Aliados Feministos

Isaias Creig

Isaias Creig

Politólogo. Escritor. Arquero. Amante del helado de vainilla y el mate. Publico en WordPress a traves del colectivo letrasypoesia.com y de eldiariodesentencio.wordpress.com
Isaias Creig

Latest posts by Isaias Creig (see all)

¿Cómo nos atraviesa el feminismo a los hombres? Es una pregunta que ya se ha hecho. Pero es necesario convertirla en prácticas ejemplificadas con hechos cotidianos.

Ambiente laboral. Dos compañeros, uno le cuenta un chiste al otro – un nene le pregunta al padre ¿papá, donde está el inflador de la pelota? Y el padre responde: en la cocina hijo tenes el mejor inflador de bolas del mundo –carcajadas del propio cuentista.

En un bar cuatro amigos hablan y se preguntan sobre la experiencia swinger. Uno de ellos dice – yo no la dejo – y otro le dice – pero vos no sos el dueño—a lo que el amigo responde con tono acusador – ¿Qué, sos feminista ahora?

Boliche. Un amigo le dice al otro – me acompañás a hablarle a aquella que está con la amiga – el otro responde – no tengo ganas—a lo que su amigo termina con un – ¿Qué, sos gay ahora?—

Grupo de Whatsapp. Uno comenta qué la noche anterior no pudo tener sexo. A lo que otro responde – mirá que chapa que no es bien clavada se vuela, eh—

Estas situaciones son las que ejemplifican micromachismos hacia dentro del grupo de los hombres. Entonces cuando uno de nosotros adopta la mirada del feminismo comienza a sentirse fuera de lugar dentro de sus diferentes contextos, aparece la incomodidad.

A partir de este punto decido escribir en primera persona, porque soy hombre y porque la incomodidad la siento desde hace tiempo. No solo por los anteojos que me ha dado el feminismo sino por diferentes situaciones vividas a través de mis treinta y dos años. Remarco mi edad que está muy alejada de las nuevas generaciones en dónde los cambios son mucho más palpables.

Desde el momento en que nacemos somos incluidos en una especie de corporación y así es como iniciamos nuestra carrera varonil superando diferentes pruebas que son las que nos darán puntajes para estar entre los mejores socios. Rita Segato en su libro “Contra – pedagogías de la crueldad” sostiene que uno de los dos trazos idiosincráticos más importantes del grupo de asociados que constituye una corporación es: la fidelidad a la corporación y al resto de sus miembros. Esa lealtad cancela cualquier otro valor que se alce por sobre ella. Como dice el dicho “entre bomberos no nos pisamos la manguera”. A su vez la corporación es internamente jerárquica. A partir de esto el hombre al nacer ya se encuentra dentro de una especie de grupo vip al que siempre defenderá por sobre todas las cosas.

Entre las pruebas de iniciación puedo citar algunos ejemplos:

Tener relaciones sexuales lo más temprano posible. A los quince yo mentí, dije que había tenido solo para pertenecer. Porque tenía entendido, el grupo me lo había expresado así, que con quince ya casi que estabas pasado.

Saber pelear o plantarse delante de otro hombre. Marcar terreno. Salir con tu grupo y probar la propia jerarquía dentro del mismo. Si no peleabas o gritabas o puteabas, no eras lo suficientemente bueno para pertenecer. Y todos queremos pertenecer.

A medida que vas creciendo la cama se transforma en otro terreno de juego. Nadie o casi nadie se atreve a contar lo que considera como fallas (que no se te pare). O si las cuenta solo lo hace una o dos veces. En cada cama el hombre compite, compite de manera privada con otros hombres. Trofeos sexuales, de eso se trata: de cuantos trofeos conseguís para demostrar lo bien adaptado que estas al grupo del género masculino.

El mandato de masculinidad funciona como un potente disciplinador que expulsa a los “débiles”, los deja afuera del sector acomodado de la sociedad y luego los discrimina. Por eso los hombres cuando estamos en grupo sacamos a relucir todos nuestros diplomas de macho para probar cuan macho somos en comparación con otros machos. Es así como la amistad es utilizada por el machismo como un símbolo legitimador de nuestra relación corporativa. Es en este punto donde decido cuestionar eso de que “la amistad entre los hombres es mucho más autentica que la amistad entre las mujeres”; no es otra cosa que la imagen de una fortaleza en comunión que quiere dar el sistema machista. Unificándonos en un todo y dejándonos sin nuestra identidad propia y diversa. Funcionamos como un todo uniforme, iguales con los mismos patrones de conducta. Imitándonos, siguiendo a la manada. Sin el grupo nos sentimos expuestos y débiles. La amistad tiene el mismo significado para cualquier persona. No existe una amistad diferenciada por géneros. Es por esto que debemos repensarnos como hombres dentro de nuestros propios espacios, personas con pensamientos diversos, debilidades y anhelos diferentes.

Estamos en tiempos donde la perspectiva feminista en nuestro país nos está dando herramientas para cuestionar estos mandatos y fortaleza para liberarnos del mandato de masculinidad. Nuestro grupo es un grupo violento, excluyente, discriminador. Desmontar el mandato de masculinidad significa rebelarnos a la opresión a la que somos sometidos como hombres. Una opresión que replica su violencia hacia las mujeres, y toda aquella persona que no pertenezca a nuestro grupo. Desmontar el mandato de masculinidad, y sigo citando a Rita: “no es otra cosa que desmontar el mandato de dueñidad

Es fácil decir que estamos a favor del feminismo, lo difícil es cuestionar el propio grupo, la corporación, la cofradía a la que pertenecemos. Resignar el derecho de pertenencia es el miedo más grande que tenemos como hombres. Y es este miedo el que se expresa en su forma más violenta ante cada nueva conquista por parte del feminismo.

  • Pintame rayas nomás – le digo a mi compañera el día de la marcha por el Aborto Legal.

  • Relajá, Mono. Te vamos a hacer un corazón en la frente y un lunar en la punta de la nariz – me respondieron. Y de esta forma pude notar cómo, por reflejo, me estaba sometiendo a la mirada del macho. Porque un corazón es de minita. Entonces dejé que me pinten un corazón, un lunar y me pusieran brillos en el pelo; entonces fui libre. De esto debe tratarse el feminismo para nosotros.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email