#Aborto Un Congreso verde: postales de la vigilia

Blas Martin

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

Ya había entrado la medianoche, doce horas después del inicio del debate en el recinto. En la entrada de un edificio en Avenida Callao, una adolescente hablaba con su madre: “Ella me convenció”, admitía la mayor, señalando a la más joven. Madre e hija están desde las cinco y media de la tarde y no dudan: seguirían “hasta el final. Las expectativas a esa hora no eran del todo optimistas y las expresiones se tensionaban al momento de apostar un resultado: Esperemos que sea ley. Está difícil. Todavía faltaba mucho.

La vigilia estaba anunciada desde hacía buen tiempo: en el momento que se anunció la fecha, por lo parteaguas del tema, por el tabú de debatir y legislar sobre derechos sexuales y reproductivos, por los intereses en juego y la presión de las calles. La movilización del 4 de junio había refrendado el acuerdo. “Nos vemos acá el trece”, había gritado Liliana Daunes desde un escenario recién templado con el clásico: “¡Venceremos!” de Nora Cortiñas. Una visionaria, Norita.

Las calles de Congreso entregaban imágenes de lo más variadas. Las inmediaciones del escenario instalado en Perón y Callao mirando hacia el río eran de tránsito lento. Multitudes sentadas, sabiéndose pacientes en la espera, aplicando economía de fuerzas para las rodillas y buscando el calor en los cuerpos amontonados, se recortaban entre corredores de equilibristas que buscaban avanzar hacia el otro lado de la avenida. Hacia atrás, el escenario; murgueros y murgueras hacían sonar bombos y platillos, dando patadas aborteras al aire entre gritos y sonrisas. Del otro lado, cruzando la marea verde hacia el este, la multitud se repartía en grupos más pequeños y más grandes, compartiendo el calor de un mate, un vino, una petaca o un fueguito. Llegando a Rodriguez Peña comenzaban a oírse unos tambores, mientras otros se templaban al calor de las llamas. Largas filas en kioscos y almacenes buscando abastecerse de alimentos o bebidas para aguantar una jornada que acumularía para algunos en veinticuatro horas corridas.

Quienes coparon la calle, indiscutiblemente, fueron las y los adolescentes. Con las pibas al frente, con las caras brillosas pintadas de verde, enlazadas de los brazos, abrazadas, amuchadas en las veredas, las calles, la plaza. Frente al Palacio Legislativo, las vallas que buscaban separar las dos convocatorias habían sido retiradas para que la enorme marea verde tenga un poco más de terreno para dispersarse. Un puñado de carpas se amontonaba hacia el centro de la plaza, a veces superpobladas de almas buscando un reparo del frío que cortaba la piel cuando no se encontraba al reparo de la masa.

Dentro del Congreso algunos dipusaurios votaban en contra del aborto comparando a las mujeres con perras parturientas o marsupiales, y esgrimían argumentos de esos que quedarán en el archivo de las posturas más conservadoras que resaltan cuando de lo que se trata es de cambiar la historia. Esos que se quedaron atrás, del otro lado, en el pasado. Los y las que no pueden ver que esa inmensa multitud de mujeres que estaban ahí afuera era la juventud, era ese futuro al que siempre mencionan en sus discursos pero que nunca pueden abrazar en su mirada del presente.

Afuera, la fiesta. Sonaba La Delio Valdez en el escenario y bailamos. Había que bailar. No sólo para que la sangre circule y subamos un poco la temperatura, sino porque podíamos. Porque a la par que seguíamos el minuto a minuto del poroteo de votos, ya sabíamos que había una victoria en ciernes. Esa calle pavimentada de verde y de adolescencia ya era una victoria en sí misma. A metros del Congreso una pantalla gigante transmitía las intervenciones de los y las diputadas: cada voto a favor era festejado como un gol. El mundial ya había empezado y la sede central estaba en Rivadavia y Callao. Más acá un grupo de chicas se sacaba una selfie con Ivonne Guzmán, voz de la Delio y ex-Bandana, que acababa de abandonar un escenario desde el que habían agitado también Las Taradas, Jimena Barón y Ciertas Petunias, entre muchas otras artistas y agrupaciones.

Quedarían todavía muchas horas de idas y vueltas, de fuegos que se consumían a medida que el sol iba subiendo y la claridad reaparecía por las avenidas. El minuto a minuto se vivía con pasión y sufrimiento, votos que subían y bajaban, fuentes con distintos conteos. Nervios y ansiedad. Abrazos y cuerpos que se habían rendido al sueño, cubiertos con frazadas o bolsas de dormir, en carpas o a la intemperie.

La mañana llegaría y el cielo despejado se pintaría de verde detrás del Congreso, ahí donde esa hija adolescente llevó a su madre, para que acompañe al movimiento y no se quede en casa mientras ellas, las hijas, escribían una nueva página en la historia, un paso gigante hacia la conquista de un nuevo derecho.

PH Nico Avelluto

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