#Cine ALANIS: el crudo retrato de una demanda fundamental

Florencia Martinez

Florencia Martinez

Redactora at Corriendo La Voz
23. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
Florencia Martinez

Con el foco puesto en la prostitución como trabajo y no desde una mirada de superioridad moral, nos encontramos frente a la que se constituye como una película elemental a la hora de tratar el contexto actual de ambigüedad legal y constante sacralización del cuerpo.

Cuando el trailer de Alanis se dio a conocer, destacó de inmediato una cuestión muy presente en la agenda pública y que pide a gritos un mayor nivel de atención: la legalización de la prostitución y su reivindicación como profesión. Es así que, de la mano de la directora Anahí Berneri y una impecable Sofía Gala en el papel protagónico, el film propone un acercamiento íntimo y realista hacia el interior de esta lucha al mostrarnos la vida de una prostituta que es arrojada a la calle y debe subsistir junto con su bebé.

La conquista de la película en el Festival de Cine de San Sebastián es un claro reflejo de la necesidad de hablar del tema, de generarle un mayor lugar desde cada aspecto de la realidad para lograr su visibilización. Todo esto en el marco de un merecido reconocimiento de la cinta, que ha recibido mayormente críticas positivas.

La película argentina, después de todo, fue galardonada con dos premios, la Concha de Plata a Mejor Actriz y Mejor Directora. Cabe destacar que Berneri es la primera directora de habla hispana y la segunda en la historia -antecedida por la cineasta china Xu Jinglei- en recibir tal reconocimiento, el cual les dedicó en medio de un emocionante discurso a todas las mujeres, “porque unidas lo podemos todo”.

En este sentido, nos queda preguntarnos cuáles fueron los ejes que hicieron de Alanis un ovacionado producto cultural, en tanto se la destaca no sólo a nivel nacional sino también en España desde uno de los eventos cinematográficos más respetados y antiguos del mundo. ¿Las reacciones se deben sólo a su cuidado perfil estético y sus maravillosas actuaciones? ¿O es éste en realidad un enfoque limitado, en tanto lo que realmente llama la atención es la temática tan actual que trata la película?

La vulnerabilidad al extremo

Alanis es una joven que vive con su hijo de un año y medio y una compañera de trabajo. El espacio que comparten es un departamento, que no significa únicamente su hogar sino además el lugar en el que reciben a sus clientes. Cuando dos inspectores municipales logran entrar a la casa en un trabajo de encubierto, se procede a la clausura del espacio y el arresto de su colega. Es en ese momento que, en lo que resulta el clímax de una situación de desamparo, la chica y su bebé terminan en la calle.

Pero el drama no acaba ahí sino que acaba de empezar en una trama tan llena de desencanto como de realidad. Sin tener otro lugar a donde ir, Alanis llega con su ropa de trabajo a lo de una tía, en un local de modas frente a Plaza Miserere. Es así como luchará por encontrar su lugar en este nuevo entorno, sin dejar de recorrer las calles para trabajar.

Y es aquí donde se encuentra el punto principal que hace de esta película una tan halagada por algunos y tan criticados por otros: su dosis de sinceridad en lo que respecta a su profesión. Porque ya no se trata de una puta que se ve obligada a trabajar como tal debido a su introducción en una red de trata o como madre soltera que no encuentra alternativa. Por el contrario, la protagonista construida por Berneri tiene algunas -pocas, pero existentes al fin- posibilidades fuera de la prostitución, pero elige dedicarse a tal labor.

En este sentido se plantea una trama que no busca victimizarla sino desarrollar una mirada sobre la intimidad del universo femenino al que pertenece Alanis desde su cotidianidad. La clave es permitir la elección (*), y es ésto justamente lo que busca hacer la película con carga de reflexión.

La situación actual en Argentina

Si bien el nuevo Código Penal presentó una serie de reformas que abrieron la posibilidad del debate en torno a la profesionalización de la prostitución, en la práctica la cuestión es tan ambigua como complicada. De hecho, y si bien existe una línea divisoria entre quienes desean difundir sus servicios sexuales por voluntad propia y aquellos que lucran con la actividad de terceros, lo cierto es que tal distinción no siempre resulta evidente.

Es por eso mismo que -como sucede en Alanis, ni más ni menos, cuando su compañera es llevada por la policía-, muchas veces se tergiversa la distinción entre trabajador/a sexual y explotador en favor de una manipulación intencional de tal vaga definición. De hecho, nuestra protagonista debe demostrar que trabaja con su compañera y no para ella, con el fin de liberarla de las acusaciones hacia su persona. 

Incriminación basada, sobre todo, en los avisos que están pegados en las paredes cerca del departamento y que anuncian el servicio de Alanis y Gisela. De ahí que los policías tuvieran sustento para marcar la “ilegalidad” del trabajo de las chicas. Y recordemos que una persona puede ser reprimida con prisión de cuatro a seis años a pesar de que los artículos 125 bis y 127 de la ley -que buscan combatir la trata de personas y eliminar la figura del proxeneta- no declaran punible a quien ejerce la prostitución por elección propia.

Pero si la prostitución es legal cuando se ejerce de forma voluntaria, ¿cómo se prohíbe a una persona vender sus servicios? Es en este contexto que la AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, que funciona como sindicato de trabajadoras sexuales), lucha desde 1994 -se incorporó en 1995 a la Central de Trabajadores Argentinos- y denuncia los casos de explotación y discriminación que se dan en tal profesión. Al manifestarse contra la corrupción institucional y los abusos que sufren los derechos de las prostitutas, demanda condiciones dignas para el desarrollo de su actividad y la auto-organización de su sector laboral.

Y es ésta la postura que retoma la película y logra sacar a relucir, para que no caiga en el olvido. En este marco, surgen ciertos aspectos que hacen que el film no desarrolle un relato superficial sino que cale más hondo y se meta de lleno en la temática que aborda al reflejarla no sólo desde el ángulo de una historia dramática sino también del marco en el que se ve inmersa.

La mirada íntima de Berneri

El papel de la directora fue, sin lugar a dudas, fundamental a la hora de presentar un mundo que sigue siendo hostil ante ciertas realidades y necesidades femeninas. Y es que el gran aporte de Anahí Berneri se basa en que ya ha trabajado con una trama cuya protagonista se ve inmersa en una especie de espiral que sólo parece ir hacia abajo -como sucedió en la película Por tu culpa, que vio la luz en 2010. Su mirada reflexiva se familiariza con la historia de Alanis, y ambas funcionan a la perfección juntas.

Su mirada es fresca, enfocada no solamente en temáticas sino también -y principalmente- en personas, y las mismas resultan sumamente reales. También es cierto que para lograr este resultado se mete de lleno en su trabajo, y es por eso mismo que dedicó mucho tiempo a leer sobre el tema y hablar con chicas que se dedican a la prostitución -desde gente del AMMAR hasta otros colectivos.

Es así cómo, a partir de los hechos ocurridos durante unos pocos días en la vida de Alanis, se las ingenia para contar una historia en la que cada involucrado pone el cuerpo de la forma más brillante posible y con un excelente uso del lenguaje cinematográfico.

Una maravillosa revelación

Otro inmenso punto a favor es evidente, pues es el que ocupa el mayor tiempo de exposición en la pantalla grande. Se trata ni más ni menos de Sofía Gala Castiglione en su papel protagónico, que no tiene miedo de mostrarse desnuda y llena de moretones en una ducha para luego mostrarse dándole la teta a su hijo, absolutamente agotada.

La intimidad lograda desde un primer momento no es sólo mérito de Berneri, sino también de esta joven actriz que logra imprimir en su presencia una gran carga de verdad. Lo que sucede con Alanis es que todos quieren sacarla de la prostitución desde una visión de la moral que ella no comparte, y Sofía Gala logra reflejarlo a la perfección a partir de un retrato tan humano como honesto, sin prejuicios.

El vínculo entre madre e hijo resulta fundamental a lo largo de la película. Podemos sentir la angustia del desalojo, la incertidumbre, la necesidad de cuidar a su pequeño bebé. Y claro que también debe destacarse en este aspecto la participación del pequeño Dante Della Paolera, el hijo de Castiglione tanto en la realidad como en la ficción. Sorprendentemente, y a pesar de su edad -pues tan sólo tiene un año y medio-, pareciera interactuar con su madre de la forma más acertada.

Y justamente es elemental ese logro desde que el aura de costumbrismo y oscuridad que cubre al film encuentra su rayo de luz en la inocente criatura.

Una estética acorde

Quizás una de las cuestiones más interesantes para destacar de la cinematografía de Alanis es la elección del encuadre. Desde el principio se muestra a una protagonista fragmentada, cuyo cuerpo no aparece por completo en la pantalla sino que resulta más bien dividido, componiendo un mensaje cargado de sentido. 

Y es que en una sociedad donde la prostitución no es aceptada pero otras labores sí, la vida de la protagonista representa una acentuada dualidad. A su vez, y ya sea cortándole parte de la cabeza o a través de planos sumamente cerrados -como el de una escena de sexo en un telo, donde la cámara no se aleja del primer plano al rostro de Sofía Gala-, se compone una situación de incomodidad y amargura que cala profundo.

Por otro lado, resulta atractiva la capacidad de Berneri de sacarle provecho tanto a los espacios reducidos como a los abiertos, de modo tal que logra cargar a cada plano y escenario de una carga semántica a la vez de una gran belleza estética. Con fotografía de Luis Sens, cuyo aporte también debemos resaltar, se genera una cuidada composición del cuadro y prácticamente se construye un universo capaz de autoabastecerse.

Sin recurrir a la música para acentuar los giros más dramáticos o los momentos de tensión, Berneri produce un ambiente más natural que escapa al artificio y se sostiene sobre recursos estilísticos muy bien utilizados y una impecable actuación de Sofía Gala. Las emociones, el drama, los sentimientos, encuentran la forma de transmitirse de la forma más sutil y evidente al mismo tiempo, penetrando en la mirada del espectador.

Con todo, Alanis se constituye no sólo como una película destacada sino como un hito social en sí. Con tan sólo una hora veintidós minutos, pone su enfoque en la falta de reconocimiento de la prostitución como profesión y la valiente lucha de una mujer que, lejos de encontrarse en un ámbito seguro y regulado, debe sobrevivir en uno marginal.

En definitiva, no sólo se trata de una producción que vale la pena por su carga de realidad y sentimiento, sino además -y todavía más importante- de un llamado a la lucha.

(*) Nota relacionada: Ninguna mujer nace para que le digan qué hacer“, por Gabriela Krause.

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