A siete años: carta a Mariano Ferreyra

En una era en la que ya prescindimos de correos y matasellos, empezar una carta con el nombre del destinatario y dos puntos parece casi un absurdo.
Por eso no lo hago. Por eso y porque no la vas a leer. Si no estás. Si no me conocés.

Hoy es un día más en mi vida y te pienso un poco triste. Es un día menos en la tuya. Otro día menos para tu vieja, tus hermanos, alguna mina, tus amigos.
Mariano. Dos puntos.
Es otro día menos y podrías ser mi amigo. Siete veces trescientos sesenta y cinco, Mariano.
Me gusta el cine, como a vos. La misma música, el mismo humor. Compartimos un ideal de lucha.
Y no estás acá. Pero podrías ser mi amigo.

Si, ya sé. Yo era una pendeja de mierda cuando te fuiste. Tenía 16 años y estaba preocupada por evadir la seguridad del colegio para salir a fumar un puchito a la puerta en los recreos. Cuando te fuiste, estaba haciendo malabares para pasar de año, se me venía todo un año de incompetencia encima y miraba con un miedo injustificado la visión de diciembre y de marzo que se avecinaba. Pero ahora. Ahora…

Si vos estuvieras acá ahora, tal vez seríamos amigos. O no. Tal vez, sabría de tu lucha por otros. O vos sabrías de la misma. Fantaseo, Mariano, dos puntos, tal vez hasta leerías mis notas. O tendría un amigo como vos.
Pará. Tengo un par de amigos como vos. Yo soy como vos. No quiero que se vayan, ni irme.

Quisiera haber sido menos pendeja. Embanderarme con tu cara y salir a gritarles bien de frente asesinos a esos hijos de yuta. Quisiera haber estado con vos, en el frente de una lucha que hoy me identifica y que no murió ni morirá.

Imagino que si estuvieras acá, estarías como loco. Las historias se repiten. Hay cada vez menos trabajo, más precarización, más ajuste, más brecha entre los pobres y los ricos. Se vuelve a oprimir al que protesta, Mariano, dos puntos. Ser zurdo es casi una aberración.

Hace dos meses y medio nos falta Santiago Maldonado. Santiago es un pibe como vos, uno que hizo carne un dolor ajeno y convirtió ese dolor en lucha. Como vos, Santiago y su conciencia de clase cayeron en una manifestación que en realidad no era suya en términos estrictamente explícitos, pero que eligieron suya de la más legítima de las formas: saliendo a la calle. Como vos, a Santiago le cayó encima toda la fuerza de un Estado que no quiere ver al pueblo levantado. Como vos, Mariano, dos puntos, Santiago se fue a luchar por el mundo mejor en que creía y no volvió. Hoy, no sabemos qué le pasó. Si estuvieras acá, Mariano, sé que lo buscarías codo a codo con nosotros.

Me pregunto si estarías triste o envalentonado. Yo estoy las dos. Un poco y un poco, sabés. Pero cuando me invade la tristeza pienso en tu lucha y en la de Santiago y en la de tantos otros, y salgo a pelear, desde el lugar que encontré, el que voy generando, el que reinvento cada vez.
No fue en vano, Mariano. No te fuiste en vano. Vamos a hacer que valga la pena.

Una parte de mí murió con vos. Murió con vos mi indiferencia, mi apatía, mi afán de refugiarme en la comodidad. Con vos murieron todas las dudas respecto a dónde posicionarme. Hoy, siete años después, yo también soy un poco vos. A Néstor, la bala que te mató le rozó el corazón. Eso dijo. A mí me lo llenó de sangre bombeando, más que nunca. Le reinventó el ritmo de los latidos y los convirtió en bombos que suenan en medio de alguna manifestación. 

Mariano, dos puntos, no te olvidamos. No te olvidaremos jamás. He leído alguna vez que la revolución es una tarea arduamente difícil, y que vamos a necesitar un montón de Mariano Ferreyra para llevarla a cabo. No me acuerdo quién lo escribió, Mariano, perdoname, pero yo pienso que tenemos un montón de vos. En todos nosotros que todavía llevamos tu nombre en el pecho, no marcado a fuego, no tatuado: ardiendo. Mariano, dos puntos, estás acá, no te fuiste ni te soltaremos. La revolución, en los créditos de la historia, llevará tu nombre inmortal.

De una compañera que no te conoció. Que no conociste. Que no te va a conocer nunca.