#8M Una mujer en tetas comiendo papas fritas

Gabriela Krause
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Gabriela Krause

Editora at Géneros
Periodista | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
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Ni en la oficina ni en la fábrica es un día como cualquier otro. En el libro de las faltas, resuenan como un eco los nombres de mujer.

Un cartel luminoso en la 9 de julio reza: “tránsito cortado. Evitar zona”.

Una mujer de más de sesenta años con el pañuelo verde de la campaña por el aborto legal le pregunta a una piba de menos de treinta qué dice su remera. La remera, recién comprada en la marcha, reza “ni macho, ni facho, ni Cacho”. Después de reírse a carcajadas, la mujer retruca: y yo no tengo ni Estado, ni Dios, ni marido.

En plena marcha, a un costado, cinco mujeres hacen percusión. Sonríen como si no hubiera mañana, como si el patriarcado ya hubiera dejado de existir.

Los tipos la vieron: vinieron a hacerse unos mangos extras. Venden flores. Pronto se enteran de que aquí no hay lugar.

En la columna de la izquierda que corresponde al Pan y Rosas, una niña se sienta sobre los hombros de una mujer. Toda la gente canta la consigna, que defiende a los trabajadores y a las mujeres, doblemente oprimidas. Ninguna canta con tantas ganas como la niña. Ella se sabe todas las letras de pé a pa.

Una mujer y su marido venden hamburguesas. El tipo se queja. Ella, risueña, le dice “ah, pero si la marcha es en contra de Macri, no te quejás”. Y se ríe, contenta.

Un grupo de chicas marcha. Están seguras. De a ratos, se frenan a mirar a las grandes. No pasan de los quince, y cuando se les pide que posen, lo hacen orgullosas, mostrando los pañuelos verdes y todo lo que se escribieron en los brazos. No terminaron el colegio. Ya están empoderadas y saben que no están solas.

Una niña se frena en la retaguardia de una columna. Lleva un cartel que la cubre por delante y por detrás. Dice que la revolución será feminista o no será.

Al costado, venden remeras. También dicen que la revolución será feminista. Pero agregan, menos mal, que también será villera, o nada.

Dentro del cochecito, duerme un bebé. En la parte de arriba, suerte de techo o protector para evitarle el sol al niño, un cartel: sin yuta, no hay trata.

Hay mujeres por todos lados. Algunas son conocidas. Todas son compañeras.

En algún punto de la marcha, todas encuentran a alguna amiga que jamás se movilizó, pero camina con la frente en alto.

En la 9 de julio, como siempre, hay congestión. En medio del quilombo, una panza de embarazada enorme se luce con la remera levantada. La piel está escrita con marcador o maquillaje. Afirma: mi cuerpo; mi elección.

Una mujer en tetas come papas fritas en la puerta de un kiosko, en pleno centro porteño.

Hay tetas libres por todos lados.

Hay un acto central en Congreso. No se puede llegar, pero cerca vende birra un señor que afirma que las vende tan frías como el corazón de Macri. Es carismático, parece, y tiene buenas intenciones.

Norita Cortiña llama a no educar machistas ni genocidas. Una plaza con más de medio millón de personas quiere adoptarla.

Un hombre se acerca de golpe, parece tener ganas de pelear. Pregunta, como al pasar, si puede desear un feliz día a las mujeres. Ante la negativa, pregunta cómo puede decir. “Feliz lucha”, se le responde. Y él dice que já, que entonces las locas de atrás tenían razón.

Después de marchar, un grupo de periodistas mujeres se toman un par de cervezas en un bar. Llegan otras, amigas o conocidas de una de ellas. Se debaten las formas como si hubiera una amistad de siglos. Se tejen redes como si hubiera, tacho, porque hay una urgencia palpable y real.

De madrugada, una piba de poco más de veinte años espera un colectivo para ir al sur del conurbano. Tiene una remera que dice Macri gato y un símbolo feminista pintado de verde en un brazo.

En la parada, un cartel reza: cuidado, usted está entrando en territorio feminista.

En otras partes del país y del mundo entero, se lleva adelante una lucha similar. Los reclamos se transforman, pero hay una constante: el reclamo por el derecho a la libertad de ser.

¿Qué es el feminismo?

El feminismo es abrazar a tu compañera, filmar un vídeo en plena marcha explicando qué es la sororidad, preguntarle a las demás qué piensan para deconstruír, para construir y para destruir, todo junto. El feminismo es abogar por la igualdad, por la libertad, es defender la identidad. El feminismo es aquello que nos salva cuando nos encontramos a nosotras mismas en el papel de víctimas, porque en ese lugar nos puso la sociedad, y sabemos que no queremos serlo, sabemos que no queremos actuar como esperan, sabemos que no queremos caridad. El feminismo es encontrarse en las diferencias, en las similitudes, en las diferencias. El feminismo es entender que si todo es una construcción social, nosotras también, y descubrirse mujer esta vez eligiendo serlo. El feminismo es una mujer comiendo papas fritas desde un paquete crujiente, en la puerta de un kiosko de pleno centro porteño, mientras pasa un tipo de traje arengando a su mujer, para que se apure porque llegan tarde a no sé dónde.

Compartimos algunas imágenes de la jornada de lucha por Belen Gonzalez 

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