A cuatro años: en Monte sigue faltando Camila

Foto: Nadia Bascopé
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El pasado jueves se cumplieron cuatro años de la desaparición de Camila Katerine Cinalli en San Miguel del Monte. Como en cada caso de jóvenes desaparecidas, es su madre, María José Herrera, quien encabeza la búsqueda y demanda respuestas al Estado. Conversamos con ella en su casa de Monte, buscando recuperar los sucesos y narrar su lucha. Por Nadia Bascopé y Blas Martín

Si en estos meses San Miguel del Monte emerge en alguna conversación o medio de comunicación, muy probablemente sea debido a la Masacre de Monte, donde las vidas de cuatro jóvenes fueron arrebatadas por el accionar de la policía bonaerense. La movilización de amigues y familiares de sus víctimas volvió a poner en escena otra herida del pueblo ubicado a 100km de la Capital: la desaparición de Camila Cinalli.

Camila tenía 15 años cuando salió de la casa su padre el 29 de agosto de 2015. Se reunió en una casa con una amiga y su novio. Salió de esa casa buscando a Rosa, otra de sus amigas. Ese último encuentro nunca se dio. A Camila se la ve en las cámaras de seguridad municipales caminando por el centro y en torno a la laguna de Monte. Son las últimas imágenes que se tienen de ella.

“Yo pienso que la captaron en una red de trata”, dice Majo, la mamá de Camila. Las investigaciones incluyeron allanamientos en prostíbulos en Mar del Plata y Tucumán, sin ninguna respuesta. Denuncia la existencia de un “pacto de silencio” que impide que sus amigas y otras personas involucradas declaren lo que saben, y señala algunos aspectos oscuros en la indagación oficial.

MJ: De la Av. San Martín, de donde salió de esa casa, ella se va caminando, eso lo toman todas las cámaras de la municipalidad, hasta la plaza.

¿La pudieron ver en las cámaras?

MJ: Sí, todo, todo. Dio la vuelta a la plaza, pasó por Quijote, la gente la vio. Después agarró por el lado de El Porvenir, y ahí también la agarran las cámaras. Ella iba por la laguna, y a esa hora en las cámaras la perdimos, dos horas se perdió de cámara, o lo borraron, no sabemos. Al tiempo pasamos a la policía, como una semana tardaron en tomar la denuncia. Fui a hacer la denuncia, y me dicen “no, todavía no, porque seguro se habrá ido sola”, me dijo el comisario.

Cualquier similitud con cientos de casos de desapariciones de mujeres es debida al carácter patriarcal y cómplice de las fuerzas de seguridad, y a la desidia estatal para torcer el destino de miles de jóvenes víctimas de situaciones similares.

Foto: Nadia Bascopé.

MJ: La empezamos a buscar y ahí no supimos más nada. Ella salió sin el documento, sin nada. Con la ropa puesta. Al tiempo vinieron los investigadores de La Plata, que son especializados en informática, y no sé cómo hicieron para sacar las cámaras del municipio y encontraron una cámara, que parece que la habían borrado. Pensaban que había desaparecido en el centro y no, después de nueve meses, ya tarde, no: hay una cámara que apareció que la toma acá en calle Alberdi, viniendo para acá. Estaba viniendo para acá, para la casa. Y atrás de ella pasan dos patrulleros, que eso es lo que nos llamó la atención a nosotros. Está la filmación allá en el juzgado federal.

Los tiempos de los juzgados para este tipo de casos, por demás invisibilizados en los medios de comunicación y en las agendas de las grandes urbes, son menos que lentos. “Tardó un año la causa, se encajonó un año, como dicen ellos, y pasó al juzgado federal”. La postura de María José es tan firme que vuelve cada tanto e insiste: “para mí siempre fue trata, para mí se la llevaron. En todo momento para mí se la llevaron, porque ¿cómo van a encubrir tantas cosas?”. En ese camino, una pista en Tucumán sirvió para encontrarse con Susana Trimarco, mamá de Marita Verón.

MJ: A Tucumán me llevaron porque había esta pista, y vamos. Me agarraron un día, la misma policía de Monte me llevó, no sabemos por qué. Porque justo nosotros empezábamos a hacer marcha, todo eso y a mí como que me desviaron de la investigación, como para que no hiciera más quilombo, viste, porque justo había estado en Basualdo y todo eso. Anduve por cámaras de televisión, denuncié por todos lados. Fui a ver a Burzaco, a Juan Carr, fui a un montón de lados. Fui al Ministerio de Justicia… Hasta que al final, bueno, pude dar que ellos me agarraran el caso en la federal. Igual la causa todavía no pasó por trata, está en averiguación por delito, y a la vez por trata la bajaron, porque no encontraban elementos.

¿Por qué crees que no declararon, porque no querían, porque tenían miedo?

MJ: Para mí porque tenían miedo, por no meterse… Después empezamos a hacer marchas, después investigaron, hicieron un montón de allanamientos. Sí, sí. Gracias a Camila rescataron a muchas chicas, porque hicieron allanamientos en prostíbulos, y sacaron muchas chicas, en La Plata también. En el transcurso del tiempo siguieron otras, se quisieron robar dos chicas más. A ella la buscaron siempre en prostíbulos, como que se la robaron. Yo digo siempre, que se la robaron a ella

¿Recibiste apoyo de intendencia, gobernación…?

MJ: No, muy poco, Siempre sola. Medio raro, porque estaba muy al lado mío la policía, como que me quería sacar, que no haga marcha, ¿no? Como que estaban encubriendo algo. Para mí todos ellos están metidos. El padre dice lo mismo. La policía, el gobierno que estaba, ¿por qué borraron las cámaras? El encargado de seguridad, nos mostraron las cámaras tarde, no fue todo rápido, ellos tuvieron tiempo de desarmar todo.

Foto: Nadia Bascopé

Como a los familiares de la Masacre de Monte, María José también fue víctima del hostigamiento policial, y con metodologías muy similares. “A nosotros nos amenazaron, nos pusieron seguridad acá, al padre, todo. Que no hiciéramos lío, que pasan los autos y te dicen cosas. Hasta me pusieron seguridad acá, como dos meses estuvieron ellos. Salíamos a trabajar, salíamos a todos lados y nos seguían. Incómodo, porque yo quería hacer cosas, viste, buscando a mi hija. Yo buscaba en todos lados”. El apoyo más importante lo recibió de parte de organizaciones sociales y oenegés:

MJ: “La que más me ayudó fue Missing Children, y después María de los Angeles, de Buenos Aires. Ellos me ayudaron, siempre estuvieron conmigo. Después, Madres víctimas de trata, ellas también vinieron acá, a la marcha, me acompañaron. Un montón de fundaciones vinieron. Me acompañaron en las marchas, me pusieron un abogado. Pero ahora está medio delicado y no tienen fondos, así que tengo que buscar otro abogado penalista, para que me ayude.

Cuando hablamos con los familiares de la Masacre de Monte, señalaban que el accionar violento de la policía siempre existió, ¿vos ves lo mismo?

MJ: Sí, sí, a todos los chicos le pegaban, los llevaban atrás de la laguna… Siempre hubo maltrato de la policía, acá en Monte son chicos sanos, ves las casas, todo humilde, y de buena educación. Están todos en la casa, somos una familia, todos nos conocemos. Tuvieron que morir cuatro pibes en manos de la policía para que la gente reaccionara. Pero la gente a pesar de eso no toma razón.

Foto: Nadia Bascopé

Los grandes medios de comunicación no colaboran con la búsqueda. Si bien su imagen tomó mayor visibilidad a partir de la Masacre, en movilizaciones y en la cobertura periodística de las primeras semanas, Camila está desaparecida también en la agenda mediática, como ocurre con la mayoría de las jóvenes víctimas de redes de trata y de violencia de género que provienen de los sectores populares. “Los canales esquivaban primero, pero como los padres hablaron de Camila también, ahí me vinieron a hacer notas”, cuenta Majo, haciendo referencia al efecto rebote que hubo a partir de la cobertura de la Masacre de Monte.

¿Cómo te sentís ahora que volvió a tomar un poco de visibilidad el caso de Camila?

MJ: Triste, y a la vez como que me revivió el alma porque volvió la búsqueda de mi hija, siento como más esperanza. Yo no me quiero meter con la desgracia ajena, pero si ellos me dan lugar, es porque también es una nena de monte, que no le pase lo mismo, digo yo, que no pase más. “Vamos, fuerza”, nos damos aliento entre nosotras.

La diferencia es que en ese caso se sabe quiénes son los responsables.

MJ: Claro. Yo estoy en la incertidumbre de no saber qué pasó con mi hija. Dónde está, cómo está, no sabemos qué pasó. Acá la buscaron con perros, para personas vivas, personas muertas, hicieron rastrillaje, nunca encontraron nada. Ni el celular. Nosotros decimos que ella no se fue porque no llevó nada encima, con la ropa puesta nomás. No tenemos familiares afuera, ni el padre ni yo, somos de acá de Monte.

Foto: Nadia Bascopé

La intendencia no se destacó tampoco por ponerse al frente de la búsqueda. Ni la gestión Basualdo ni la actual con Mayol, más que implicada en el encubrimiento de la Masacre, asumieron responsabilidades. “Nadie se hizo cargo. Me daba las combis para viajar a La Plata, pero ella podría haber ayudado más. Puede hablar con Ritondo, con Patricia,… ella es intendenta. Es más, no querían que se sepa este caso, yo tenía carteles grandísimos, de “Buscamos a Camila”, y me lo sacaron, dicen que era el sabalaje… Desaparecieron un día”.

María José, como muchas madres, seguirá su búsqueda y su lucha hasta el final, sea cual fuere. “Yo tengo la esperanza siempre de que está viva. Yo pienso que está viva y que me la llevaron, me la robaron, para un prostíbulo. Yo siempre pienso, miro para la puerta, algún día me va a venir a…  Bueno, hay que seguir, qué va a ser. Yo digo que me va a golpear la puerta… “. Majo quiebra, resiste el llanto para poder seguir narrando su historia. En el camino, logró tejer redes, encuentros, solidaridades con otras madres. “Me reuní con mamás también, de Ariel Frutos, desaparecido también, la mamá de María Cash, la de Johana Ramallo, a ella la encontraron muerta hace poquito, hacía dos años que había desaparecido. La encontré en el juzgado que tenía la misma causa. Como dice el juez, ojalá se haya ido, pero tanto tiempo, ya cuatro años y que no haya vuelto… Por ahí me da miedo, que la encontremos muerta, uno no sabe, pero bueno la esperanza, yo pienso en mi corazón, para mí está viva, para mí no se murió”.

Foto: Nadia Bascopé
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