A 9 años sin Luciano Arruga, Jornada en defensa de los DDHH

Gustavo Escobar

Gustavo Escobar

Redactor at Género
Licenciado en Comunicación Social | Docente | Comunicador Popular | Vegeta | Risas con Tío Grandpa.
Gustavo Escobar

El NO de un pibe que da catedra de Dignidad y Lucha.

Llegamos a la plaza, de a uno, de a una, en grupo. Nos saludamos, nos vemos las caras, nos encontramos  en abrazos que detienen el tiempo, y reconfortan, ese abrazo que trae el compañerismo. Esa risa que te devuelve la mirada de la otra persona por verte allí, y vos, al ver a esa persona en ese lugar. La vida cruza las nubes, disipa la lluvia mañanera y la feria crece, junto la parrilla, las banderas y las voces que marcan que, entre tanta muerte y oscuridad, la salida es la unidad, y por supuesto, la lucha.

Hace 9 años un pibe de 16 años osó decir NO y esa fue su sentencia de muerte. Literalmente funesta. Tan conurbana esa verdad. Tan popular esa sentencia. Tan villero ese dolor. Pero también, bien villera y de barrio esa dignidad, que creció y sobrepasó prejuicios y cercos mediáticos. Y la sonrisa de ese pibe con gorrita volteó paredes y barreras. Simbólicas y reales. Y Luciano nos increpa con su sonrisa, su gesto, su dignidad de pibe pobre que dijo NO sabiendo lo que le esperaba y podía pasar. Pero igual, dijo NO. Aún hoy nos sigue diciendo en remeras, banderas y stencils que ante todo debe primar la dignidad. La fuerza de convicciones. En tiempos de rapidez y mercantilismo de la vida, hace 9 años Luciano se la jugó diciendo que no a sus chacales, que, enfurecidos ante la impertinencia de un pibe de las barriadas, lo persiguieron,  lo torturaron, lo dejaron morir y lo enterraron como NN. Desde esa desidia, olvido y complicidad, Luciano salió y sigue creciendo día a día. Para ser la cara de las denuncias, injusticias, aprietes, negocios espurios hacia un Estado cómplice que se come las vidas de los que menos tienen.

A 9 años de ese NO de Luciano que despertó la rapiña policial y un ejercicio que es práctica cotidiana  en la fuerzas del llamado orden (detenciones arbitrarias, armado de causas, apremios ilegales, y hasta muerte y desaparición) la plaza del barrio ubicada en Perú y Pringles de Lomas del Mirador se llenó de vida y lucha. Seguir denunciando los casos (que no dejan de crecer), escuchar los testimonios (crudos que retuercen las entrañas), y las miradas hacia el cielo o hacia el suelo, llena de bronca. Pero desde esa bronca se construye la resistencia, la unidad y la lucha. Escuchar a Mónica, madre de Luciano, escuchar a Sergio Maldonado, a Nora Cortiñas, a la madre de Johana Ramallo, a los familiares de Rafael Nahuel. Ver esos rostros y no poder evitar preguntarse de dónde sale la fortaleza para seguir. Pero al mismo tiempo y en ese mismo momento, ver tantos y tantas jóvenes, niños y niñas, tantas familias, ver tanta vida, que allí mismo uno encuentra la respuesta. Ante tanto dolor, la respuesta es darle vida, y celebrarla. Lo hicieron las madres y las abuelas, lo hace Mónica y lo hacen todos y todas las y los familiares que en asamblea en la plaza, fueron contando su experiencia, su lucha y la reivindicación de seguir unidos y unidas para denunciar y resistir.

En un clima de época en la que se compran millones de balas de goma y la calidad de vida se sigue hundiendo más y más. En donde la duda se disipa con gases y represión, la unidad de todo el campo popular es más que vital y necesaria. En pleno conurbano, donde las desigualdades están tan a flor de piel, Mónica nos dice: “Creo que algo hicimos bien”.

En su breve intervención, afirmó la necesidad de dejar de lado el egoísmo y entender que si le pasa a uno, nos pasa a todos y todas.  “Esto es por todas las pibas que no están, por Rafael Nahuel, por Santiago, por vos. Por un NUNCA MÁS, pero un NUNCA MÁS en serio, un nunca más verdadero. Dejémonos de ser tan egoístas”, enfatizó la mamá de Luciano y agregó: “somos todos iguales, somos todos seres humanos y nos tocan a todos. Tiene que ser así, si nos tocan a uno, nos tocan a todos. Pero tiene que ser en serio.  Este es el comienzo.”

Y ese comienzo se inició hace 9 años cuando los medios miraban para otro lado, y el Estado hacía lo mismo que hace siempre cuando es un pibe de las capas bajas; estigmatizar. mientras gran parte de la población buscaba justificar el accionar coercitivo de las fuerzas; los  y las familiares y amigos y amigas de Luciano no dejaban de sumar voluntades. Y cada  fin de enero es una época que marca el calendario de la lucha y la dignidad frente a la desidia, la complicidad estatal y la represión policial. A Luciano lo secuestró la policía y lo desapareció el Estado.

Los y las sobrevientes

¿Cómo hablar con el hermano de un joven que el Estado persiguió hasta morir y que los medios (y buena parte de esa población que compra ese relato) dice tan simplonamente que se ahogó?;  ¿Qué preguntarle a la madre de una joven que está desaparecida en La Plata y que se sabe que la responsable es la policía? ¿Cómo te paras frente a una mujer que hace seis meses perdió a su hijo en un “confuso tiroteo” en donde el único herido, y muerto, es su hijo y los policías siguen como si nada con su vida? ¿Qué fuerza vital los y las hace seguir a estas personas, los y las sobrevivientes? El aplauso, los abrazos, el grito de “presentes”, el compartir su relato y su lucha, creo que es una respuesta a todas estas preguntas que se cruzan en la cabeza de quien intenta darle sentido de crónica a todo lo que observa.

No buscaron ese lugar, quizás nunca lo imaginaron. Nuca lo quisieron, pero tomaron con valentía y orgullo ese lugar que en el hacer las y los s marcó a fuego. Y con la bandera, remera o pancarta de su familiar afianzan la lucha y saben que son varios y varias las que las toman como referentes.  Como dijo Nacho Levy de la Garganta Poderosa: “toda esa fortaleza que tuvo Luciano  se traduce en cada discurso de Vanesa, que sigue siendo un curso de formación para todos los familiares, para todos los militantes, para todos los que hemos recorrido un proceso de dolor y de lucha. Contagia, levanta, fortalece”. Parece que esa fuerza de Luciano, esa fuerza de Vanesa no nació de ningún repollo, nació de los ovarios de una mujer que se llama Mónica, que acaba de poner el grito de Luciano otra vez bien alto y que sigue haciendo crecer un movimiento que es Familiares y amigos de Luciano Arruga, mucho más que antes un movimiento porque creo que los amigos de Luciano somos cada vez más, y porque esa voz sigue corriendo. Luciano sigue creciendo y eso está a la vista del todo mundo.

Unidad de lucha, y con fiesta

Todos los fin de enero se recuerda a Luciano y se denuncia el accionar del Estado hacia los sectores populares, barriadas y villas. Al diferente, al excluido, al que es dejado de lado, se lo persigue y, muchas veces, se lo aniquila. Y ante ese avasallamiento, la resistencia crece. Pero en ese crecer, celebra la vida. Por eso siempre hay bandas, murales, murgas, pinturas, y diferentes expresiones culturales que hacen ver lo bello de lo popular. Lo alegre de esta rebeldía de las y los de abajo. Y que a Luciano, y tantos pibes y pibas que aún hoy esperan justicia, se los tiene que recordar con fiesta, con música, con espacios abiertos que marquen que no los olvidamos, que seguimos reclamando justicia, y que ese reclamo es con una fuerte convicción de vida, de esperanza y de rebeldía popular. Por eso las bandas, por eso el ritual del patrullero prendido fuego, por eso el arder en la noche de los y las que resisten ante un Estado que lo único que ofrece para los pibes y pibas de estos sectores, es droga, exclusión, delincuencia y muerte. No, hay mucho más que sólo esas palabras huecas que se empeñan en endosar los grandes medios de desinformación y la política de turno con el brazo armado estatal. Hay dignidad y códigos. Como nos dijo Mónica: “Tenemos el código villero, tenemos dignidad. Tenemos esencia. Y Luciano tenía esencia, sabía lo que quería”.  Y ese saber lo que quería a Luciano le costó la vida. No pudieron tolerar esos uniformados adoctrinados en el orden y progreso (condimentado con delito  y corrupción) que ese pibe de 16 años, pobre y con visera, le diera una clase de dignidad humana que habían perdido hace rato.

Y en ese ritual, cuando la noche avanza en este sábado caluroso de Enero, la figura de Luciano y de tantos pibes y pibas se hace presente, como se hacen presentes las fauces de ese Estado que deglute personas, en esa maqueta incendiada. Y en el figurón político de turno también se condensa la complicidad estatal de décadas. Hoy es este presidente, y esta gobernadora y esta intendenta. Pero pasaron varios, en diferentes espacios de responsabilidad, y a Luciano, como sostiene Vanesa, (esa hermana que en palabras de Nacho Levy da cursos de formación cada vez que habla), lo encontraron gracias a la lucha y el compromiso.

Y ese compromiso da orgullo. Como dice Mónica: “(…)salir a la calle, a luchar, me llena de orgullo. Orgullo que esté Marta, orgullo que esté Sergio, sin su hermano, orgullo que esté Norita, orgullo de mi hija. Orgullo de familiares y amigos. Creo que algo hicimos bien”.

Cuando nos retiramos y seguimos pensando en Luciano, en Santiago, en Rafael, en Johanna, en tantos otras y otros, sentimos que en pequeños actos estas personas han marcado un camino. Han generado un movimiento, como lo fue en su momento histórico Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y tantos grupos de familiares que luchan por encontrar justicia. Sin medias tintas. Justicia y verdad. Y que los responsables se hagan cargo de los que les toque hacerse cargo. Un movimiento que crece y que sigue creciendo. Y la voz de Luciano sigue y está a la vista de todos y todas. Como lo sostiene Nacho Levy: “Luciano logró con su dignidad, quebrar un marco de silenciamiento histórico y poner ante los ojos de muchísima gente, que la policía es parte del problema y no parte de la solución y que muchísimos de esos pibes con gorrita que viven en nuestros barrios, tienen valores de los que muchísimos deberían aprender”. 

Compartimos las imágenes de lo que fue la jornada emotiva de lucha, memoria y reivindicación de los Derechos Humanos por Nicolas Avelluto. 

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