo, siempre tuve la idea de que se podía hacer una obra de teatro con eso. Creo que, en general, cuando a mí me gusta mucho algo de literatura pienso que se puede hacer una obra de teatro con eso aunque me parezca imposible, aunque sea un material, justamente, muy literario.

Claro…

AC: Es algo que me gusta mucho, trabajar sobre literatura. Y me parece que dentro de Tadeys, la llave para lo más teatral estaba en toda la parte del “buque amujeramiento”, que es sólo un fragmento de la novela, pero me parecía muy poderoso como imaginario para que fuera el espacio donde transcurriera una obra de teatro.

Foto / TNC

¿Qué te llevó a decidir que Albertina Carri era la mejor compañera para llevar adelante este trabajo?

AC: Con Albertina hace muchos años que trabajamos juntas, más de veinte. Yo actué en prácticamente todas sus películas, ellas hizo los audiovisuales de otra obra mía hace tiempo. Yo escribí los diálogos de su última película. Digamos que venimos trabajando desde diferentes roles juntas y somos muy amigas.

Además el dispositivo audiovisual es importante en la escena…

AC: Sí, y desde un principio pensé que había algo en Tadeys que estaba bueno para que todo el ámbito audiovisual fuera muy poderoso y no apareciera como algo decorativo, a último momento, sino que fuera parte del proceso. Entonces, trabajar con Albertina, como nosotras nos conocemos mucho y trabajamos con mucha fluidez juntas me pareció que era la persona ideal. Claramente tenemos algo de confianza que nos permite meternos en un barco tan complejo, confiar y poder perdernos juntas. Era un material que por su complejidad tuvo momentos difíciles de atacar, de alguna manera, y trabajamos a la par. Me parece que trabajar de a dos fue una experiencia súper gratificante en eso.

Foto / TNC

¿Cómo fue la elección del elenco y, especialmente, la convocatoria de Diego Capusotto?

AC: La verdad es que siempre pensamos en Capusotto. Tuvimos dudas en algún momento, no por él, que nos parece un actor extraordinario sino que, las dudas tuvieron que ver por lo que se generaría con el público. Pero, justamente, algo que nos parece que está buenísimo, es que el público tiene mucha empatía con él a priori, entonces hay algo que es muy atractivo.

¡Claro!, de entrada vas a quererlo, es el Capusotto de la tele…

AC: ¡Eso!, Lo que veo en el público es que arranca con mucha simpatía por Diego y el personaje va mostrando su crueldad a medida que pasa la obra y la gente se sigue riendo pero desde un lugar más incómodo y esa empatía que sienten por el actor que todos quieren se va transformando en algo de mayor incomodidad.

¿Habían trabajado juntos antes?

AC: No habíamos trabajado nunca juntos. Yo hacía muchos años que tenía ganas de trabajar con él, se lo había propuesto hace un tiempo y él no podía por la tele. Realmente es un actor extraordinario, más allá de lo que uno ya está acostumbrado a ver de él que tiene que ver con el juego y con un brillo y un desparpajo que son extraordinarios, además es un actor de un nivel de sutileza, de entrega y concentración enorme. Es muy atractiva la dupla que hacen con Javier Lorenzo, que es como mi hermano. Desde hace veinticinco años o más que nos conocemos y somos muy amigos y trabajamos juntos muchas veces. Javier es un actor maravilloso y la dupla que hicieron con Diego desde el primer ensayo, el día de la primer lectura ya hubo una química entre ellos, fue increíble.

Qué maravilla cuando pasa eso, además, apenas podés preverlo, sucede o no.

AC: …los dos tienen un sentido del humor muy fuerte y realmente me parece que funcionan como un dúo gracioso, maquiavélico, fantástico. Con Iván Moschner yo había trabajado como actriz, me parece un actor excelente y desde un principio pensamos con Albertina en él para el personaje de La Exhuberante. Aunque dudamos en un principio si tenía que ser una actriz, una actriz cis, una actriz trans o un actor y nos pareció que Iván iba a hacer una gran mujer y lo fue. Con Florencia Sgandurra yo trabajé en Constanza Muere y nos pareció que ella tiene algo súper poderoso en su imagen, más allá de que es una música excelente y nosotras queríamos que la música fuera en vivo. Ella, después de Constanza, tuvo la experiencia de actuar en vivo, de sostener escénicamente su música. Y después tengo especial cariño por las dos actrices y el actor joven porque los tres fueron mis alumnos en la UNA de diferentes camadas. Son muy jovencitos, tienen 21-22 años y me parece que el trabajo que hacen es extraordinario. Los llamamos porque dan perfiles muy particulares físicamente, los tres, y porque sabía que tenían una potencia enorme. Es muy hermoso verlos trabajar porque lo hacen a la par de sus compañeros más reconocidos.

Foto / Archivo Ensayo TNC

Volviendo un poco al texto, ¿qué tiene el texto de Lamborghini que dialogue con nuestra contemporaneidad?

AC: El texto de Lamborghini tiene una contemporaneidad apabullante, parece escrito hoy o mañana. Todo el tema del género, de la construcción de los géneros que en el caso de Lamborghini son los géneros literarios, pero también los sexuales. ¿Qué es lo femenino, qué es lo masculino?, ¿cómo se construyen esas identidades?, más todo el tema político de la sodomización de las masas. Las masas que eligen ser sodomizadas por el poder. Hay algo muy actual. El lugar de lo femenino como un lugar donde el poder cree que es un lugar de sometimiento. Creo que sí, que es muy muy contemporáneo el texto en su contenido. Y en su forma es absolutamente vanguardista porque fue escrito hace casi treinta y cinco años y dialoga con el hoy de una manera pavorosa. Te diría que nosotras teníamos la idea de hacer Tadeys de hace un par de años ya y cada momento que pasa es más actual lo que cuenta y cómo lo cuenta.

Increíble…, ahora estaba pensando en eso que organiza la historia, que es la feminización como castigo. En este sentido, ¿la feminización de las personas es la condición de subalternidad y subordinación para legitimar la violencia?

AC: Creo que la feminización ocupa un lugar de eso, de los lugares de minusvalía. Sí… es el lugar de los oprimidos, que no somos solamente las mujeres. Creo que dentro de la opresión las mujeres tenemos más nivel de opresión siempre, pero también tiene que ver con las clases, la edad. Justo estos días se está tratando nuevamente un proyecto de baja de edad de imputabilidad, lo cual me parece terrorífico. Yo tuve la oportunidad de dar clases a niñas y niños presos y fue una experiencia muy reveladora. Es algo que hablé con los actores y las actrices. El lugar de los adolescentes de muy bajos recursos me parece que es justamente un lugar de debilidad absoluta. Y la cantidad de gente que está siendo expulsada del sistema económico en este momento que se ve cotidianamente en la calle. Las familias que están durmiendo en la calle. Niños y niñas que ves pidiendo. Familias enteras con un grado de deterioro físico e intelectual enorme y me parece que hay algo de lo que acá está encarnado como la feminización que, en realidad, es gente que ya está muy degradada y que en el caso de la obra el maquiavélico cerebro del Dr. Ky lo que hace es feminizarlos como si fuera el colmo. Lo que les faltaba para estar en un grado de sometimiento mayor es ser feminizados, ¿no?

Entiendo, sí. Y sobre esto que decís, ¿qué facetas de ese disciplinamiento -feminización- de la insurrección te llaman la atención en nuestro presente?, ¿es posible hacer una lectura, incluso, feminista, de Tadeys?

AC: Ya un par de personas, de periodistas, me hablaron del tema del feminismo en Tadeys. Yo creo que Lamborghini no era definitivamente feminista, por lo que se sabe, por su biografía. Sin embargo, hay algo en esto que te digo de su carácter de vanguardia que se relaciona muchísimo con esto y yo creo que también lo feminista es la mirada que tenemos quienes hacemos la obra ahora sobre ese material.

Sin duda…

AC: …además, hay algo muy poderoso de lo que está surgiendo como plano de pensamiento con respecto al feminismo, al lugar de la mujer, al sometimiento, a la insurrección con respecto a los mandatos de cómo debe ser un hombre y cómo debe ser una mujer que el texto lo dice. Y dice cosas como que el pueblo no sabe que se puede cambiar de sexo. ¿Qué es un hombre, qué es una mujer?, preguntas con respecto a esos lugares y me parece que ahí hay algo dónde puse el ojo. Entonces, la obra teatral tiene que ver con nuestra mirada que es feminista, por nuestra ideología y nuestra realidad, y me parece que hay algo en el público que ya está mucho más despierto con respecto a estos temas. Eso hace que la lectura feminista de la obra surja naturalmente en la gran mayoría de espectadores y espectadoras y me parece que es extraordinario y que tiene que ver no sólo con la obra sino con el contexto en el cual la obra está.

Foto / Archivo Ensayo TNC

Y en ese sentido, aunque toda obra es política, me gustaría preguntarte más allá del cliché o el lugar común sobe lo político en Tadeys. Sobre su posible deseo, o forma de afectar al público, en su dimensión más transformadora de subjetividades, miradas, sentires…

AC: ¡Sí! Creo que Tadeys es una obra profundamente política, ¡profundamente política! Hay un material muy interesante que escribió Graciela Montalvo sobre Tadeys, y que un fragmento muy chiquitito está en el programa de mano, que es una lectura súper política. De la obra, de las masas, de cómo funcionan las masas. Y ahí me parece que dialoga, incluso con eso que te decía antes sobre la elección de Capusotto. Es que hay algo masivo en su figura que también es político. Más allá de que él siempre tiene una lectura muy política, hay algo en Capusotto, hay algo político en Lamborghini y, obviamente, en la obra. Esto de la observación crítica de las máquinas de poder, Iglesia, Estado, de cómo esas máquinas de poder, desde lo político y desde lo sexual, tapan y fabrican seres unívocos.

¿Cómo lograron hacer una obra que no tire del panfleto, que no sea didáctica ni políticamente correcta?, ¿cómo evitar bajar línea, de forma dogmática si se quiere, en una obra que toca temas tan sensibles en la actualidad?

AC: Yo creo que Lamborghini y el elenco son los que ayudan absolutamente a que la obra no se vuelva didáctica ni panfletaria. Creo que también Albertina y yo no tenemos una tendencia a bajar línea, digamos. Pero hay algo de la literatura de Lamborghini, de la forma del lenguaje, que es muy barroco, es muy particular, muy musical. Y me parece que la forma cobra una importancia tan grande que hace que el sentido, lo ideológico que se filtra en la obra, esté tan teñido por esa musicalidad y esa forma del habla tan poética, que me parece que eso de alguna manera entra como un mensaje subliminal si se quiere. Por otro lado, creo que los cuerpos de los actores y actrices de la obra, de los siete, narran algo del poder, de la violencia, de los lugares de dominación, de sometimiento, de violencia del poder, que hace que se pueda leer la violencia de la obra sin necesidad de explicarla. Porque estos actores y actrices maravillosos lo que hacen es ponerse en el cuerpo esto que está en juego todo el tiempo sin necesidad de explicarlo, o sea, transformar en carne propia un texto que, de por sí, es muy complejo y muy plagado de forma.

Foto / TNC

Un texto hecho cuerpo, que asume también posiciones, ¿no?, ¿es decir, la obra tiene una posición tomada acerca de las diferentes formas de violencia?

AC: Yo creo que la obra se posiciona frente a las violencias porque las expone. Con sutileza, con poesía, pero me parece que hay algo donde eso está muy presente, en general el público dice eso. Sale con una sensación de angustia, de acumulación y, creo que la violencia que estamos viviendo hoy en día es enorme. La violencia económica y política es muy fuerte. Y eso me parece que es muy evidente y la obra se posiciona frente a eso. “¿El Estado es hombre o mujer?”, la respuesta sin ambigüedad es: “hambre para todos”, dice uno de los textos. Sí, creo que es clara la posición con respecto a la violencia y creo que el teatro siempre, de alguna manera, denuncia. El teatro se nutre de todo lo que está viviendo y creo que, de alguna manera, hay un lugar de lo teatral que es poder transformar poéticamente algo de la cotidianeidad que está muy arrasada y deprimida. Y eso es lo más atractivo

¿Cómo vivís vos este momento después de aquel otro de 2018 cuando la agencia francesa dueña de los derechos de la obra Esperando a Godot hizo valer la cláusula de exclusión de las mujeres en escena y supuso quedarte afuera del proyecto?, ¿cómo atraviesa esa experiencia este presente?

AC: Mirá, con respecto a la experiencia de Esperando a Godot, para mí, la obra dialoga absolutamente con eso que sucedió. Nosotras teníamos el proyecto de hacer Tadeys desde mucho, antes del problema de Godot… De hecho, cuando estábamos ensayando para Esperando a Godot yo ya estaba trabajando en Tadeys. En el texto. Fue una experiencia muy dolorosa y, a la vez, muy transformadora, de crecimiento y aprendizaje todo lo que pasó. También de plantarme en lo que creo y sin proponérselo de ante mano la obra habla de eso también.

Fuente / IG AC

¿En qué sentido?

AC: Para mí fue muy evidente cuando nosotras filmamos la parte audiovisual de Tadeys yo iba a interpretar un personaje masculino que refiere a Osvaldo Lamborghini. No es la primera vez, yo hago personajes masculinos desde que tengo dieciocho años. Actué personajes masculinos siempre, no es algo que para mí sea novedoso ni revolucionario. Para mí estaba totalmente naturalizado, por eso me pareció tan increíble el hecho de no poder hacer Esperando a Godot por mi condición de mujer, entre millones de comillas. De nuevo la pregunta de Lamborghini sobre qué es un hombre, qué es una mujer. Eso lo veo mucho desde lo personal, me parece que la obra dialoga mucho con eso que pasó con Esperando a Godot en el sentido de la construcción de lo femenino y lo masculino pero también en lo personal hay una sola frase de toda la obra que no es de Lamborghini y es una frase de Godot que yo digo en la parte filmada “ahora son las siete de la tarde, es preciso esperar”, esa sola frase. Y yo veo en mi actuación en ese momento en la película un plus de emoción de estar diciendo ese texto vestida de hombre, o travestida, en mi propia obra.

¿Llega esta obra en el mejor momento del teatro porteño?, ¿es parte de los temas e intereses de la escena local?

AC: No sé muy bien qué contestarte, tengo la sensación de que hace muchos años que se viene diciendo que es el mejor momento del teatro porteño. Creo que el teatro tiene algo donde siempre están pasando cosas y en los momentos de crisis el teatro es un lugar de pensamiento y un bunker de resistencia de alguna manera. En ese sentido creo que sí es un buen momento del teatro pero creo que lo viene siendo hace bastante ya.


FICHA

Con: Diego Capusotto, Canela Escala Usategui, Javier Lorenzo, Iván Moschner, Felipe Saade, Florencia Sgandurra, Bianca Vilouta Rando

Actuación en video: Diego Capusotto, Analía Couceyro, Canela Escala Usategui, Javier Lorenzo, Felipe Saade, Bianca Vilouta Rando

Producción: Francisco Patelli, Ana Riveros
Asistencia de dirección: Juan Doumecq

Colaboración artística: Lisandro Outeda
Música original: Florencia Sgandurra
Iluminación: Sol Lopatin
Vestuario: Mónica Toschi
Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez, Mariana Tirantte

Dirección: Analía Couceyro y Albertina Carri

Funciones en el Teatro Nacional Cervantes

Foto de portada Xavier Martín / Fuente Almagro Revista

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